opinión

Contra la imposición de la sumisión

27 Abril, 2013

“Cada Estado es una comunidad de algún tipo, y cada comunidad se establece con una visión de algún bien; porque la humanidad siempre actúa para obtener aquello que piensan que es bueno. Pero, si todas las comunidades apuntan hacia algún bien, el Estado o la comunidad política, que es la más alta de todas, y que abraza al resto, apunta a un bien en más alto grado que cualquier otro, y al más alto bien.” Aristóteles

Para quienes guardamos en la mesita de noche una concepción sana del “socialismo democrático” ideal o moderno, “conservadores” y “revolucionarios” a veces parecen funcionar como malos discípulos de si mismos. Quizás ambos compartan la frase o promesa de “La imaginación al poder”, planteada originalmente por un estudiante protestatario de la Sorbona. Y con ella vuelven a la obsesión que tienen con el pasado, el pasatismo, el regreso, la repetición, la invocación mimética de doctrinas o eventos ya devorados y superados de la Historia. Pasa así la “imaginación” a ser reiteración y “revolución” redundancia. Siempre con el método de volver a algo -Marx, Dios, Buda, Lenin, Castro- o de recomenzar algo… El espíritu “revolucionario” se reemplaza por el de imitación: entre viejos y jóvenes cunde el deseo de algo que sea algo más que la sombría fidelidad a un fracaso ya reconocido, para lo cual tienen una amplia variedad de casos a elegir. El chavismo ha seleccionado un fracaso largo y vivo: el castrismo.

opinan los foristas

El chavismo se siente a gusto con el castro-comunismo porque la realidad social que allá se afronta no requiere certeza de soluciones; si la cosa se les complica, simplemente se les rehuye; sólo se acentúa el control informático, el silencio, sin siquiera buscar coartadas para eliminar lo que se le opone; se conforman con una cotorra que presenta los problemas “bajo una nueva luz”, con desprecio olímpico hacia la verdad, apelan al “manual de azotes verborrágicos y antigringos”, y chás: chillan cual recias víctimas de acoso sexual, como no pueden hacer los cubanos con las “momias eternizadas” jurungándolos a diestra y siniestra, y como –qué cosa- sí pueden hacer los “gringos imperialistas” protestatarios que colocan en su bandera – en vez de estrellas- los logos de las transnacionales.

En Cuba no se puede hablar de reivindicaciones de cualquier tipo. Como el chavismo en su acoso a los medios, hay consciencia “revolucionaria” de que las miserias deben ocultarse porque es “mal vista” por los responsables administrativos el sistema. Esto es el pasado fracasado que adopta el chavismo como futuro promisor: todos deben soportar las dificultades porque “mañana…(colocar aquí cualquier promesa renovable)”. Es la tesis de la rentabilidad espiritual de la pobreza, para lo cual tampoco está previsto un procedimiento eficaz.

En el chavismo es imposible medir la rentabilidad de las inversiones, eso es “secreto”, como es lo que debe o no debe invertirse en cada área social de la complejidad presupuestaria (además del Registro Electoral); son materias reservadas para quienes quizás en sus casas reconocen como “genios excepcionales en cada materia”, a diferencia de otros que no usan boina roja y no importa si estudiaron. La línea Política oficialista es que esta vaina no es asunto de quienes no baten los huevos para su torta, ya que esas son viejas y malas costumbres de “endenantes” y, además, “no volverán porque…(aquí elija epítetos insultantes variados)”. Y aún ahí dentro, en esa caja negra, sólo algunos pocos saben cómo se bate el cobre o los cobres. Obviamente, estas son pamplinas, mentiras de los conspiradores, porque ellos actúan “como un solo hombre” (literalmente), quien logra hacer de ellos un asopado o minestrón de esclavos, con arepas mojadas flotando como cerebro. Llámesele la unión de la sumisión.

A estos castrados de intelecto sólido los une el pasado fracasado, ya que son consecuentes con la ausencia de democracia interna y reconfirman que el comunismo no ha respetado las libertades en ninguno de los países donde conquistaron el poder. Se les desnuda la insignificancia cuando no pueden responder a nada si -antes- el “jefe” nos les da permiso, cual eunucos que abolieron sus esféricas voluntariamente e hicieron del piripicho un bicho piche; son incapaces de crecer, cual hermafroditismo político, porque nunca supieron organizarse en torno a un programa, se dislocan por la incapacidad de definir una política socialmente efectiva (ni hablar de ejecutarla) y se deshacen en un ballet de alianzas y rupturas inherente a su innato nihilismo. El Principio de Peter aun no ha llegado al conocimiento del chavismo. Y cuando en el menú tienen que elegir entre papas y pasta, piden caviar.

Es línea política coherente afrontar esa mediocridad, enérgicamente, más allá de los trapos rojos del “jefe”. Observando bien a estos “parapetos”, conviene recordar que en política nada es decisivo si obramos en función o en favor de lo que nunca habrá de ocurrir: desde que el chavismo llegó, tenemos un equipo de esperpentos que nunca harán otra cosa diferente a derretirse como bolas congeladas en el caliente desierto social; ahí no ocurrirá otra cosa diferente a lo que ya hemos visto. El ataque a todos esos frentes abiertos –como heridas sin cura- debe hacerse con experticia e implacablemente.

Si Aristóteles hubiese propuesto la abolición de la esclavitud (allá, antes de Cristo) habría sido más estimado aun, pero no un hombre político (nadie o pocos hubieran votado por ello). Pero la política es el arte del futuro sólo si sabe –antes- ser el arte del presente. La excomunión desdeñosa del capitalismo evolutivo en nombre de un “socialismo de cartel”, equivale a elegir el subdesarrollo para no revisar un dogma. Los sumisos se dividen al acercarse el blanco contra el que disparan. Dan marcha atrás cuando ven que se acerca el día del cambio posible. La partida debe ponerse seria, superando el miedo al cambio, ya que en el temor de una mala dirección, la acción vence a la palabra, y es un elemento sumamente justificable y aplicable.

Estamos iniciando una transición con resistencia. La estrategia opositora de doble vía –funcionando al unísono- debe ser brusca en la apertura y exposición de los diversificados puntos débiles del chavismo. Se trata de un plan estabilizador de la verdad, de hechos perfectamente lógicos. El plan desestabilizador lo tiene el chavismo, que ha incumplido el contrato que lo ligaba a los venezolanos, cuyo esclarecimiento no puede ser para cuando ya no pueda traducir políticamente esa “rara luz”, para cuando de nada pueda servirle. Es hora de una neutralización del autoritarismo y de quienes se pongan al servicio de una visión de futuro.

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