opinión


El Nacional / ND

Lo único malo de Mariaca

10 Junio, 2013

Sí, lo volvió a hacer, Mariaca Semprún volvió a sus andadas y lo hizo otra vez. Qué difícil es explicar con palabras lo que vi. Es más: mejor no escribo nada porque lo más seguro es que no voy a lograr describir lo que Mariaca ha hecho con ese requetequeté súper ¿show?, ¿espectáculo?, ¿monólogo?, ¿concierto? No logro encasillar en ningún género teatral el no-sé-qué de Mariaca Semprún. Pero, ¿qué fue lo que hizo esta máquina marciana disfrazada de mujer? Bueno, justamente es lo que les estoy tratando de decir: ¡No hay forma de escribir lo que vi y que me dejó mudo! No sigo. Bueno, mejor sigo.

opinan los foristas

Estaba tan impresionado que después de verla no pude articular palabra durante tres días. Como un psicótico, sólo pensaba sobre lo que vi en el Teatro de Chacao aquella vetusta y fatídica noche.

Por culpa de esa mujer, nacida seguramente en otro planeta, perdí mi hogar, amigos y hasta el trabajo porque mudo como estaba tuve que subir a un escenario que es el sitio donde me gano la vida.

Fue espantoso y patético: Yo, parado allí, sin ideas, sin emitir palabra alguna. El público comenzó a pitar y a pedir que le devolvieran su dinero, mientras, haciendo un esfuerzo sobrehumano, sólo pude gritar: ­ ¡Mariaca, te odio! Salí llorando y corriendo hacia el camerino. Mi productora, Jorgita Rodríguez, se me acercó. Entre brava y sorprendida me reclamó: ­ Pero Claudio, ¿tú eres loco o eres comunista? ¿Tienes idea del dineral que vamos a perder por tu irresponsabilidad? Como un robot de mirada perdida, atiné a decir: ­ Mariaca…, Mariaca…

A este portento de mujer deberían prohibirla porque no es lógico que artista alguno sea tan avaro y se agarre un escenario para él solo durante dos horas ¡Ella tiene esa manía! Ya lo había hecho antes, cuando con su interpretación de La Novicia Rebelde dejó muda a media Venezuela. Aquello fue sorprendente y me vi obligado a reseñar esa increíble actuación.

Este nuevo montaje no tiene nombre. Bueno, sí lo tiene: La Reina del Desamor. ¡Lo dije! ¡Pude decirlo! Aquí, nuestra heroína, interpreta a la Lupe, aquella cubana que cantaba no con la voz sino con los ovarios ¡Vaya vida la de la Lupe! Además, qué trágica: Ser la más famosa y millonaria cantante latina de la época y por culpa del alcohol, la droga y los chulos terminar en la más triste y ruin de las miserias.

No sé cómo hizo Gabriel Díaz para escribir y dirigir La Reina del Desamor. ¡Qué cosa más grande! ¡Qué vaina tan arrecha! Y como si el texto no fuera impecable, Hildemaro Álvarez, Leowaldo Aldana, Jesús Milano y Jaime de Armas ­­músicos virtuosos bajo la dirección de Santos Palazzi­ hacen el maridaje perfecto para que Mariaca, con una interpretación que va más allá de la excelencia, destruya nuestras vidas para siempre.

Ojalá los amigos lectores tengan alguna vez la oportunidad de asistir a La Reina del Desamor, pero si no quieren que les pase lo que a mí, mejor no vayan pues corren un gran peligro.

Este desgobierno que tenemos, al que le gusta destruir, prohibir y comprar lo que no puede controlar, debería sacar una ley que le impida a Mariaca Semprún volver a montarse en las tablas o, en todo caso, prohibírselo de facto porque no puede ser que esta mujer acapare todos los aplausos que hay en Venezuela. Tengo entendido que Maduro quiere reunirse como lo hizo con Lorenzo Mendoza para que le explique cómo ser exitoso en la vida.

Lo único malo de Mariaca es el novio.


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