opinión

Alexander Cambero

Detrás de Maduro

1 Mayo, 2013

Los últimos acontecimientos en Venezuela han desnudado verdades dolorosas. Toda una brutal ofensiva oficialista en contra de quienes legítimamente protestan por un resultado electoral sospechoso, hizo que desde la oscuridad surgieran grupos que subvierten el orden con total impunidad y que cuentan con la anuencia de un gobierno que se quitó la careta. Los ciudadanos agredidos ahora son los culpables de las muertes, grandes montajes de aparentes asaltos a sedes de organismos del estado, en donde ellos mismos le prenden fuego para buscar que la razón democrática se queme con la miseria misma de estos elementos hamponiles del santoral del régimen.

opinan los foristas

En esa lógica de la incertidumbre observamos a Nicolás Maduro como en el limbo. Huérfano del manto protector de su ángel caído, vive contándonos sus peripecias con aquel que metió la mano en el saco y lo puso a él. Sus pésimos discursos los embadurna con gruesas mentiras y un histrionismo que quiere mostrarnos un vengador terrible como los dictadores africanos cuando en realidad huye por la puerta de atrás. Tal como lo hizo en el aeropuerto internacional de Lima, ante la atronadora repulsa de miles de cacerolas que sonaban rechazando la presencia en suelo peruano del presidente ilegitimo. La gran gresca interna que se originó por su decadente papel como abanderado presidencial, en donde dilapidó el capital político de su mecenas en apenas diez días. Convierte su mando en un castillo de arena a punto de ser derribado por los embates de las furiosas olas internas.

Maduro cavila con la muerte del chavismo en sus genes. El gran proyecto de hegemonía revolucionaria para el hemisferio, entró en un periodo arterioesclerótico que hace que su futuro esté supeditado al dictamen que marquen los escenarios económicos. Si se incrementa la crisis hasta hacerse insostenible el inquieto pájaro dejará el nido. Debido a su escasa capacidad para maniobrar en tiempo de tempestad, Nicolás Maduro es más dependiente del régimen cubano que cualquiera. Es por ello que desde La Habana llega Ramiro Valdés Menéndez como el gran operador detrás del trono. Este héroe de la revolución cubana es quien maneja la relación con Venezuela. Siendo considerado un hombre sin escrúpulos, que es capaz de construir cualquier escenario para venderlo como verdad. Esa violencia desatada en las noches de las cacerolas, la guerra persistente del rumor como arma psicológica para condicionar a las masas. La Invención de hechos con la magia de la sucia propaganda, en donde se plasman hechos irreales o se culpa al adversario de eventos producidos por ellos; es parte de su receta tropical de truculencias. Es la vieja escuela cubana que tantos beneficios le ha dado en más de cincuenta de opresión a su indefenso pueblo. Lo peor del asunto es la dependencia absoluta de Nicolás Maduro del gobierno antillano. Sabemos que ahora Miraflores es simplemente la sede diplomática del gobierno de Raúl Castro, convertido en presidente de los dos países.

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