opinión

Tamara Sujú Roa

Hacia el barranco…

20 Mayo, 2013

Durante 14 años, una parte de la población venezolana casi se acostumbró a que la llamaran con todos esos epítetos a los que acudía Chávez para hacer siempre su discurso divisionista y discriminatorio contra quienes no lo apoyaban. Aprendimos a convivir con dichos sobrenombres en esta jungla que es hoy nuestro pais, sintiéndonos si, más radical contra los abusos del poder, la persecucion, el comunismo, la mediocridad, y la corrupción. Por mantener su férrea postura y hablar claro y raspado, muchos han sido encarcelados, otros perseguidos penalmente y algunos están hoy fuera de nuestras fronteras, exiliados, soñando con volver a la patria.

opinan los foristas

Debo reconocer que vivir al filo, al borde de la raya martilla, ese borde que se pisa cuando se ejercen los deberes y se exigen los derechos, en los regímenes cuyo sistema judicial se acomoda a los pies del ejecutivo y las Instituciones pierden su independencia, da una especie de sustico mezclado con la pasión que nos da rebelarnos contra dichos abusos y la razón de seguir nuestros principios y luchar por nuestros valores.

Quienes hemos sido acusados de una u otra forma por esto, sin pruebas, calumniándonos, incitando al odio no sólo contra nuestra persona, sino contra la labor que realizamos día a dia en defensa de aquellos que también luchan por defender los derechos de los venezolanos, sabemos que la justicia tarda pero llega, porque nuestros verdugos no podrán nunca mirarse en un espejo sin verse bajo el aura gris, de aquellos que saben que han sido ejecutores de injurias, tratos crueles y degradantes, muchos de ellos han sido cómplices de torturas y violaciones de derechos humanos, e incluso han ido más allá, violando los 10 mandamientos de la Ley de Dios, aquellos que nos dejó Moisés, hace miles de años.

He visto en los ojos de muchos jóvenes a los que he tenido el privilegio de defender y asistir, valentía indomable mezclada con miedo a lo desconocido, como lo es por ejemplo la detención y cárcel, que me ha dado la suficiente razón para seguir por años respaldandolos, queriéndolos y aprendiendo de ellos, como si fueran la fuente de mi juventud espiritual, y mi actual estado de satisfacción de que los abogados que hemos estado acompañándolos, hemos hecho lo correcto, sin importar que seamos el flanco perfecto del régimen despótico que tenemos y que incluso algunas veces seamos el jamón del sándwich , entre gobierno y oposición.

Venezuela va a salir adelante. Y va a salir adelante porque los venezolanos somos libres, democráticos y solidarios. El odio importado que nos han querido meter por las venas para dividir familias enteras, vecinos y amigos, tiene su antídoto, y es precisamente, ser venezolano. Chávez no amó a Venezuela ni a los venezolanos. Su obsesión, era su proyecto de poder, que sólo podía consolidar, dominando a quienes creyeron en él. Para ello, dividió, persiguió, destruyó y odió. Así de simple. Y Maduro, a quien no sabemos con que intenciones Chávez le levantó la mano aquel día cuando nos dijo que quizá no volvería, está siguiendo su línea, mientras la mayoría de los venezolanos le grita que ya no son mayoría, que el proyecto de poder de Chávez se está desmoronando por ineficiente y corrupto, y que ya está bueno de tanto odio y persecución contra aquellos que piensan distinto y además exigen nuevas elecciones.

Por supuesto que las consecuencias de querer ser la copia fiel de quien ya no está, y que se llevó consigo una revolución que destruyó a Venezuela, la llevamos los mismos de siempre, e incluso con las mismas acusaciones, hechas por los mismos verdugos. Pareciera un déjà vu de hace 3, 4 o 5 años atrás. Si pudiéramos hablarle en el oído a Nicolás y sus flamantes Ministros de Justicia e Inteligencia, yo en particular le preguntaría: ¿vas a seguir Abigail? Se les está cayendo el país a pedazos y todavía, 14 años después, siguen perdiendo el tiempo acusando a quienes ahora somos mayoría, de golpistas y desestabilizadores. Lo único que desestabiliza a una sociedad, es el hambre, la inseguridad, la inflación, el desempleo, el amedrentamiento al sector productivo y la corrupción, cuya consecuencias le están tocando la puerta de Miraflores, a quien aceptó ser el heredero de éste desastre y se ha metido por el mismo camino de su antecesor, sin querer entender que la sociedad se cansó, y que aquellos que idolatraban a Chávez, no están dispuestos a seguir a ciegas por el barranco de la revolución del siglo XXI.

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