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opinión

La información contra el pueblo y el país

29 junio, 2013

“Se dice que el legislador debería tener su ojo dirigido a dos puntos: el pueblo y el país. Pero los países vecinos tampoco deben ser olvidados por él, primero porque el Estado para el cual legisla debe tener una vida política y no una vida aislada.” Aristóteles

Cuando son demasiadas las tensiones sociales, las rebeliones y las exigencias se diversifican. La masa de ciudadanos se agrupa en categorías varias, más libres o liberales, y dan carácter masivo a las manifestaciones, haciendo la diferencia con el extremismo. Ninguna división de clases sociales del pasado es lo suficientemente precisa para dar cuenta de estas nuevas clases políticas, que además son clases morales, clases intelectuales, clases sexuales, clases estéticas, etc., fundadas sobre el rechazo de un tipo de vida por incapaz de seducir; como “comunidad”, cada una tiene sus costumbres. Y la imagen de círculos yuxtapuestos es más exacta que las capas sociales estratificadas; y tienen interconexiones, círculos, intereses culturales comunes; cultural en el sentido de “lo que concierne a la forma de civilización”, y que hoy cuenta con un acelerador que renueva la dinámica interna de los conflictos.

opinan los foristas

La tecnología en el incremento de los medios de comunicación ya no constituye “la violación de las multitudes”, como se llamó al uso de la radio cuando Hitler, cosa que contribuyó a definir también al medio audiovisual. Pasó así la repetición ingenua -repetida hasta la saciedad- de aplicar ideas preconcebidas entre propaganda política y publicidad comercial; dos actos que nada tienen en común en cuanto a motivaciones psíquicas ni en modificaciones de comportamiento: el dentífrico que se compra no otorga poder. Trabajos sociológicos hay que concluyen que el machacar publicitario desempeña un papel ínfimo en la orientación de las corrientes políticas, siempre y cuando exista la comparación informativa.

La cerrada campana totalitaria del castrofascismo aspira a que ninguna opinión que no sea la del castrocomunismo pueda expresarse por los medios; de aquí la inmadurez descabellada que quiere aplicársenos… En tales condiciones las muchedumbres estarán a merced de los manipuladores, aunque no por razones debidas a los medios como tales, ya que el condicionamiento es “eliminación del material de la contradicción”. La experiencia demuestra que en un monismo informativo de esta naturaleza, la convicción colectiva es frágil: si el gobierno manipula la información porque es el único que está a cargo de ella, cualquier contrapropaganda demuele en un día lo que construyó en años. La propaganda unilateral fortalece las opiniones existentes, no provocan cambios, arrastra la adhesión de los indecisos.

Una campaña política sopesa argumentos y hombres; no físico ni carteles; es controversia y aceptación de la controversia; no es la abundancia sino el contenido; no hay que temer a quienes abusan, como evidentemente es el caso con el castrofascismo; la multitud de mensajes de escasez y mediocridad hace juguetes modificables. Más vale no sustraerse al asalto de los periodistas y los esclarecimientos que abruman, que deben solicitarse y darse. Quien condiciona la opinión empleando medios para impresionar a la pobre gente, deja ver que “compra” el espacio y no ve que el argumento se pone en su contra.

Quien compra medios para la divulgación monopólica de contenidos sectarios, se está poniendo un disfraz descalificador que debe confrontarse hasta el punto de invalidar el “sin comentarios” o la devaluación de agresión confusionista que descalifica la labor periodística, táctica ésta que el castrofascismo utiliza reiteradamente para obviar las respuestas e intentar “achicopalar” al periodista acusándolo de servil de los dueños de medios, entre otros insultos.

Contradictoriamente, el servilismo se expone con más certeza en quienes se ven obligados a seguir sólo “la voz del amo”. A Venezuela le toca en el presente definir más reciamente si hemos de formar parte de los países informados o de los desinformados, fracturando las restricciones de “verdad única” que anhela el castrofascismo, frenando su cuasiomnipotencia. Esta fuente de energía es integral o no es nada. Recetar el suicidio no cura la gripe; sólo la información puede educar y moralizar a la información; y en ésta la libertad es la abundancia, porque la fuerza está en la diversidad.

La marabunta de medios monopolizados por el castrocomunismo exaltan el insulto y la mediocridad propia, edulcorando los hechos, escondiendo las llagas, las atrocidades, el deterioro, la corrupción, el atascamiento en que se encuentra la vida nacional; no se va a fondo con los escándalos oficialistas ni en el retrato social, político o de cualquier índole; pero los intentos de adoctrinamiento y el abuso propagandístico se resquebraja y pierde eficiencia por su descaro manipulador, ajenos a los intereses y pasiones de la colectividad.

El periodismo venezolano, eternamente en jaque entre la verdad y la mentira, encuentra hoy mayor reciedumbre en la idea de que ni el gobierno ni los grupos de presión o interés ni las asociaciones ni las empresas industriales ni las Fuerzas Armadas y, en síntesis, nadie es depositario de una misión sobrenatural que lo habilite para rehusar dar explicaciones o tronchar informaciones, menos aun si se considera que su actividad es nociva para el interés general o para tal o cual sector de la ciudadanía. El acoso y la coacción están a las puertas de los medios con la carota del castrofascismo dispuesta al chantaje y a robarse también esta fuerza única para incorporarla a su ejército de sumisión. Aquí el silencio sólo se lo puede calar el castrocomunismo.

Dos tipos de información separa dos tipos de civilización, y la de la libertad es la que tiene futuro. Al castrofascismo no le queda otra salida que hundirse en su corriente de errores, que no pueden ser conocidos más tarde, cuando sean irreparables. El “culillo” que sea para el “castigador”. Reservémonos las bolas y los ovarios. La información limita e impide las catástrofes. Tenemos la obligación de “hacer algo”. Puede uno quemarse cuando mete el dedo en la manteca, pero quedará el dedo iluminado, como ET queriendo volver a casa. Y esta es una casa que turba la realidad de los políticos, que no hace gala de la impotencia y que no puede cargar con un sentimiento de culpabilidad que mejor le cuadra a los perpetradores de horrores.



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