opinión

La inmundicia en el tapete

4 Junio, 2013

A la hora de escribir este artículo no ha sido posible que el gobierno otorgue los dólares, que había prometido a los fines de solucionar el terrible problema de la escasez. Hace unos días vi a una señora de muy gallardo porte; sostenida de una muleta: señal de alguna lesión física, y quien hacía cola en una famosa perfumería de La Candelaria (Caracas), para acceder (repárese en la significación del verbo) a seis rollos de papel sanitario. Una persona amiga me escribe a mi teléfono móvil como un gran hallazgo:

opinan los foristas

-¡Acabo de conseguir papel sanitario en este abasto por donde ando!- A continuación repara en lo exquisita que se ha vuelto, enviando tal tipo de mensaje.

Porque, mientras nosotros sufrimos con motivo de esta situación, en la cual nos vemos buscando un producto que hace un siglo era un objeto de lujo; no obstante, su industrialización hizo su uso masivo, al punto de poner al venezolano en este trance de elevar el tema de nuestras inmundicias a la orden del día, y así colocar a las personas en el trance de reventar los teléfonos móviles con mensajes de aliento por haber conseguido alguien, al menos, seis rollos de papel con que limpiarse; somos la burla en el campo internacional; como se pudo comprobar hace unas semanas, de acuerdo a la reseña de los medios de comunicación social, y donde se hacía ver que en un monitor, colocado en la fachada de un conocido edificio de Nueva York, y dedicado a transmitir titulares de noticias del mundo, se leía que Venezuela se había quedado sin papel sanitario. He allí al grado de dependencia, que nos ha conducido una conciencia obtusa, como la que nos gobierna, y que intervino las industrias del ramo; pensando que asumir la ingeniería industrial de un país es tan fácil como soplar, y hacer botellas; con el cuento de que ahora las mismas pasaban a la categoría de industrias socialistas, y aquí estamos hundiéndonos en el excremento del diablo, como diría Juan Pablo Pérez Alfonso.

Porque el señalamiento que se hace, a ese respecto, viene acompañado con el otro de que somos un país con una renta petrolera, que supera en magnitud a muchas de la región; pero que ninguna acusa problemas de escasez de este tipo, y del cual se viene a dar cuenta el mundo, precisamente, porque estamos en una época en la que la opinión pública mundial está ávida de informaciones que se salgan fuera de lo común, y esto lo digo porque no ha pasado desapercibido el hecho de que Venezuela ha tenido que importar unos 50 millones de rollos de papel sanitario, es decir, tuvo que haberse destacado una coyuntura relacionada con lo que, en términos científicos, se conoce como la materia orgánica en descomposición que uno expulsa, para que se viniera a resaltar esta situación de desabastecimiento que nosotros padecemos ya desde hace más de dos años, y que se manifiesta en forma cíclica en la aparición y desaparición de algunos productos; a propósito de la existencia de un esquema de política cambiaria, que se basa en un otorgamiento de divisas, de acuerdo al rumbo de los negocios, que se mueven en el mercado; aparte de que el 70% de lo que consumimos proviene del extranjero.

Este domingo, en visita que hice al supermercado cercano a mi casa, allí lo que abundaba en los carritos de los artículos, a comprar, era el papel sanitario; pero no el extrasuave, como se llegó a consumir en tiempos de la mal llamada IV República; sino de los que se destinan para los baños colectivos, en especial, para los de los varones; lo que las sifrinas conocen como “papel de lija”. De verdad que esta situación parece la trama de una novela de un escritor inglés; esto es, la historia de un pueblo obsesionado por un papel que no se utiliza sino como de desecho. ¿Acaso allí no hay un cierto sentido de dispendio?

Incluso, mucho más vergonzoso aún es que se diga en la prensa colombiana, por ejemplo, que ellos nos quisieran llegar a la situación en la que nos encontramos los venezolanos; si es que, a su juicio, el gobierno de Santos sigue con determinada política, peleándonos en los abastos por este producto que pertenece a la categoría de los ordinarios, y que de alguna manera ha exaltado el pudor de nuestras amas de casa, y hasta en cierto sentido crisparles el espíritu: una mujer haciendo cola para papel sanitario.

¿No acostumbra decirle el venezolano a otro, que no ha sido muy gentil con él: “Tú eres una mierda”? Por aquí uno pudiera comenzar, en vista de la mentalidad poco escrupulosa que nos gobierna; pues fijémonos en la circunstancia de que de más de 12 mil industrias que existían en el país en el año 1999, entre ellas las destinadas a la fabricación de papel sanitario, sólo quedan unas 8 mil; de modo que lo que se impuso fue vivir de esa renta demasiado grande, y que nos hizo exacerbar esa ilusión de que somos un país rico, y que podemos comprarle al mundo todo lo que nos dé la gana; convirtiéndose la política de la importación, que en términos universitarios se conoce como la política de la industria de puertos, en un negocio por todas partes.

Hegel decía que había un espíritu en cada época; así hablaba del espíritu clásico, del espíritu romántico; con motivo de lo que venimos enfocando, no quisiera mencionar ese que signa a la Venezuela de hoy, pero que sí lo es, o sea, un espíritu “mierdero”; que es como considera el venezolano al sujeto muy execrable, y esto porque nuestra clase gobernante ha manejado esta crisis de desabastecimiento con tan grande desidia, que ha llevado a nuestra sociedad a darse cuenta de la gravedad de la misma a partir del capítulo de su propio excremento; tanto más grave aún que, conociendo en el fondo la verdad de la causa del desabastecimiento, dicha clase gobernante no tome cartas en el asunto, ya que de otro modo los negociados se caerían. Este sí que es rastecuerismo del bueno.

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