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opinión

Lechugas verdes y represión roja

31 mayo, 2013

Maduro y compañía tratan de aplicar una estrategia dual en relación con el sector privado y la oposición política. Al primero le prometen dólares para intentar cooptarlo, y al segundo le dan palo político, judicial y comunicacional para intentar someterlo. Esa estrategia fallará por ambos flancos.

opinan los foristas

En relación con los empresarios, digamos que los de verdad y no los de maletín tan afectos a la boliburguesía, la promesa de divisas vía Cadivi o el fantasmal Sicad, tiene por objetivo inmediato el que éstos saquen a la calle todo su inventario para que se alivie un tantico el masivo desabastecimiento y la consecuente escasez.

Algo de dólares está fluyendo para el financiamiento de la exacerbada economía importadora –cortesía del “desarrollo endógeno” de Giordani—pero muy lejos de lo suficiente, por la sencilla razón de que el principal bien o producto que escasea es precisamente el dólar. Y así será el desmadrado latrocinio de la “revolución”, que esa escasez ocurre con el barril de petróleo por encima de los 100 dólares.

Además, los cubanos y los nicas le vienen señalando a Maduro que debe entenderse con los empresarios, alcanzar un “modus vivendi” con ellos, y lograr entonces que aboguen por la “normalización” de la situación política, esto es que la oposición –o al menos una parte reconocida– se deje de impugnaciones y antagonismos y se transmute en la cara no-oficialista, pero del mismo régimen hegemónico.

Más o menos el esquema que ha establecido Daniel Ortega en Nicaragua y que, debe afirmarse, le viene funcionando acorde con sus intereses. Y al mismo tiempo, a la oposición que no quiera entrar en el redil, no sólo le ofrecen represión sino que se la suministran sin demasiados tapujos.

Represión política como la ejercida contra los parlamentarios opositores en la Asamblea Nacional. Represión judicial como la manifestada por las nuevas imputaciones contra dirigentes políticos. Represión comunicacional como las “sobrevenidas” medidas de “auto-censura” en medios privados. Represión institucional al insistir en el acosamiento declarativo y fáctico de la oposición beligerante.

Ahora bien, para que la referida estrategia dual llegara a funcionar, harían falta al menos dos cosas. Una, que Maduro cambiara a fondo el delirante entreverado que se auto-denomina “política económica bolivariana”, o el descomunal e improvisado subsidio a las taquillas clientelares que devora los recursos nacionales, e imposibilita el desarrollo productivo. Lo que parece muy improbable que acontezca.

Y otra, que la Mud y Capriles se echaran para atrás, arriaran las banderas del presente, y propusieran un armisticio en los términos de que cesara la represión a cambio de una oposición aguada o descolorida. Y ello es todavía más improbable que suceda.

Pero lo que sí está pasando es la descomposición acelerada del régimen imperante. Y no parece que las lechugas verdes o la represión roja puedan impedirlo.

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