opinión


El Nacional / ND

Si fuera opositor al chavismo sin Chávez

27 Marzo, 2013

I Me inclinaría a pensar que el chavismo sin Chávez se inaugurará después del 14 de abril.

Que hasta entonces, el presidente Chávez seguirá presente a través del duelo de sus partidarios y que, al margen del resultado en los votos, después del domingo electoral será otro cantar.

opinan los foristas

Acordaría con Perogrullo en que la muerte del presidente Chávez obliga a la oposición a replantearse muchas cosas.

Y no tendría duda de que comienza para nosotros un nuevo tiempo político.

II Haría un balance sincero, sin sucumbir a la nostalgia por épocas anteriores.

Recordaría, por ejemplo, que la polarización fue incubada en la campaña electoral de 1998 mediante una alianza en torno a la “vieja política” contra el candidato Hugo Chávez, lo que dio inicio a la fastidiosa y larga temporada de los apegos binarios.

Reconocería, asimismo, que la división del país no tiene el exclusivo “copyright” chavista (aunque desde el Gobierno se hicieron “aportes” estratégicos importantes), ¿o es que acaso podía presumir de unido y equilibrado un país que en los últimos años dejó por fuera a un gentío? Tendría en cuenta que los intereses de los sectores más acomodados y los de los más pobres se comenzaron a percibir como distintos, hasta contrarios, lo que dio pie a que se politizaran las diferencias sociales y puso fin a la “ilusión de armonía”, término que describía el clima político venezolano.

Admitiría, así pues, que en tiempos chavistas se visibilizó políticamente al país excluido, tanto en términos reales (vía las misiones) como (sobre todo) simbólicos.

Asumiría, en consecuencia, que el chavismo no ha sido una simple anécdota dentro de la historia nacional, suerte de misterio en un país que marchaba como Dios manda.

III Miraría con detenimiento las claves del mensaje político del chavismo, su capacidad para interpretar la sociedad desde sus eslabones más débiles, de fortalecer políticamente a los sectores excluidos y establecer su vinculación con el poder (“Todos somos Chávez”).

Admitiría, en contraste, que no obstante los cambios apreciables de un tiempo para acá, el mensaje opositor ha sido concebido desde los grupos A y B de la población, lo cual no lo hace inválido, pero sí incompleto.

Estaría convencido de que el discurso exclusivamente antichavista no alcanza.

Y de que el importante capital electoral de la oposición no se ha traducido hasta ahora en capital político.

IV Desconfiaría de la simplificación según la cual todo lo ocurrido durante estos tiempos se explica por la renta petrolera, aunque ésta fuera, desde luego, un lubricante de primer orden.

Sería consciente del surgimiento de una nueva cultura política asentada en un nuevo relato sobre el país.

De que dicho relato es simple y maniqueo, no requiere pruebas para ser aceptado y es capaz de darle significado a la vida social del venezolano.

Y que el mismo introdujo códigos no políticos (religiosos, emocionales), fundamento, en medida apreciable, de un mensaje emitido desde el pulpito mediático.

Estaría, pues, convencido de que buena parte del país se entiende a sí mismo de otra manera y que las aspiraciones sembradas en torno a la inclusión social ya no podrán ser dejadas de lado.

V Manejaría la hipótesis de que, en ausencia de su líder-caudillo, el chavismo no podrá ser tan chavista.

Que no podrá ser tan épico ni tan ideológico, tampoco tan emocional.

Que la realidad hará de las suyas y le dejará ver que el país ya no puede continuar por donde se viene.

Que tendrá que poner un cablecito a tierra (¡los chinos serán los primeros en aconsejarlo!), visto que ya no contará con el parachoques que significó Hugo Chávez.

Y que, de paso, tendrá que pagar los vidrios rotos que le dejó el jefe.

VI Consideraría la posibilidad de que el chavismo evolucione de forma parecida al peronismo sin Perón y derive en una suerte de franquicia política capaz de darles albergue político a distintas opciones ideológicas.

En este escenario no descartaría la posibilidad de que ocurra un reagrupamiento de las diferentes fuerzas, tanto chavistas como opositoras, puesto que para ambas Chávez fue el factor que más las determinaba.

Por último, trataría de apostar (en materia de esperanza nunca se tira la toalla) a fin de que cobre forma un juego político distinto, cuyo supuesto no sea que Venezuela es un país partido en dos mitades que ni se miran.

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