ni tan al margen

(humor) Me encontré a Chávez en el cafetín del Hospital Militar

19 Febrero, 2013

Raulito / imagen Juan Carlos Neira.- Ayer fui al Hospital Militar porque el señor que vende plátanos en la esquina de mi casa me comentó que tiene una hermana trabajando allá, una enfermera llamada Dubraska Mora y que ella me podía ayudar a conseguir una cita para quitarme un doloroso callo de mi pie derecho.
opinan los foristas

Esperando a la enfermera Dubraska en el cafetín del hospital, me sosprendí cuando vi al mismísimo Rey de la galaxia, al líder de líderes, al padre del socialismo del siglo XXI, al segundo Simón Bolívar a Hugo Rafael Chávez Frías pidiendo una empanada de cochino con guarapo de papelón por el mismo y se sentó nada más y nada menos que en mi humilde e insignificante mesa. 

Yo le sonreí, lo reconocí por la verruga en la frente, él me comentó que acababa de llegar de Cuba después de un largo tratamiento de rejuvenecimiento y que había decidido tomar unas largas vacaciones porque el poder absoluto le había causa estreñimiento y que después de haberse vacilado su “libertad”, aún estaba pensando si regresar, no regresar o seguir desaparecido, porque al final era lo mismo y el pueblo lo adoraba de cualquier forma.

Hugo me pidió que le buscara otro guarapo de papelón, sacó de su bolsillo, un billete de 50 pesos cubanos y me dijo que no preocupara, que ese dinero era igual al bolívar y que me quedara con el cambio.

Cuando volteé para llevarle el guarapo, ya Hugo no estaba en el cafetín, parecía que se había esfumado, le pregunté a la gente que estaba en las otras mesas si lo habían visto y todos me miraban como si yo estuviera loco. Me senté desconcertado y me tomé el guarapo que le había comprado a Hugo, estoy seguro que había hablado con el máximo líder y puedo dar fe que estaba bien, que se veía sano y que incluso me apretó la mano fuertemente.

En ese momento me llegó una idea bañada de luz roja, Hugo era como Dios, bastaba con creer en él para que se te presentara y te diera una propina en pesos cubanos. Por fin había logrado entender la revolución.

En ese momento llegó la enfermera Dubraska al cafetín, no sabía que estaba enferma, venía entubada y se veía muy mal de salud, el platanero no me había comentado que ella estaba internada en el hospital….

Ahora también me duele el callo izquierdo….


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