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opinión

Norcorea, Alí Lameda y un llamado a la oposición parlamentaria

31 marzo, 2013

Tomando algunos apuntes para el artículo de Noticiero Digital del venidero lunes, sobre las circunstancias que desembocaron en los comicios de 1963, tropezamos con el caso de los cohetes del año anterior, en Cuba. Nos hizo reflexionar sobre esas torpezas demenciales que nos arrojan no sólo a las crisis, sino a la inminente y masiva muerte de inocentes por terquedades fundamentalistas. Y, por ello, nadie puede dormir con tranquilidad cuando un país atrasado, sumergido en la indecible pobreza y enfermo por el culto a la personalidad, hoy no sólo tenga bien ojivados sus misiles, sino que – envalentonado – esté dispuesto al suicidio, arrastrando al mundo entero.

opinan los foristas

Suele ocurrir, por siempre el pretexto es el empleo de la energía nuclear con fines pacíficos y, a falta de una prensa libre, como del reconocimiento de otros derechos fundamentales, luce fácil ocultar los propósitos esenciales de una descomunal inversión que, a lo sumo, se convierte en una inspirada y adicional promesa de justicia social para el pueblo engañado. Pueblo que, además, cree defender la soberanía e independencia nacional, dispuesto a donar su sangre, cuando la comunidad internacional naturalmente indaga sobre las pretensiones y finalidades de ensayos disfrazados de una beata y repentina caridad.

La situación empeora al tratarse de naciones caracterizadas por el fanatismo religioso que, al llevarse por el medio al mayor número de infieles, dicen contar con el rápido ascenso y el mismísimo hospedaje en el paraíso de las sensualidades tan anheladas, como terrenalmente postergadas. Parece que no hay cupo para una mínima y sensata convivencia, en el desconcierto mundial que genera el terrorismo y el tráfico de estupefacientes, armas y órganos humanos, por citar apenas el tsunami que ha arrasado hasta la más elemental noción de Estado.

La dinastía comunista de Corea del Norte, aparentemente imperturbable, ha ideado armarse atómicamente como la mejor fórmula para su supervivencia, osando amenazar ya no a la Corea del Sur, cuya prosperidad la acompleja, sino a Estados Unidos y a todo aquel que ose atajarla en sus ya remoto compromiso de convertir al poder popular en potencia. Por familiar que nos parezca el récipe, el autor original fue Kim Il-Sung, el fundador del régimen. Sin embargo, es otra la familiaridad con ese lejano y desconocido país, amarga y frecuentemente olvidada.

Fotografía: Summa, Caracas, nr. 19 de 1970

Militante del Partido Comunista, el poeta caroreño Alí Lameda llegó a Norcorea para trabajar en la traducción al español de las obras de Il-Sung, y – en 1967 – fue apresado por el servicio secreto, acusado de espía. Pasó un tormentoso año, en un calabozo de dos metros por uno, devuelto a la soledad de un pequeño apartamento, expulsada su esposa del país, para volver a prisión por obra de un juicio en el que los camaradas cubanos testificaron en contra: una condena de veinte años de trabajos forzados, incomunicado, bajo condiciones infrahumanas, sin que nadie – en aquél y en este lado del mundo – supiera de su paradero, hasta que, enterado, Carlos Díaz Sosa emprendió el prolongado periplo para rescatarlo.

Convertido en un problema de Estado, el gobierno venezolano agotó a principios todas las diligencias posibles para sacar del campo de concentración a Lameda y traerlo, a principios de los setenta, siendo fue el chivo expiatorio de la confrontación que tuvo Fidel Castro con el PCV. Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, asumieron el problema como nunca lo hicieron los camaradas venezolanos o aquél amigo llamado Alejo Carpentier, a pesar de la inquietud que generaba su ignorada suerte.

No entendimos nunca, cómo hubo y hay un Grupo de Amistad Venezolano-Norcoreano en el viejo y nuevo parlamento, sin la mínima interpelación que el caso Lameda todavía suscita y, menos, sobre las actuales pretensiones belicistas del vástago de la dinastía y sus adláteres. Tenemos a la mano las versiones digitalizadas de un artículo del caroreño sobre Malraux (El Nacional, 01/07/58 ), otro de Pedro Beroes en torno a su poesía (Últimas Noticias, 08/07/78 ), y otros referentes (Deslinde, 15/06/69; y Summa, 05/70). Sin embargo, otra es la exigencia.

Quisiéramos de los parlamentarios opositores – adscritos a la Comisión de Política Exterior – que se incorporen el venidero martes, que planteen un proyecto de acuerdo que no importa que sufra le negación de su propia discusión por el oficialismo. Y que, al condenar con toda franqueza las aspiraciones belicistas de Norcorea, recuerden también por lo que pasó Alí.



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