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opinión

Enrique Meléndez

¿Cómo queda Teresa Albanes?

30 abril, 2013

Mientras más se nieguen a revisar los cuadernos electorales, más sospechas siembran en la opinión pública. Yo me pregunto: ¿cuál fue la razón por la cual la Tiby tuvo que ponerse el brazalete de los golpistas del 4 de febrero de 1992, con ocasión de la muerte de Hugo Chávez? Fue así como le dio carácter de apéndice del Ejecutivo al CNE, pues ese brazalete colocado de esta forma implicaba una toma de posición política. ¿Está comprada la Tiby? Lo que está a la vista no requiere explicación: ahora “cuatrofebrerista” de buena fe sí que no lo es.

opinan los foristas


He allí el por qué el ex presidente Andrés Pastrana le reviró a la Tiby, a propósito de una carta que ésta le envió, y en la que lo invitaba en calidad de observador a estar presente en las elecciones del pasado 14 de abril. Este le hizo ver que no quería involucrarse en un asunto, donde había un árbitro que, con todo el descaro del mundo, se mostraba parcializado hacia el régimen, y se lo dijo en su propia cara, quizás, para cobrarle su irrespetuoso cinismo, al rematarle que la prueba de ello era la propia composición del CNE.

Así por más que se tongonee esta señora, como reza el refrán, siempre se le ve el bojote. Aunque a decir verdad a la Tiby ya no le importa más nada; puesto que está por salir de escena; ya se le vence el periodo en el CNE, y lo más probable es que se vaya a una embajada, como ya viene siendo una costumbre de este régimen, premiar a sus funcionarios más prominentes con una embajada en determinado país, y así que se ha filtrado que ya sus familiares han marchado al extranjero.

Pero el hecho es que esta gente, bajo estas circunstancias, se ve acorralada. El chavismo boca sucia se pregunta la razón por la cual uno ahora viene con la idea de impugnar las elecciones del 14 de abril; cuando desde el referéndum revocatorio del 2004, momento en el que se suscita una situación parecida a la que estamos viviendo hoy en día; situación signada por una fuerte sospecha de fraude; algo que no es que no se pudo demostrar en su momento, sino que, como sucede ahora, a estos sujetos les resbala así haya o no evidencias.

Entonces la opinión pública le pedía al CNE, presidido en aquellos días por el inefable Francisco Carrasquero, también una auditoría electoral; algo que se llevó a cabo, en efecto, pero de una manera chucuta, digamos este caso, a la manera de la Tiby. Henrique Capriles lo ha sintetizado muy bien en la expresión: toque con los ojos, y mire con las manos. De modo que aún quedó una duda con respecto a este proceso; jugándose, en ese sentido, la reputación el Centro Carter, que participó en dicha auditoria, y a partir de ese momento dejó una mala impresión en nuestra opinión pública.

Desde entonces quedó prohibido hablar de fraude; sobre todo, porque se partió de un criterio, que en esta oportunidad se cae de una manera estruendosa, y como es el hecho de que las encuestas habían dado unos resultados, previamente, que ahora coincidían con las cifras que Chávez había sacado en la oportunidad; además, hasta se ridiculizó esa tendencia que había en la opinión pública, de expresar que, a partir de cierto límite de votantes, que sufragaban por la oposición, de allí en adelante los votos de esa misma voluntad se orientaban hacia la opción de Chávez.

Incluso, Tulio Alvarez llevó a cabo toda una investigación; en la cual demostraba dónde estaba el fraude de ese referéndum de 2004, y en qué consistía; pero nadie le paró. Porque ese criterio de las encuestas, cuyas mediciones daban casi exactas con los resultados que se obtenían, luego, a propósito de la jornada electoral, comenzó a privar en la opinión pública, de tal manera que, a ese respecto, se pudiera hablar de la época de la dictadura de las encuestas; aparte de que se consideró que toda especulación acerca del tema del fraude lo mejor era dejarlo para otra ocasión; en virtud de que exacerbaba en la ciudadanía el sentimiento de apatía y de indiferencia, como se vino a demostrar al año siguiente, con ocasión de las elecciones parlamentarias de 2005, y donde se registró una abstención de casi 75%.

Porque lo primero que se ha caído en esta oportunidad ha sido el mito de las encuestas. En la recta final, que sería la primera semana de abril, no bajaba ninguna de 6% a favor de Maduro, llegando Oscar Schemel a hablar de un 16 ó 18 por ciento; agregando que en ninguno de los escenarios, que tenía su encuesta de medición, daba ganador a Henrique Capriles, y que es lo que está en evidencia; es decir, que Capriles sí triunfó en las pasadas elecciones; estando de su parte la convicción en la conciencia del venezolano de que sí hubo tal atraco electoral, como lo está en la comunidad internacional; agregándose este rechazo del CNE a dejar que sean revisados los cuadernos de votación, y lo cual compromete, seriamente, la legitimidad de Nicolasote.

¿Cómo queda la pobre Teresa Albanes, a quien le impusieron una multa, por haber quemado los cuadernos, que se utilizaron en las elecciones primarias de la oposición el año pasado? Este solo caso mueve a la opinión pública mundial, a propósito de la conducta chivata de esta gente. Porque el problema es incompetencia, y así como la trama de trampa electoral hizo aguas; aquí habría que decir que por muy trillada ya, toda la estructura populista del chavismo también ha hecho aguas; pues esta estrategia basada en el soborno ya no cuenta con recursos, para poderse sostener, y en esa partida habría que incluir a los “amigotes” de Hugo Chávez del campo internacional; que tarde o temprano dejarán solo a Maduro, y en el camino descubrirán que hay toda una normativa diplomática internacional, y que le que da carácter de ilegitimidad a su régimen: una prueba anticipada de ello fue lo que pasó en la última conferencia de UNASUR.

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