opinión

¿Lucha de clases o consenso democrático?

26 Marzo, 2013

“Estamos en una lucha de clases” Mario Silva

“Uds. tenían que haber rezado mucho para que Chávez siguiera vivo porque Chávez era el muro de contención de muchas ideas locas que a veces se nos ocurren a nosotros” Diosdado Cabello

“Son tan ingenuos los marxistas, al creer que construirán un paraíso, como aquellos capitalistas que suponen ser felices por el simple hecho de tener el control económico” Vecino

Querido Jim: La idea de la lucha de clases es el producto de un error de razonamiento cometido durante el siglo XIX, especialmente por F. Engels, al aplicar la lógica Hegeliana y marxista en forma incorrecta, confundiendo lo que es una contradicción y la existencia de partes de un sistema con la conclusión de que dichas partes están o son enfrentadas por naturaleza. El siglo XX de la mano de L. Von Bertalanffy y N. Wiener fundamentalmente, aclararon el enredo al propiciar que las partes de un sistema se complementan para poder dar a origen a las propiedades emergentes, las que surgen como consecuencia de la coordinación de acciones ejecutadas por dichos componentes. Es lo que ocurre en una pareja, por ejemplo, donde hombre y mujer no son opuestos, sino que actúan con independencia para que las acciones respectivas se traduzcan en un balance de la pareja o la forma como un equipo de cualquier deporte coordina consensuadamente las específicas y diferentes actividades que cada jugador ejecuta. Para decirlo en modo más sencillo, imagina lo que hacen el pitcher y el cátcher para que exista el juego de beisbol. Cada uno hace algo diferente que enriquece y fortalece lo que el otro, en forma diferente lleva a cabo.

opinan los foristas

Por esa misma razón, el marxismo fracasó rotundamente en 47 países donde se implementó (incluyo a Venezuela, por supuesto) ya que parte de ese error garrafal: basar toda su razón de ser en que los ciudadanos de su región son enemigos acérrimos, por el simple e indispensable hecho de jugar posiciones distintas en el quehacer económico y político. No hay más razones de peso, esta es la motivación fundamental que dispara la cascada de disparates que los líderes empeñosos sostienen y no abandonan en su empeño inútil de creer que esa doctrina esconde un futuro esplendoroso. Cosa de fe, pues…

¿Cuánto cuesta el que miremos la realidad despejada de nuestros sueños y expectativas? La verdad, mucho. Los estudios indican que nuestras creencias compradas en ciertos períodos críticos de la vida borran cualquier evidencia que tengamos delante. Nos ciegan completamente frente a la posibilidad de aceptar que para que exista un obrero ha de existir una empresa, un gerente, una directiva, etc, donde cada uno de ellos desempeña algo totalmente distinto del otro. Negociar, hasta acordar, las alícuotas de inversión y ganancias es harina de otro costal que requiere habilidades específicas de comunicación, aceptación, tolerancia, justicia, equidad, etc, etc, en un marco sistémico donde cada uno de nosotros es una parte esencial y requiere condiciones de existencia satisfactorias para que marche bien todo el conjunto.

¿Entenderemos esto tanto “gobierneros” como “opositores”? o seguiremos jugando a que yo y mi grupo somos el ombligo del mundo… En eso se nos puede escapar el bienestar y el progreso que sólo lo lograremos entre todos.


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