opinión

Nelson Ramírez Torres

La mejor arma de la oposición

20 Mayo, 2013

La ofensa más grave padecida por los venezolanos es el fraude electoral, con una alevosía que se magnifica cuando se dice que tenemos “uno de los sistemas electorales maìs avanzados y confiables del mundo”. Hemos sufrido un severo descalabro moral y material durante los 14 años de vigencia de la Constitución de 1999, pero lo peor en la historia de Venezuela es el fraude electoral.

opinan los foristas

Desde todo punto de vista se cometió fraude en la elección presidencial del 14-A. Por donde se mire aparecen circunstancias que lo corroboran. Por ejemplo, el CNE eliminó los observadores internacionales y los sustituyó por los inútiles “acompañantes”; negó practicar la auditoría que promovió Capriles Radonski; el CNE comenzó a hacer un auditoría inútil; adoptó las captahuellas, pero no para garantizar un voto por persona, sino para que una misma con varias cédulas de identidad vote varias veces.

Capriles reiteró que la auditoría que lleva a cabo el CNE “es una farsa”; “esos rectores se burlaron y le mintieron al país y a la comunidad internacional”; “una auditoría sin cuadernos de votación es una farsa”; “esos rectores lo que hicieron fue pagarse y darse el vuelto”.

Otra circunstancia que prueba el fraude: pensando que ganarían todas las elecciones, los castristas derogaron el Estatuto Electoral del Poder Público y la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Es así como eliminaron la Fiscalía General de Cedulación y prepararon el terreno para eliminar los delitos electorales, conscientes de lo que tenían proyectado. La última mencionada preveía en su artículo 256 pena de prisión de 6 meses a 1 año para “2. El que expida, falsifique o altere documentos de identidad para facilitar la duplicidad del voto, o el voto ilegal de los extranjeros… 7. El que fraudulentamente obtenga o facilite la inscripción, suspensión o cancelación de la inscripción de una persona en el Registro Electoral; 8. Quien vote dos o más veces, suplante a otro en su identidad, o asuma la de un fallecido en el ejercicio del voto… 12. El que coarte la libertad y secreto del voto de los ciudadanos. En caso de los funcionarios públicos o miembros de las Fuerzas Armadas Nacionales, la pena se duplicará…”.

Las dos leyes mencionadas fueron derogadas por la chavista Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPRE) con la cual se dieron el gusto de no prever delitos con penas de prisión y disimularon la eliminación de los delitos que existían, como los del reseñado artículo 256. El artículo 228 de la LOPRE dice: “Lo concerniente a los delitos y faltas electorales que cometieren los ciudadanos investidos o las ciudadanas investidas, o no de funciones públicas, no contempladas en la presente Ley, será objeto de regulación mediante ley especial”.

Los castristas quieren tapar el tema del fraude electoral. No quieren que se mencionen, entre otros puntos, que las máquinas captahuellas fueron concebidas para disimular que una persona con varias cédulas de identidad puede votar varias veces. Prestos para confundir, comenzaron con los potes de humo: primero, los puñetazos contra los diputados en la AN. Luego, Nicolás Maduro y las 900 mil personas identificadas que no votaron por él, punto subliminal para que pensemos que no incurrieron en fraude electoral porque lo que hubo fue resta y no suma de votos, y que por ello Maduro ganó por poco margen. Después, el tema de las reuniones con el sector privado para revisar el aumento de la producción nacional y revertir los niveles inflacionarios.

También el rector Vicente Díaz apareció con su humo, con un lenguaje que no le pertenece, al decir, en relación con la afirmación de Maduro (de los 900 mil) que “es falsa y criminal, es coacción pública”; que exigirá a las rectores “un pronunciamiento público desmintiendo y protestando”, y que “poner en duda el secreto del voto es usar el miedo como táctica de campaña”. ¿Por qué Díaz no se pronuncia sobre el fraude electoral?

A las impugnaciones les lanzan humo. La oposición presentó ante el TSJ cinco demandas de nulidad contra las elecciones del 14 de abril. La animadversión contra la oposición es tal que el TSJ ni siquiera se ha pronunciado sobre el recurso de nulidad que un grupo de abogados intentó contra la elección presidencial de octubre de 2012, en la que también reinó trampa.

El fraude electoral es el punto obligatorio que no admite desvíos ni descanso. Es el gran tema que describe al castrismo y fulmina al chavismo. Es la pesadilla dramática que debemos concienciar. Es, en suma, la mejor arma de la oposición.


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