opinión

Tengo un pálpito

13 Abril, 2013

Del martes 2 de abril en Maturín, al martes 9 en Valencia, el joven político que conduce las aspiraciones presidenciales de los que adversamos al régimen, pasó de tener un semblante correspondiente a una persona en la cuarta década de su vida, al de un hombre maduro de 50 años. Tal era la fatiga reflejada en el rostro del candidato. Pero ese aspecto no se debía fundamentalmente al gran esfuerzo físico realizado, que sí lo hizo, sino más bien a la enorme determinación de lucha que mostraba. A la intensidad del empeño que le ponía a la tarea de convencer a los venezolanos que piensan distinto a nosotros, que más allá de los odios hay un futuro de luz para cada familia venezolana. Él ha llamado a este esfuerzo, de manera coloquial “dejar el pellejo”, pero lo que en verdad está dejando es el alma en esta gesta por la libertad. Es como si quisiera en propia persona expiar los errores del país para dar lugar al nacimiento de una nación distinta, para abrir los caminos de una nueva alborada que ilumine el camino de la reconciliación y el desarrollo, sueño que no nos debe seguir siendo esquivo a los venezolanos.

opinan los foristas

Este singular hombre que se ha levantado como el ave fénix, de sus propias cenizas, ha concretado la proeza de concitar las esperanzas de unos venezolanos que no nos rendimos, que no vamos a dejar al país, que nos quedaremos aquí para disputar palmo a palmo cada espacio de libertad que nos quede. Y estos fervorosos ciudadanos que hoy pensamos que sí es posible un cambio político en la conducción del país, somos los mismos que sufrimos la tremenda derrota del 7 de octubre y que no tuvimos el ánimo suficiente de ir a votar el 16 de diciembre, acongojados como estábamos; sin embargo, bastó que la MUD decidiera que no había que dejarle el camino libre al régimen, que entonces parecía invencible, para que renacieran las esperanzas, nos activáramos con alegría de ánimo y decidiéramos votar el 14.

El destino es un sendero incierto que transita el arcano tiempo, cuyo destino sólo conoce Dios, por eso los predestinados siguen con encarnizada obstinación el reflejo de la luz que sólo ellos atisban en medio de la oscuridad de la noche. La siguiente carrera presidencial ha debido haber ocurrido dentro de 6 años, pero por esas condiciones azarosas de la vida, sobrevino seis meses después de la última. Los tiempos de Dios son perfectos y sólo Él conoce su duración. Pero todo apunta a que por la gracia del Señor, vienen tiempos de cambio.

Una cosa sí se ha encargado de recordarnos nuestro joven conductor político: ésta no es una lucha en solitario, sino una labor de todos y para ello nos convoca el domingo 14 a votar, con fe, con entusiasmo, con disposición. Cuando uno observa ese pequeño milagro que se ha producido en tan corto tiempo en la sociedad democrática venezolana, uno se ve forzosamente obligado a ponerse en el lugar de los seguidores y líderes del régimen, los cuales deben estar convencido de que no nos van a acorralar, que no se podrán tomar el país para ellos, ni podrán hacer lo que les venga en gana, porque a pesar de lo que hemos padecido nosotros en estos ya 15 años, seguimos firmes parados en nuestra propias convicciones, sin dar un paso atrás, descontando en cada proceso la ventaja que nos llevaban, por lo tanto ellos saben, en su íntima convicción, que vanos han sido sus intentos por borrarnos del mapa político del país, y algo más grave aún, están ciertos que el futuro nos pertenece. Yo tengo un pálpito de que Capriles va a ganar. Las tendencias se invirtieron y la intensidad del ritmo de cambio es vertiginosa. Creo que al igual que Mokus o Lourdes Flores, Nicolás va a perder en la raya. Si este vaticinio se cumple tendremos en la presidencia no solamente a un predestinado, sino a un enterrador de mitos.


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