opinión


El Nuevo Herald / ND

Independencia y desesperación

7 Julio, 2013

“¿Trescientos años de calma, no bastan?” Simón Bolívar, Caracas 5 de julio de 1.811

Con motivo de cumplirse 202 años de la independencia de Venezuela es propicio recordar una vez más el fecundo pensamiento y obra del padre de la patria: mientras 40 diputados de las provincias reunidos en la capilla de Santa Rosa de Lima en tal fecha para discutir y finalmente firmar la declaración de independencia de la Corona española, en la Sociedad Patriótica el joven mantuano Bolívar y Blanco, ante las dudas de algunos presentes sobre el vital paso político, les formulaba la anteriormente indicada interrogante. El apasionado y decidido residente de San Jacinto en la Caracas colonial tendría que esperar, producto de las vicisitudes, diez años para sellar la emancipación de la hasta ese momento Capitanía General de Venezuela. También casi medio lustro sería la espera, espera y más espera para ver rendidas ante los latinoamericanos el arsenal de la corona en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Este llamado en interrogante del heredero Bolívar es la suprema convicción de la evolución en justicia y paz. Al incipiente libertador no lo abrigaba la violencia y menos ver su ejecutoria en manos de los desadaptados.

opinan los foristas

La lucha por vigorizar la democracia plena contra quienes se escudan tras esta para mancillarla luego, toma en Venezuela el camino de la resistencia pacífica.
Tuvimos la oportunidad irrepetible de tomar las calles para reivindicar el triunfo de Henrique Capriles Radonski en las elecciones presidenciales del 14 de abril, cuando el candidato desconocido por el CNE expresó estaría presente en el poder electoral para reclamar el reconocimiento de su victoria.

Era ese el momento esperado por todos de apartar definitivamente al usurpador enquistado en los niveles de comando para desgracia de Venezuela. Por igual deslastrar a quien quebranta las instituciones seleccionadas libremente en América Latina y crea zozobra en las naciones libres del mundo.

Gobiernos amigos, indiferentes o adversos al comunismo no se atreverían a criticar, en el peor de los casos, la convocatoria a unas nuevas elecciones presidenciales. El aspirado peregrinar hasta las oficinas del CNE no se llevó a cabo el 15 del mes cuarto del año por la unilateral decisión de Capriles Radonski.

El burgomaestre venezolano actúa como un civilista formado al igual que los hombres de armas en democracia con pleno respeto por la vida. Contrario el capitalino a ponerla en riesgo y sustentando en valores familiares, seguida capacitación escolar como académica, luego universitaria, su actuación pública está signada por el desarrollo del individuo y presente viva participación comunitaria.

Desde hace catorce años hasta nuestros días, mientras unos enarbolan los derechos constitucionales y en consecuencia actúan bajo esta premisa, otros acobijados en elecciones intentan deponer la democracia como sistema de conducción y gobierno para instaurar un régimen autoritario, en connivencia con otros magistrados.

Todo este accionar está sustentado en los colectivos y milicias formadas en la isla de Cuba cual mercenarios sin valores ni banderas. Su fin es el sometimiento o muerte de quien les adverse.

El 11 de abril del 2002 los venezolanos ejercieron lo consagrado en la Constitución nacional, artículo 350, y exigieron la renuncia del mandatario venezolano Hugo Chávez cuando un escuadrón de francotiradores de cubanos comunistas y venezolanos ubicados estratégicamente en edificios oficiales y públicas calzadas diezmaron la desarmada protesta conforme reflejaron gráficamente los medios de comunicación social.

Solo un ser sin remordimiento alguno incitaría lanzarse a la calle a un pueblo pletórico de ideales a sabiendas que será recibido por un poder de fuego que raya en el exterminio.

La sociedad civil respalda la lucha incondicional de todos y sus fuerzas armadas en la defensa de la democracia. Henrique Capriles es el líder de la Constitución, los derechos humanos, el estado de derecho y el amor entre los hermanos.

A quienes desde tribunas lejanas y micrófonos en la diáspora venezolana claman que los parroquianos salgan a la calle y exigen la renuncia en las posiciones de combate de los actuales líderes, los invito a emular los perseguidos políticos de la década de los cincuenta, quienes clandestinamente ingresaron a luchar contra el dictador Marcos Pérez Jiménez al frente del conglomerado que convocaron en suelo patrio y no desde las playas veraniegas de South Beach.

Henrique Capriles y el hombre de a pie van por el camino de la paz, el reconocimiento y rectificación ante el fraude. Sigamos esa senda, salvemos vidas por más frustración y desesperanza nos produzca ver pasar el tiempo sin resultados perceptibles y ello nos provoque tirarnos a la calle.

Director de Venenoticias

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