opinión

Se aprendió el himno de Cuba

26 Marzo, 2013

A partir de Maduro se ha consumado la Cubazuela. El hombre está orondo en su cargo; un personaje, por cierto, de corte antiguo; habida cuenta de que se pinta el pelo, a la manera de la gente de antes; cuando entonces se hablaba de una cierta vanidad masculina, y con su bigote, que recibe el mismo tratamiento de tinte negro, así se ve más muchacho.

opinan los foristas

-Ese –me comenta un señor ya mayor- ni siquiera conoció la dictadura.

O sea, se formó en la democracia que en otra época él calificaba de “puntofijista”; pues desde que esta gente habla cubano ya se olvidaron de esta terminología venezolana; que fue con la que llegó Chávez a la presidencia; ahora Maduro usa la expresión “democracia burguesa”, como le han enseñado a decir los cubiches, y con el perdón de la digresión; pero decía que se formó en esa democracia, y tiene una pasado de luchas clandestinas; ligado a actividades sindicales, pero en una forma muy caimanera; de modo que estamos ante el caso de mayor arribismo político de nuestra historia republicana.

Es decir, hay un país que formó estadistas de la talla de un Eduardo Fernández o de Antonio Ledezma; ambos muy curtidos en materia de avatares políticos; con formación intelectual; aparte de estar rodeados por equipos de trabajo, compuestos por profesionales muy calificados; el propio caso de Capriles Radonsky, para hablar ya de una nueva generación de potenciales estadistas, y quien lo demuestra a cada instante, a propósito de sus intervenciones; tanto más en estos últimos meses, cuando le ha tocado entrenarse, en el marco de su desempeño en el papel de candidato presidencial; no obstante la presidencia de la República viene a caer en manos de un ex dirigente sindical y de ideología trasnochada, si es que apelamos a su condición de marxista, y que es lo que lo aproxima a Chávez, siendo entonces un joven revolucionario, para el momento en el cual ambos se conocen; Maduro militaba en lo que en la década de 1970, cuando estudiábamos en la universidad, calificábamos de ultra-izquierda; grupos revoltosos; integrados, sobre todo, por gente muy resentida, yo diría que con complejo de pobre, pues ya a esa altura declararse revolucionario tocaba el capricho de la persona; si se parte del hecho de que el tiempo se había ocupado de desenmascarar al socialismo real, a propósito de la condición de sangrientos que adquirían los regímenes que se arrogaban como tal; tanto más, a raíz de la caída del Muro de Berlín.

-Este fue el guardaespaldas de Chávez, que me abrió esa madrugada la puerta de la habitación- refería un cómico de la televisión estadounidense, y quien era entrevistado en un famoso programa de entrevistas de un canal de EEUU, con motivo de un episodio, que se había suscitado con ambos sujetos, es decir, con Chávez y Maduro, en un hotel de Venecia; donde los tres estaban alojados, y este señor, en vista de que ruidos de voces muy altisonantes no lo dejaban dormir, pasada la medianoche, y las que provenían del piso de arriba, había decidido dirigirse a la correspondiente habitación, e indagar para ver que pasaba, y es cuando toca, y le abre Maduro.

Lo consideró un guardaespaldas de Chávez; no obstante, para ese momento era el flamante ministro de Relaciones Exteriores de su gobierno. ¿Acaso no transmitía su persona esa alta investidura? De todo menos ministro; porque, en primer lugar, se supone que un funcionario de ese nivel a esa hora debe estar durmiendo, dado el gran despliegue de actividad que le debe llevar dicho cargo durante el día; en segundo lugar, no debe andar de borrego de su jefe, ocupado en abrir la puerta de su habitación, cuando alguien toca.

Pero esta aberración política, que hoy estamos presenciando, responde por otra, y es la de que para poder escalar hasta tan alta posesión con una trayectoria política muy insignificante, ha tenido que renunciar a su condición de patriota, para sumirse a la condición abyecta más absoluta frente a los hermanos Castro, al punto de escenificar una de las conductas más bochornosas que compatriota alguno haya podido hacer, como es el de entonar el himno de Cuba. ¡Cómo pierde el tiempo este señor! Es como decir, tiene dos cédulas: una venezolana, la otra cubana; pero esta última es la que muestra orgulloso. Este es el colmo del descaro; dicho a lo criollo, el colmo de la jaladera de bolas a Raúl Castro; porque en verdad, esta conducta de Maduro no iba dirigida a uno el venezolano, que entonces hubiera sentido un poco de vergüenza frente a su compatriota, sino a Raúl Castro, que es donde está el carácter de la otra aberración, que acompaña a la primera, esto es, la de Maduro “el trepador”.

Debería manifestar que esto sucede con la complicidad de la ciudadanía; que no ha pasado de decir frente a este asunto esta boca es mía, pero que es hasta donde puede llegar, si se tiene presente que el cinismo de Maduro raya en lo soberbio; de modo que cuando le dicen que ha pronunciado el nombre de Chávez miles de veces, el tercio confiesa que lamenta no haberlo pronunciado un millón, y así, al tiempo que está ganando puntos con Castro, entonando el himno de Cuba; busca crispar a la ciudadanía con esta conducta; pero hablaba de complicidad, y, en ese sentido, considero que a quien más le atañe en este caso es a nuestras fuerzas armadas, habida cuenta de que esto en el fondo es un atropello a nuestra soberanía nacional. No se puede entonar el himno de otro país en nuestro territorio; tratándose de un acto, estrictamente, nacional. Nuestro himno está lleno de errores de sintaxis, y, en lo particular, yo lo encuentro feo; pero allí está condensado el espíritu de nuestra venezolanidad; como la bandera y nuestro escudo; símbolos patrios que nos llaman a serles fieles.

melendezo.enrique@yahoo.com

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