opinión

Carlos E. Aguilera A.

El odio en el escenario electoral

26 Marzo, 2013

No ha habido espacio en el que Maduro, Cabello, Jaua, Jorge Rodríguez y otros voceros del oficialismo descarguen su visceral odio en contra del candidato presidencial de la oposición Henrique Capriles.

opinan los foristas

En sus diatribas utilizan injuriosos adjetivos con los que pretenden descalificarlo para hacer mella a su candidatura, pero ignoran que este agavillamiento, aunado al ventajismo del poder,(recursos económicos, utilización de bienes del estado, medios públicos de TV, emisoras comunitarias, periódicos, revistas, quincenarios y panfletos), lejos de perjudicar a Capriles le está brindando en este nuevo reto, un inconmensurable apoyo moral no sólo de quienes depositaron su confianza en su candidatura presidencial en el pasado proceso electoral en el que obtuvo nada más y nada menos, que 6.700.000 millones de votos, sino también de gentes que por múltiples razones se abstuvieron en aquella ocasión de depositar su voto.

Y estamos hablando de más de 3.000.000 millones de venezolan@s que ahora ven en la candidatura presidencial del flaco, la expiación de sus “mea culpa” que permitió se atornillaran en el poder los que ahora no ocultan su ambición por mantenerse en el mismo.

Pero, volviendo al inicio del tema de este artículo de opinión, el odio que expresan en sus declaraciones, ruedas de prensa, entrevistas por VTV y medios del oficialismo estos personeros del partido de gobierno contra Capriles, es una manifiesta demostración de lo que algunos expertos psicólogos califican que este sentimiento proviene del nacimiento y la crianza que a posteriori se convierten en caldo de cultivo de reacciones y sentimientos ruines, pues muchos de quienes expresan odio, en algún momento fueron ignorados, rechazados, maltratados o abandonados y son respuestas que en ocasiones nacen del odio por si mismo.
Entendemos y de acuerdo a lecturas que a lo largo de nuestra carrera profesional hemos realizado, el odio tiene una función de autoprotección de la dignidad, de defensa del ego, pues una válvula del resentimiento o la respuesta a una injusticia notable o reiterada, pero pese a las formas de justificación que puedan tener, es negativo en muchos aspectos, pues además afecta la salud, especialmente el sistema inmune, el hígado y el corazón. Se ha llegado incluso –de acuerdo a numerosas investigaciones – a encontrar relación entre algunos tipos de cáncer y odios profundos no perdonados.

En el marco de las relaciones personales, el odio es un mortífero veneno que impide el encuentro, la comunicación, la armonía y la convivencia basada en la comprensión, el acuerdo, el aprecio y el respeto. Odiar es muy fácil, pues solo basta con pensar que somos los buenos, los indicados, las víctimas. Menos fácil es dejar de odiar, ya que se requiere mente abierta y corazón dispuesto, para enfrentar el veneno. No hay mucha ciencia en quejarse, morder, gritar, insultar, maldecir y golpear. Para eso sólo basta seguir el instinto animal; tener una excusa, elegir un enemigo y verter en la sangre un poco de adrenalina.

Nunca antes en la historia de Venezuela, en los procesos electorales durante el quinquenio democrático, en la era pre chavista, se había utilizado el poder con tanta abulia, abuso, prepotencia e insultos de toda índole con lenguaje vulgar y falta de respeto contra los adversarios que aspiran a dirigir los destinos de la nación. A ello sumamos el caos tan profundo, que lo sume en una dolorosa tragedia. Un país en el que entre otras cosas, la corrupción se ha convertido en un virus mortal que está desarticulando todas las arterias vitales que sustentan su estructura social así como son los principios éticos y espirituales, los valores morales y cívicos, que constituyen el pedestal sagrado que alimenta e impulsa su civismo, desarrollo y grandeza.

Y es que el candidato del oficialismo está más distraído en atacar a su adversario Capriles, por lo que no ha tenido tiempo en los 100 días que lleva al frente del poder, para apagar el fuego de la indignación popular que él mismo suscita por falta de un programa de gobierno, serio y responsable como le impone y exige su alta investidura. Esta laxitud ha profundizado la crisis económica, así como de la impunidad ante el incremento de la inseguridad que tanto daño le está haciendo a la familia de miles de hogares venezolanos, y que jamás se había registrado en la historia del país.

Maduro olvidó que su más alto compromiso no es con la tan cacareada y mal llamada revolución bolivariana, sino con el colectivo nacional anhelante de la paz y tranquilidad de la que siempre disfrutó en años pretéritos.

Tienen vigencia ahora más que nunca las palabras de Lord Chesterfield, quien en cierta ocasión subrayo: “La gente odia a quienes les hacen sentir su propia inferioridad”.

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

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Twitter: @_toquedediana


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