opinión

Receta para destrozar un país

20 Mayo, 2013

Ingredientes:

1 líder,1 cuerda de resentidos, 1 grupete de ineptos, preferiblemente corruptos, 1 padrino (o padre) bien agalludo. Falta de escrúpulos a granel

opinan los foristas

Modo de preparar:

Búsquese un militar con carisma y capacidad de comunicación. Póngalo a remojar, digo, a conspirar dentro de la Fuerza Armada. Una vez que dé el golpe (que por lo general le falla), métalo preso. Cuando salga del horno, digo, de la cárcel, estará listo para ganar una elección.

Búsquese al padrino para que eventualmente se convierta en “padre” (mejor si ha tratado antes de hacerse con el país, asesinado a venezolanos dignos y convertido su país en una cárcel, de donde la gente con tal de irse prefiere arriesgar su vida y donde la disidencia es castigada hasta con la muerte) y póngale la chequera en bandeja de plata. Él va a encargarse de vengar sus complejos y resentimientos (muchos de ellos con base, por cierto y por desgracia). Arrodíllese sin pena. Esa pérdida de la vergüenza le será de vital importancia en la preparación de esta receta.

Rodéese de todos los ñángaras que hayan tratado de acercarse al poder por décadas y ofrézcales lo que sea para adueñarse del país. Total, la chequera de PDVSA da para todo.

Convoque una Constituyente (siempre encontrará quien le haga legal lo ilegal). Aproveche para cambiar desde el nombre del país para abajo. Asegúrese de que le redacten una constitución ad hoc, revísela bien, no vaya a ser que más adelante le vaya a ser un obstáculo.

Búsquese un enemigo interno, como por ejemplo, los oligarcas. Écheles la culpa de todo. Búsquese un imperio que sea su enemigo externo. Despida a los mejores 20.000 trabajadores de su industria “gallina de huevos de oro”. Procure irse haciendo de todos los poderes. Búsquese jueces, fiscales y rectoras “uh, ah”. Cuidado si se le cuela algún Vicente, que le puede echar a perder la receta. Ignore la opinión y las necesidades de la mitad del país.

Desprestigie, búrlese, acose a sus adversarios políticos. Agrupe en listas a quienes firmen en su contra para asegurarse de que jamás volverán a trabajar para el Estado a menos de que firmen una carta negando sus firmas y desacuerdo y téngalos así nariceados todo el tiempo.

Reparta armas de guerra a cuanto loco se pronuncie a su favor y haga de la inseguridad política de Estado.

Comience la mayor campaña de auto promoción que jamás haya habido en este país. Gaste como loco (y de paso, haga ricos a sus amigotes).

Empiece el proceso de ideologización. Contrate a un marxista-leninista-habermassiano-gramsciano que le diseñe el lavado de cerebro, especialmente el de niños y jóvenes.

Si cualquier cosa le sale mal, culpe a quien sea y como sea, pero solidarícese automáticamente con los suyos. Justifique la delincuencia con frases así como “si yo tuviera hambre también robaría”, porque ése será el principio del fin de la desvalorización del trabajo. El trabajo no vale nada, lo que alguien no tiene fue porque un “hdep” se lo quitó, tan sencillo como eso. Le van a creer y se montarán sobre esa ola, se o aseguro.

Ponga a un loco a manejar las finanzas del país. Expanda el gasto público y estimule la demanda para que al no haber oferta, surja la escasez y con la escasez que venga la inflación. No dialogue con empresarios y repita ad infinitum que son “bichos malos”. Prohíba el acceso al mercado libre de dólares como opción.

Importe todo lo que se consume en el país para enriquecer capitalistas en otros países y desmejorar las condiciones de los trabajadores venezolanos.

Estatice (en realidad róbese) las industrias que estén funcionando, ponga a sus ineptos y corruptos a manejarlas para llevarlas bien rápido a la ruina.

Promueva la conflictividad laboral para acabar con la productividad que quede. Hostigue la inversión privada para que ningún empresario –ni venezolano ni extranjero- se atreva a invertir en el país. Elimine el Sitme para acabar con la pequeña y mediana industria.

Designe al menos apto pero al que más obedezca al “padre” para que lo sustituya en caso de muerte o enfermedad. Róbese las elecciones si hace falta.

Revuelva todo y ¡listo!… ¡Mal provecho!

@cjaimesb


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