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opinión

Felicidad

13 junio, 2013

Un día fui feliz cuando creí era inmortal
De niño pensaba que era lo normal y así pasaban los días sin que nada me vulnerara,
Lacerado por los infelices preceptos que quieren imponernos,
Pero renuncie a muchos de ellos porque no me hacían independiente
Creía en la vida, en la inmortalidad, en la más pura soltura.

opinan los foristas

Son los momentos de brillo, de oro donde el sol lo plena todo;
La luz bañaba al río, bañaba al mar y me bañaba a mí
Me hacia de una supremacía intangible que miraba el universo asaz pequeño
Un ser irreductible que crecía entre las malezas y el sol lo protegía.

Así se siente la juventud cuando la niñez está precedida de una ilusión de gigante
Es pues todo savia, realizable con la expansión de los años que nunca concluirán
Aunque los riesgos sean lo mismo para el sano mortal, de esa manera lo sentíamos
No hay infancia desventurada sino liada en algunos períodos.

Los poros se van abriendo ante el rocío de los años
Para convertirnos en individuos vulnerables y planificadores
Vendrá algo nuevo, ella, llena de belleza y plétora
nos llevará al lugar donde de nuevo todo comienza.

Los sentimientos se intiman por la dama más bella de la creación
Bordeando nuestro lecho y compartiéndolo posiblemente para siempre.
Así la vi a ella como la mayor creación de un Señor de recónditos pasos
que la puso a mi lado para que disfrutara de su compañía y ella de la mía.

Para que compartiéramos todos, aun en la miseria,
Cuando hay fuerzas suficientes para remontar cualquier infortunio con el amor de ella
Era mi mujer la que podía todo y contenía mis momentos de pasión y de dolor
Aquel que una vez lloró, siendo un hombre total y capaz de acostarse con una mujer.

Y hacerla su compañera de andanzas y de intenciones
El sol todavía era brillante, pero no lo percibía como en mis tiempos púberes
Sí, nos alcanzaba para los dos y alegraba nuestras existencias
Sin partidas ni meandros escogía mi libertad a su lado.

Hízose lo que siempre ocurre en la edad de las reminiscencias
Que también hay que conllevar con la misma dignidad que nos dio el tiempo
Llegar hasta el final como un verso en su más digna expresión
Vivir a su lado me enaltece como una vez lo quiso el señor de recónditos pasos.

El final es todo comienzo y es también nada
Siempre empezamos algo para cumplirlo
Si nos quedamos en la mitad del camino decimos que la estrella nos traicionó
Aunque en la mayoría de los casos lo hizo nuestra propia impericia
La que el hombre erigió para sus mismos despropósitos
Donde no hubo rosales ni campos ubérrimos que el personaje sabio nos indicó.



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