opinión

El último déspota venezolano

26 Marzo, 2013

A raíz de la muerte del felón que gobernó a Venezuela entre 1999 y 2012, el aparataje político y comunicacional creado durante su gestión, ha iniciado una propaganda tendiente a destacar las acciones del teniente coronel, como el promotor para la reivindicación de los desposeídos, llegando al extremo irracional de mixtificarlo y nombrarlo como el 2do. Libertador de Venezuela, después de Simón Bolívar.

opinan los foristas

Cuando bajen las pasiones de ambos bandos, tanto sus seguidores como adversarios en lo ideológico y lo político, seguramente se podrá descarnar analíticamente, la realidad de su gestión administrativa, mientras tanto tenemos obras para el estudio como La Trama Estéril del Petróleo, del Prof. Héctor Malave Mata y otras que demuestran cómo se llevó a cabo esa gestión en el plano administrativo. Además de haber vivido en el tiempo cuando se adoptó el método Chaz, y le quitaron sus tierras y ganados a hacendados, por ser parte de una oligarquía, de ver la construcción del Complejo azucarero Ezequiel Zamora, que en 14 años no ha molido producido un kilo de azúcar, o la procesadora de tomates de Puerto Nutrias, que también duerme el sueño de los injustos, o el gasoducto del sur, entre tantas obras inconclusas.

Se dice que el papel es milagroso porque tiene la virtud de aceptar la tinta que se vierte en él y quienes escribimos tenemos la posibilidad de asentar nuestras ideas para que otros la conozcan. Esto es compartido por tirios y troyanos. Esto está sucediendo en la actualidad con relación a la muerte de ese felón. Sus seguidores todavía aprovechan la coyuntura del poder y de los recursos del petróleo para imponer a sus corresponsales tarifados en el plano internacional la propuesta de escribir acerca de su política inclusiva acerca de los pobres y de lo multiétnico en lo cultural, pero quienes estamos aquí en Venezuela, observamos que los pobres siguen siendo más pobres y nuestros aborígenes tienen que amarrar a los soldados con mecates en La Gran Sabana para que le reconozcan el derecho a la alimentación, salud y transporte a los pueblos más cercanos.

Pero lo que no necesitamos que nos cuenten ni dejar pasar el tiempo para su estudio y análisis, es recordar la paliza que le dieron a Elinor Montes, en aquella protesta por los derechos humanos, ni la negativa a recibir la ayuda de USA para la reconstrucción de Vargas, que todavía es una vergüenza, ya que sólo dos embaulamientos de los 37 están listos, y los dineros de la reconstrucción desaparecidos, o hablando en castellano, robados. Así como aquel paseo matinal por el centro de Caracas en compañía del Alcalde cuando expropió varios edificios para hacer un cuadrado histórico y todavía no les han pagado a sus dueños, como a las mayorías de las expropiaciones efectuadas por él. Cuestión adoptada también por los gobernadores militares como el de Vargas, quienes han seguido el ejemplo terrofago en desmedro de sus legítimos dueños, violando abiertamente la normativa legal venezolana.

Tampoco necesitamos que nos cuenten acerca de aquella orden pública para que le echaran gas del bueno a los estudiantes, así como tampoco la emitida para que le impusieran 30 años a la jueza Afiuni. De igual manera también tenemos presentes las maldiciones al gobernador Rosales y al pueblo de Israel, así como la expresión de que los curas eran diablos con sotanas y la promesa de verse con el Cardenal Velazco en el infierno.

Y pareciese que él finado teniente coronel tenía obsesión por conocer la realidad del infierno porque la comunidad internacional pudo ver su acción grotesca en la sede de Las Naciones Unidas, propia de un rufián de barrio demostrando su escasa cualidad de hombre pensante, cuando expreso que Satanás había estado allá y el podio todavía olía a azufre.

Tampoco necesitamos dejar pasar el tiempo para darnos cuenta del trato dado a los adversarios políticos, especialmente cuando se pretendió tomar el Congreso a la fuerza y los diputados tuvieron que montarse por las verjas para entrar a él, a quienes se les pretendió mancillar con el trato y la palabra, desconociendo el verdadero ejercicio de la política, de dar su aporte a la institucionalidad, indistintamente de la posición que se tenga, ya que aunque se estén en bandos contrarios, el fin común es el aporte de ideas para construir la patria grande.

Hay un dicho que forma parte del léxico popular que dice que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Eso está sucediendo con relación al legado que se quiere entronizar en nuestra realidad actual cuando se quiere endiosar a una persona, porque tuvo la habilidad y sagacidad de incluir en su discurso que era un predestinado por la providencia para redimir a los pobres. La cuestión fue que no pasó del discurso.

En cambio sus expresiones y actuaciones, de las cuales apenas hemos mencionado algunas, y que pudiéramos comparar con relación a quienes le precedieron en el cargo, lo ubican dentro de los personajes más tenebrosos y nefastos de la historia venezolana y latinoamericana, razón por la cual yo no dudo en ningún momento de calificarlo como el último déspota en la historia de Venezuela y el primero del siglo XXI.

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