opinión

David Guenni

Venezuela celebra la paz perpetua (la de los sepulcros)

9 Febrero, 2013

Hannah Arendt insiste una y otra vez en que el totalitarismo necesita de la violencia constante para mantenerse con vida. Cuando las condiciones para la instauración de un régimen totalitario no están dadas del todo, los movimientos que pretenden instaurarlo -y sus líderes- infunden el crimen y la bestialidad de forma sistemática, hasta vencer las barreras sociales que se levantaban entre el pasado y sus intereses de dominación total.

opinan los foristas

El primer gran caso histórico de creación artificial de condiciones para el advenimiento del hombre-masa totalitario, tuvo su gran director de orquesta en la figura del “camarada” Stalin. Responsable directo de la muerte de más de 30 millones de personas, este genio del control absoluto y aplastamiento de toda espontaneidad social entendía perfectamente el papel que la violencia y el salvajismo juegan para un proyecto de tales proporciones. Pero un régimen de semejantes magnitudes necesita de una gigantesca burocracia (incluyendo a un gigantesco aparato represor) para sostenerse en el tiempo.

El chavista es un régimen de connotada incompetencia; de distinguida incapacidad incluso para la consecución de los fines más bajos. Cuenta con una “élite” gobernante de penosa condición intelectual y profesional, y se pretende erigir sobre una nación que se toma todo light; un país caribeño, tropical, que asume todos los asuntos serios de la vida con una bendita (o maldita) y radical levedad. Entonces ¿cómo están haciendo estos rufianes para instaurar el neocomunismo, en estas tierras empapadas de la filosofía del “como vaya-viniendo-vamos-viendo”?

La respuesta es el hampa. Ya determinados opinadores han hablado sobre este tema, que pretende siempre esconderse bajo la alfombra para no ser visto. Pues haré que pisen este asunto de nuevo y que se vean obligados a sacarlo del escondite. El más perfecto aparato represivo del régimen chavista -por lo simultáneamente eficaz y eficiente- ha sido el sofisticado boom de la delincuencia urbana, de la violencia interpersonal desmedida, de la putrefacción absoluta del sistema estatal de justicia y penalización; del desbordamiento (luego de su implosión) del mundo penitenciario; etc. ¿Cuál es el propósito? La inhumana atomización de las relaciones sociales. La muerte de la asociatividad en Venezuela. El fin último es no solamente el silenciamiento total de la población; el objetivo es también la anulación completa de las capacidades de acción de los individuos.

La violencia genera miedo; el miedo, desconfianza; la desconfianza, odio; el odio, más violencia… La espiral de todo esto genera ese hombre (esclavo) atomizado: solo y sumido en su propia miseria, a la vez buscando desesperadamente algún rincón de actividad que le dé sentido a su vida; alguna ideología por la cual sacrificarse; alguna causa por la cual entregarse. Esa causa, en muchos de los sectores de la sociedad que más sufren la violencia y la delincuencia, termina siendo el partido de gobierno, o algunos de sus organismos paralelos / colaboradores.

73 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2012 ¿Cómo les quedó el ojo? El país ahora camina entre las tumbas de un gigantesco cementerio. Vuelve la obra de Stalin: la gran máquina trituradora de vidas humanas; la gran alfombra roja de sangre para que desfile el neototalitarismo.

@DavidGuenni

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