opinión

Milagros Mata Gil

Leyendas contemporáneas y obsesiones

11 Febrero, 2013

I.

Los medios audiovisuales pueden ser fuente de nuevas leyendas y hasta de mitos, creadores de monstruos. Desde hace un par de años, por ejemplo, el Chupacabras ha pasado a ser el protagonista de historias muy diversas que han merecido la atención de los medios audiovisuales de difusión masiva y de las revistas especializadas en fenómenos esotéricos, extraterrestres y paranormales. ¿Qué es, quién es ese personaje de tan sugestiva denominación? El Chupacabras es una criatura que se alimenta de sangre. No es la única, por supuesto, porque todos hemos escuchado las historias de vampirismo. Todos conocimos en su momento lo que sucedía en el Haití de Duvalier. Todos hemos vivido de una u otra manera realidades de esa naturaleza. Hemos visto abundantes películas y hasta una serie de televisión con un vampiro curable, como lo fue Barnabás Collins.

opinan los foristas

El asunto del Chupacabras es que se sale de las definiciones conocidas: su aspecto físico (cuerpo robusto, ojos pequeños y rasgados, nariz prominente, cabello ondulado, color beige, manos con dedos de uñas largas que podrían deberse a su afición por interpretar instrumentos de cuerdas y que son usadas para desgarrar las carnes de sus enemigos, si fuere indispensable, y orejas puntiagudas) y las formas que utiliza para alimentarse (extraer sin prácticamente ningún otro daño la sangre de sus víctimas hasta hacerlas morir) han hecho que la gente especule: ¿es una manipulación genética?¿es un extraterrestre?¿es uno venido de dimensiones paralelas a la nuestra?¿es un enviado de Dios para castigar los pecados de esta generación?¿es una plaga viviente?

Las últimas explicaciones sobre su naturaleza apuntan hacia estas versiones:

a) El Chupacabras es un mestizo de extraterrestre con terrícola, monstruoso engendro nacido por error que tiene la capacidad de reproducirse.

b) Es un experimento de manipulaciones genéticas que falló y cuyos productos escaparon y se reproducen cumpliendo las leyes de la adaptación de las especies.

c) Es un ingenio genético, fabricado con intenciones políticas.

II.

El problema del Chupacabras es el mismo de la Verdad. Sólo se tienen versiones sobre él. No hay pruebas fehacientes de su existencia. No existe un corpus que permita verlo, analizarlo, observar sus características, conocer sus intenciones y necesidades, sacar conclusiones. Si se quisiera hacer un estudio etnológico y/o etnográfico sobre el Chupacabras, no se podría contratar un muchacho del pueblo X para que lo realice, y ni tan siquiera a especialistas con grados académicos y conocimiento de otras lenguas, pues no existe la referencia objetual, como diría el padre Aristóteles.

Claro que si uno, invocando el aparataje lógico y científico que ha aprendido durante dos o tres décadas de escolaridad y rigor científico, dice esto, es inmediatamente desmentido por aquellos que ponen la fe por encima de toda otra demostración. Y no hablo solamente de la fe en la Divinidad, o en los postulados de cualquier religión o militancia, sino de otra fe, más postmoderna: la fe en lo que transmiten los medios audiovisuales de comunicación masiva, fe inserta en otra: la de obtener ganancias y prebendas manifestándose como fervoroso creyente en las intransigencias y/o las estupideces de los que detenten o pretenden detentar algún tipo de Poder. Por esos uno no es desmentido, en el estricto sentido de la palabra, sino más bien desmitificado y descalificado al otorgársele los adjetivos de: a) ignorante, b) incrédulo, c) malintencionado, d) burlón, e) irreverente, f) pelético, g) peletancudo y hasta un h) de clientelar, traidor o buscón de salarios de deshonra a fuerza de negador de maravillas.

III.

De todas formas, ninguno de los que hoy versionamos la Verdad, en cuanto al Chupacabras o los Vexilos o cualquier otro tema, podremos saber si esa Verdad tendrá consistencia para ingresar al acervo de los pueblos por las vías del mito, de la leyenda, de la ciencia o de la fe. Habrá que esperar los hechos. Los resultados que se verán en 13, 15, 27, 30, 42, 45, 60 años, o quizá más.

@milagrosmatagil

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