opinión

Las promesas de mayo

3 Mayo, 2013

Este mes de Mayo se inicia con dos fechas importantes en el calendario laboral nacional e internacional. Nos referimos al primer aniversario de la Ley Orgánica del Trabajo, las Trabajadoras y los Trabajadores, LOTTT, y al Día Internacional del Trabajador. Este último fue recordado el miércoles pasado en nuestro país con el tradicional desfile de los trabajadores, que desde hace varios años se ha escindido en dos mitades; una, expresión de la ideología del oficialismo y, la otra, del disentimiento, de la discrepancia legítima, es decir, de la oposición. Y decimos que fue recordado, en lugar de celebrado, porque los trabajadores venezolanos no tienen mucho que festejar en estos momentos, en que un forzado aumento salarial del 20 por ciento, que podría llegar a un 35 o 40 por ciento a finales del año, acaba de ser decretado por el Ejecutivo Nacional. Incremento salarial que es más un paliatorio que un paliativo, si se toma en cuenta la devaluación, de más de un 40 por ciento, que ya sufrió el dólar oficial a comienzos del año, a lo cual se suman la alta inflación y la especulación que afectan los precios de los productos de primera necesidad y a cuyo encarecimiento contribuirá, a su vez, como si de un endemoniado círculo vicioso se tratara, dicho aumento del salario mínimo.

opinan los foristas

Este pasado 1° de Mayo, llega también, con el lamentable episodio de persecución y acoso que han venido en los últimos días, sufriendo los trabajadores del sector público por parte de su patrono, el Estado, como consecuencia de los resultados electorales que tanto han disgustado al gobierno y que coincide, además, apenas una semana de diferencia, con el primer aniversario de la LOTTT. Un instrumento legislativo convertido en promesa electoral por el presidente Chávez, desde hacía ya un tiempo, que entró finalmente en vigencia después de varios retrasos, el 7 de Mayo del 2012.

Un balance de la misma, no obstante que un año no es tiempo suficiente para sacar conclusiones definitivas, deja nada o casi nada que destacar. La nueva jornada laboral de 40 horas semanales, de la que mucho se habló, y que sustituye a la anterior de 44, a partir precisamente del 7 de Mayo de este año, ya ha empezado a mostrar algunas de sus desventajas para los trabajadores. Una de ellas, con los 30 minutos adicionales que la LOTTT le impone al trabajador para el receso correspondiente al almuerzo y que obliga al trabajador a retrasar su regreso al hogar, media hora, lo cual en la práctica hace casi invisible la reducción de la jornada diaria, así como inefectiva para ambos, patrono y trabajador, la reducción de 4 horas en la jornada semanal. Otra no menos importante, que afecta el bolsillo del trabajador, es la que se produce con el día de descanso adicional, anteriormente laborable en muchos centros de trabajo y que conlleva a la pérdida del cesta- ticket de ese día. El mismo desencanto lo tienen los trabajadores con el tema de las prestaciones dobles calculadas con el último salario, una figura que se perdió en el año 1998 y que se convirtió en reivindicación primero y luego en exigencia, dentro del chavismo incipiente de los primeros años, pero que en la LOTTT se recoge de manera diferente y como una alternativa de pago al final de la relación laboral. Y qué decir de las excesivas regulaciones contenidas en su texto, las cuales junto a la incertidumbre que plantea la figura de los Consejos de Trabajadores, sujeta a legislación posterior, conforman una seria amenaza al desarrollo de la libertad sindical consagrada en la Constitución de 1999.

Por el lado patronal las dudas y temores son aún mayores, entre otros motivos, porque la estabilidad allí contemplada, que impide, en la práctica, el despido de un trabajador si no hay una autorización de la Inspectoría del Trabajo, atenta contra el empleo, la calidad del empleo, la competitividad y la productividad en el trabajo. Esto, sin contar que esta LOTTT es más intervencionista que la anterior, para lo cual establece nuevas regulaciones y sanciones dentro del poder discrecional aumentado de las autoridades laborales, que van desde multas muy fuertes hasta el posible cierre de la empresa.

En un país como Venezuela donde el Estado es el mayor empleador y el clientelismo juega un rol político-electoral fundamental, da la impresión que la conmemoración del Día Internacional del Trabajador, o de cualquier otro evento que tenga que ver con los trabajadores, solo tiene sentido si se interpreta como un hecho de dominio político, de ideología o contenido partidista, donde los votos se cuentan en salarios mínimos y las reivindicaciones socioeconómicas se convierten con los años, en promesas rancias de Mayo, que van y vienen como una brizna de paja en el viento.

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