opinión

Las Farc, entre Santos y Uribe

27 Marzo, 2013

La política colombiana se mueve siempre en “tiempo pretérito”. Por eso, si queremos saber lo que va a suceder mañana, debemos mirar hacia atrás y buscar en el pasado. Suponer, por no decir adivinar, que el expresidente Álvaro Uribe se iba a perfilar como como “candidateable” para las elecciones del 2014, después que la Corte Constitucional le negará la posibilidad de ser elegido por tercera vez, era tan predecible como un día de sol en Maracaibo. Que Juan Manuel Santos se lanzase a la carrera presidencial como el sucesor de Uribe y que una vez Presidente de Colombia hiciese a un lado la política de guerra total a las FARC de su antecesor, o de guerra fría con la vecina Venezuela de Hugo Chávez, era igualmente previsible.

opinan los foristas

Tan solo hay que recordar que Santos ya había participado en el año 1997, estando Ernesto Samper de salida, en un encuentro, el año 1997 en Costa Rica, con líderes de las FARC, para el “diseño y concepción” de una zona desmilitarizada. Dicha propuesta fue plasmada en una carta dirigida a Samper, en la cual le planteaba el despeje de un área previamente acordada en Colombia que “se convertiría en zona de distensión y diálogo”. Samper no pudo poner en práctica aquello, al no repetir en la Presidencia, pero su sucesor Andrés Pastrana si lo hizo entre 1998 y el 2002 con el conocido Proceso de Paz del Caguán, que lamentablemente fracasó.

Luego de ser el flamante Ministro de la Defensa del gobierno de Uribe, dirigiendo acciones militares contra las FARC, dignas de una película de Hollywood, recuérdese la “Operación Jaque” que liberó a Ingrid Betancourt y varios rehenes más, y la “persecución en caliente” sobre territorio ecuatoriano en marzo del 2008, que acabó con la vida de varios guerrilleros, entre ellos, del líder de las FARC Raúl Reyes, e incautó varias computadoras con valiosa información, era muy difícil pensar que Santos no se sintiese tentado a tratar de lograr el soñado acuerdo de paz con la guerrilla, conociendo como conocía, que lograr el cese de la violencia y la rendición de las FARC, era prácticamente imposible en un periodo de 4 años como Presidente de Colombia.

Tentación que también podemos sospechar le habrá pasado alguna vez por la cabeza al propio Uribe, durante los ocho años en que ejerció la presidencia, o ¿por qué no? después que la dejó, es decir, ahora mismo. Debilidad, por otra parte, que no tiene nada de malo, ¿a quien no le gustaría liderar las acciones que pusiesen fin a más de medio siglo de violencia, para que en Colombia hubiese paz y las FARC fuesen solo un mal recuerdo?.

El expresidente Uribe ha venido criticando la gestión de Santos en estos dos años y medio de mandato, acusándolo específicamente de negociar la reelección, para un segundo periodo, con las FARC. Pero en general, por sus relaciones amistosas con dicho grupo armado y los estados vecinos, desde su primer día al frente de la jefatura del estado. En este sentido se puede afirmar, que desde el 10 de agosto del 2010 en que Santos estrechó la mano de Hugo Chávez en Santa Marta, y estableció una política de relaciones cordiales y “entendimiento” con quien fuera el gran rival de Uribe. Es difícil no recordar, las gestiones de la senadora Pilar Córdoba y de Hugo Chávez, en el 2007, para tratar de alcanzar el éxito del Acuerdo Humanitario y la designación de la ciudad de Caracas como zona neutral para las conversaciones, así como el posterior desacuerdo de Uribe con Chávez, debido a las comunicación que este último sostenía directamente con el Alto Mando institucional de Colombia y que llevó a que el 21 de noviembre del 2007, el gobierno colombiano decidiera poner punto final a la mediación del presidente Chávez. Y es que a Chávez seguramente también le sedujo la idea, en algún momento, de ser el gran negociador de la paz en Colombia y de lograr lo que ningún presidente colombiano pudo hasta entonces. Y eso lo sabía perfectamente bien Álvaro Uribe.

Juan Manuel Santos, se ha propuesto ser el primero en hacerlo, él tiene ahora la ventaja. Las negociaciones van adelantadas, se dice que hay incluso algún que otro acuerdo preliminar firmado. Él no lo niega y ya habla de finales del 2013, como fecha límite. Uribe juega sus cartas, mientras tanto, apuntando a que, como pasó en el Caguán, se quede una silla vacía, que le dé a él tiempo, nuevamente, para volver a intentarlo.

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