end header begin content

opinión

Diego Loyo

El Secuestro de la Historia

12 abril, 2013

Francis Fukuyama, en su libro “El Fin de la Historia y el Último Hombre” (1992), alega que la historia – entendida como la lucha de ideologías – habría llegado a su fin con la caída del Muro de Berlín. Sin adentrarnos en lo errado de su planteamiento, hemos de admitir que, en efecto, la desintegración de la URSS y la caída del Muro de Berlín sirven como fin de un capítulo histórico, incluso dentro de la misma concepción de Fukuyama. Lastimosamente, el fin de dicho capítulo pareciese no haber llegado jamás a Venezuela; peor aún, en nuestro país la Historia está secuestrada. Pero, ¿quiénes son los secuestradores?

opinan los foristas

Por un lado tenemos a los chavistas, engendros de los comunistas de antaño. Estos aclaman la construcción de una mejor y más innovadora pirámide que aquella realizada por Mao, Lenin, Stalin o el mismo Fidel. “¡Admiren todos nuestra magnífica pirámide!” aclaman, y muchos responden “ohhhhh” con tono de embobada admiración ante la (des)construcción. Pero esta pirámide, como todas, es un cementerio, está muerta por dentro. Las pirámides egipcias, como bien saben, se construyeron mediante esclavos, latigazos e inclemencia, con el único fin de sepultar a una momia, inerte a pesar de su conservación. A pesar de ello, los capataces repiten incansablemente que todo esto se hace por el bien del pueblo: “los dioses se verán satisfechos por tu sacrificio” te dicen antes de auparte a latigazos. Por si fuera poco, recuerden que, enterrados con el Faraón, quedan también sus súbditos y pertenencias. Nadie hereda; no hay ningún provecho proveniente de la pirámide.

Por otro lado tenemos a la oposición, la cual no critica en ningún momento la pirámide, sino la forma en que se construye. “Nosotros haríamos una mejor pirámide, nosotros tenemos mejores capataces que los tratarían mejor, nuestra edificación sería más grande y cabrían todos”. Están arando en el mar, en el vacío ideológico y si bien pueden atraer gente, nunca convendrán en un cambio real ya que siguen anclados al pasado, a un capítulo de la historia ya caduco. Aceptan el mito de la pirámide y lo glorifican poniéndolo por encima de actores actuales o antiguos. Con diferentes capataces pretenden construir una pirámide, un cementerio más para enaltecer al mismo Ra ideológico.

Ambos grupos, duélale a quien le duela, están emparentados. Ciertos sectores opositores no quieren reconocer en los chavecos a sus sobrinos y primos, nacidos del seno de la misma familia y solo circunstancialmente distanciados. Otros grupos quedarían atónitos y mudos si se les hiciese una prueba de parentesco: creyendo ser de otra casta, en verdad están genéticamente vinculados con quienes (aparentemente) gobiernan el país.

Nuestra generación al igual que la precedente, inmersa en esta situación, no ha terminado de comprender el secuestro del cual somos víctimas. Se trata del Síndrome de Estocolmo colectivo más perverso jamás antes visto en nuestros países. Los más incautos creen poder liberarse del secuestro apoyando a la oposición, sin saber que lo que hacen es alejar aún más toda posibilidad de emancipación por la legitimidad que le otorgan a las reglas y las instituciones del régimen faraónico que aflige a Venezuela. Cambiar de caras puede dar un falso alivio momentáneo, pero solo cambiando de sistema es que se lograrán cambios reales en el país. ¿Habrá la voluntad para ello?

Fukuyama no estaba en lo correcto. La Historia aún no ha terminado y Venezuela lo demuestra. No sirve con cambiar unos capataces por otros. El sistema seguirá siendo el mismo conduciéndonos a resultados igual de decadentes. Debemos terminar de romper nuestras cadenas. Solo así, recuperaremos la Historia y podremos volver a transitar en ella. Solo así llegará la Venezuela Futura, la del desarrollo, en vez de seguir encadenados al pasado.



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com