opinión

La década de oro y el papel toalé

18 Mayo, 2013

Hasta el cansancio o hasta las nauseas, los voceros del oficialismo han insistido que Venezuela experimenta la llamada década dorada de su máximo desarrollo y felicidad. En su propio guión publicitario, la década de plata fue la primera del siglo XXI, y esta segunda es la de oro. El mercadeado “Plan de la Patria”, por ejemplo, no es que plantea que nuestro país será una potencia en el próximo futuro. No. Es que da por hecho que ya estamos embalados en el camino revolucionario del país-potencia…

opinan los foristas

El papel aguanta todo, se decía otrora, y hoy se deberá decir que la comunicación política también lo aguanta todo. Pero como solía expresar el camarada Lenin: “los hechos son tercos”. Y los hechos de la tragedia venezolana no tienen nada que ver con la idealidad de la palabrería oficial. Todo lo contrario. Es prácticamente imposible que la realidad se encuentre más alejada de la virtualidad del discurso rojo.

Sin ir muy lejos de lo más actual, todavía el señor Maduro y sus señores ministros no dejan de invocar la consigna de la “soberanía alimentaria” para caracterizar la actuación de su régimen. Y bueno, cada vez producimos menos alimentos, cada vez importamos más, y como despalillaron los dólares y no hay con qué importar lo que se necesita, entonces tenemos un mega-desabastecimiento, con una mega-escasez, con creciente racionamiento, y todo bajo la égida de la “soberanía alimentaria”.

Igual ocurre en las más diversas dimensiones del proceder gubernativo. En el 2008 se anunció la “revolución siderúrgica” y se estatizó Sidor, luego Sidetur, y ahora la producción de acero está por los suelos. En el 2009 se anunció la “revolución del maíz”, se estatizaron las procesadoras de harina distintas de la Polar, y ahora esas empresas son cascarones con muy poca o ninguna producción. Y la “revolución turística” llevó a estatizar a numerosos hoteles que hoy, bien se sabe, están depredados y convertidos en pensiones de funcionarios o en llegaderos de activistas.

Y mejor ni hablemos de la “revolución eléctrica” o de la “revolución del transporte” o de la “revolución productiva” o de la “revolución petrolera” o de la “revolución gasífera” o de tantas otras expresiones pirotécnicas que tanto encandilaron a tanta gente. Y si tan sólo fueran fuegos artificiales o siquiera luces de bengala, no importaría tanto, porque al menos no habrían hecho daño. Pero es que cada una de esas quimeras ha conseguido desmejorar, cuando no desbaratar, a sus naturales campos de acción.

Las proclamas sobre la “fortaleza económica de la revolución” se siguen escuchando, a pesar de la catástrofe fiscal, cambiaria y financiera. La campaña sobre la “defensa soberana del oro y las reservas del pueblo”, continúa desplegada, sin importar que estén vendiendo el oro y que las reservas efectivas del BCV acaso no lleguen a 5 millardos de dólares, cuando Perú tiene casi 70, Chile cerca de 50, Colombia en vías de 40, y la “Venezuela-potencia económica” se queda sin divisas con el barril petrolero en 100 dólares.

Pero nada. Para Maduro y los suyos, Venezuela experimenta la máxima felicidad de la “década de oro”. Aunque quizá no sea ni tan máxima, ni tan feliz, ni tan dorada la década, en especial cuando el orden natural de las cosas reclama este sobrevenido artículo de lujo llamado papel toalé…

flegana@gmail.com

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