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opinión

Diego Loyo

La inexistencia del trabajo

17 mayo, 2013

El 1ro de Mayo fueron dos las manifestaciones que conmemoraron el Día Internacional del Trabajador. Por un lado se celebraba la puesta en marcha oficial de una nueva ley de los trabajadores, fútil promesa de un mejor futuro. Por el otro lado, enceguecidos por el inmediatismo, se reclamaba un aumento de salario, auspiciado por la necedad del populismo hecho doctrina. Lastimosamente, y poniendo a los trabajadores como argumento – mejor dicho fachada – ambos bandos se olvidaron de exaltar, tanto filosófica como económicamente, lo más importante para el desarrollo de una nación: el trabajo.

opinan los foristas

Las hordas rojas se felicitaban por lo que la nueva ley representa: creen haber conseguido la fórmula del alquimista y vociferan la transmutación del plomo en oro como un triunfo de la revolución: como por arte de magia, los bienes e insumos empezarán a caer del cielo. Eso es lo que ellos creen pues esta ley que tanto aclaman no toma en consideración que la única forma de producir riquezas es a través del trabajo. Se felicitan por la destrucción del aparato productivo y se alegran de que el gobierno, a través de esta LOTTT, les coloque las cadenas de la esclavitud más férrea: la dependencia total al Estado en cuanto subsistencia se refiere. Por si fuera poco, consideran el trabajo una condena injusta, sin darse cuenta que solo a través del trabajo y la producción para uno mismo es que puede el hombre emanciparse, ser libre. Buscando crear sentido de pertenencia a una clase mal llamada “trabajadora”, han olvidado – u omitido – que, más allá de clases o estatus, la identificación con el trabajo propio es el mayor garante de eficiencia y productividad. Por si fuera poco, esta identificación es un proceso de descubrimiento personal, lo cual realza los valores del espíritu humano, brindando motivación y serenidad a quién verdaderamente percibe el trabajo como liberación, y no como suplicio.

La remuneración que un trabajador percibe debe ser proporcional al valor de su trabajo, o sea, al valor de los productos generados. Un aumento de eficiencia permite el aumento de la productividad, y con ello se eleva el valor del trabajo. Esto pareciera haberse olvidado. El argumento principal esgrimido por quienes exigen un aumento salarial es la falta de poder adquisitivo. No se dan cuenta que el costo de la vida tiene poco que ver con el salario, sino con la falta de trabajo real, léase la inexistencia de producción alguna en Venezuela. La escasez de productos básicos es fiel reflejo de esto. Un aumento salarial sin incremento de la producción elevaría la inflación, endeudaría más al Estado, ahogaría la iniciativa empresarial, golpearía fuertemente a todas las industrias, haría aún más difícil la creación de empleos y hundiría las pequeñas y medianas empresas. El “remedio” sería peor que la enfermedad. Por si fuera poco, aumentar el salario sería una falsa esperanza, un pañito tibio, para quienes no se dan cuenta que son víctimas por sumisión. El populismo es el círculo vicioso de la necesidad permanente hecha política. El aumento salarial no solucionaría nada, pero saciaría momentáneamente a la gente que busca respuesta de sus políticos. Éstos, aprovechando la situación, obtendrían clientes – léase esclavos – políticos, consiguiendo su aprobación a través de grilletes.

El desarrollo de la Venezuela Futura necesita de mucho trabajo, pero sobre todo, de una nueva aproximación al trabajo. Una sociedad de propietarios, de poseedores, pondría el trabajo de nuevo en función de la producción, alentando la innovación en pos del propio beneficio y creando un intercambio idóneo – por la simple voluntad del hombre libre – en la sociedad. Siendo poseedor de sus propios medios de producción, cada individuo puede autoabastecerse, ya sea del producto de su trabajo, o del valor capital recibido de su venta e intercambiándolo por cualquier cosa que sus deseos y necesidades le indiquen. Es una lástima que el 1ro de Mayo nadie se haya acordado de la libertad. De haber sido así, todos hubiésemos reclamado, no porque el salario no alcance, ni por la escasez de productos, sino por la causa de estos males: la ausencia total del verdadero trabajo en Venezuela.

@DiLoyoR



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