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opinión

Pedro Lastra

Los artistas al bate

11 abril, 2013

Entonces sonreímos diabólicamente, medio en vigilia, nos damos vuelta y seguimos roncando. El tiempo de Dios será muy perfecto, pero nosotros somos sordos.

opinan los foristas

Es tan perfecto, que sus campanillas llevan años repicando. Para llamarnos la atención y ponernos atentos, alertas, moscas. Hasta despertarnos del todo y hacer lo que tenemos que hacer. Que es cumplir con el sagrado deber de ayudarnos, para que Él nos ayude. Ajustar nuestras manecillas al tiempo de Dios que es perfecto. No a las del reloj de Satanás, que es despelotado, traicionero, arbitrario. Con las manecillas girando al revés, marchando en reversa, como lo cuenta el merenguero dominicano.

Desaparecido el incordio demoníaco, la esfera se ha hecho más transparente y ya como que comenzamos a leer las manecillas con mayor atención, con mayor exactitud. Por ejemplo: citando a la tribu de la alegría, del arte, de la fantasía y la ensoñación, esa maravillosa tribu de la Libertad que no soporta el dolor, los sufrimientos, los abusos, la tristeza y se empeña a hacernos soñar para que asuma sus funciones de salir a despertar a la gente, a encantarla, a seducirla, a contarle historias y hacerla reír.

No me las quiero dar de adivino cósmico, pero ¡cuánto no he rogado para que los políticos comprendieran que una campaña sin emoción es como un pájaro sin alas! ¡Que la tribu de los cantores, músicos, actores, poetas es el reservorio de la felicidad y cuya misión consiste en recordarnos la felicidad en tiempos de penuria y la alegría en tiempos de tristeza! Pero vino el Revocatorio, y nada. Vino Rosales, y nada. Les golpeábamos la puerta y les tirábamos piedrecitas a sus ventanas, pero los políticos estaban demasiado absortos en la guerra como para atender a unos loquitos que sueñan con la paz. Llegado el momento del mensaje creían que bailar era más importante que reflexionar y brincar más provechoso que mirar al futuro.

Les gritábamos: ¡la verdad es igual a la belleza! Y ellos entendían “¡pan y circo!”. Hasta que el buen Dios – le bon Dieu, como dicen los franceses – decidió intervenir, limpiarles los oídos y hacerles ver que un actor vale más que un pájaro imaginario y un cantante que no arriesgue su cuerda, no arriesga su vida.

Esta campaña ha dado un giro de 180° desde que la tribu de los soñadores entró en escena. Que no se bajen jamás, para que nos acompañen al puerto de la Libertad. Como lo dijo un romano hace 2500 años, ars longa, vita brevis: El arte es largo, la vida es breve.



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