opinión

Carlos E. Aguilera A.

El sofista Nicolás Maduro

5 Febrero, 2013

El ensañamiento judicial que enfrenta desde hace ocho años el Comisario Simonovis, condenado a 30 años de prisión, tras un proceso que mancha la historia del Poder Judicial de nuestro país, revela que poco o nada le importa al gobierno nacional ,el deplorable estado de salud que viene confrontando desde hace años, como consecuencia del inhóspito lugar en el que se encuentra recluido, (3 x 3 mts), además de la privación de los derechos que como ser humano merece, previstos en la propia Constitución Bolivariana, de la cual los dirigentes gubernamentales se jactan de decir que es “la mejor Constitución del mundo”.

opinan los foristas

Por razones humanitarias su esposa y abogada María del Pilar Simonovis, conjuntamente con el Dr. José Luís Tamayo, solicitaron la libertad condicional, la cual fue diferida una vez más para el 13 de febrero, porque no compareció el médico forense. Días antes su hija Ivanna Simonovis, dirigió una conmovedora comunicación al Vicepresidente Nicolás Maduro, solicitándole la libertad de su padre, y en una parte de la misiva expresa: “sufrir cansa”. Pero, ni siquiera este clamor de una hija que sufre en carne propia la prisión de su padre, al igual que su madre y hermano, conmovió al “ungido” Vicepresidente.

La palabra piedad viene de la palabra “pietas latina” , la forma del sustantivo del adjetivo pius, que significa devoto o bueno.

Se define la “pietas” como un sentimiento que impulsa al reconocimiento y cumplimiento de todos los deberes, no solo para con la divinidad, los padres, la patria, los parientes, los amigos, sino para con todo ser humano.

Según el DRAE, la piedad tiene las siguientes acepciones: 1. Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión. 2. Amor entrañable que consagramos a los padres y a objetos venerandos. 3. Lástima, misericordia, conmiseración. 4. Representación en pintura o escultura del dolor de la Virgen María al sostener el cadáver de Jesucristo descendido de la cruz.

El famoso sofista Trasímaco defiende las ventajas de la injusticia en asuntos políticos y económicos y sostiene que la injusticia paga, sobre todo cuando se comete a gran escala, al mismo tiempo que sostiene que la felicidad procede de la injusticia, no de la justicia.

Un fragmento del libro La República refiere que Trasímaco, dirigiéndose a Sócrates le dijo: “Estás tan adelantado acerca de lo justo y de lo injusto, que ignoras que en realidad la justicia es un bien ajeno, conveniencia del poderoso que manda, y daño para el súbdito, que obedece; que la injusticia es lo contrario, y ejerce su imperio sobre las personas justas, que por sencillez ceden en todo ante el interés del más fuerte, y sólo se ocupan en cuidar los intereses de éste abandonando los suyos. He aquí, hombre inocente, cómo es preciso tomar las cosas. El hombre justo siempre lleva la peor parte cuando se encuentra ante el hombre injusto. Por lo pronto, en las transacciones y negocios particulares hallarás siempre que el injusto gana en el trato y que el hombre justo pierde. En los negocios públicos, si las necesidades del Estado exigen algunas contribuciones, el justo con fortuna igual suministrará más que el injusto. Si, por el contrario, hay algo en que se gane, el provecho todo es para el hombre injusto. En la administración del Estado, el primero, porque es justo, en lugar de enriquecerse a expensas del Estado, dejará que se pierdan sus negocios domésticos a causa del abandono en que los tendrá. Y aún se dará por contento si no le sucede algo peor. Además, se hará odioso a sus amigos y parientes, porque no querrá hacer por ellos nada que no sea justo. El injusto alcanzará una suerte enteramente contraria, porque teniendo, como se ha dicho, un gran poder, se vale de él para dominar constantemente a los demás. Es preciso fijarse en un hombre de estas condiciones para comprender cuánto más ventajosa es la injusticia que la justicia. Conocerás mejor esto si consideras la injusticia en su más alto grado, cuando tiene por resultado hacer muy dichoso al que la comete y muy desgraciados a los que son sus víctimas, que no quieren volver injusticia por injusticia. Hablo de la tiranía, que se vale del fraude y de la violencia con ánimo de apoderarse, no poco a poco y como en detalle de los bienes de otro, sino echándose de un solo golpe, y sin respetar lo sagrado ni lo profano, sobre las fortunas particulares y la del Estado.”

El filósofo inglés Thomas Hobbes en su teoría psicológica sobre la concepción de la naturaleza humana describe a las personas como “egoístas o desprovistas de auténticos sentimientos de simpatía, benevolencia o sociabilidad. Cada individuo está preocupado exclusivamente en la gratificación de sus deseos personales, y la medida de la propia felicidad es el éxito alcanzado en mantener un flujo continuo de gratificaciones. Hobbes llama poder al medio para alcanzar el objeto del deseo. Sostiene que en un estado natural, los individuos son aproximadamente iguales en sus poderes físicos y mentales. Bajo estas condiciones, la competencia intensa elimina virtualmente todas las posibilidades de que los individuos alcancen la felicidad, y lo que es más serio, amenaza su propia supervivencia”.

Hobbes cree que la razón apunta a la cooperación colectiva voluntaria, de la cual los dirigentes del oficialismo están totalmente divorciados.

Benedicto XVI ha afirmado que “la fe y la caridad están íntimamente unidas, que una fe “sin obras es como un árbol sin frutos” y que no se puede dar prioridad a una en detrimento de la otra, ya que para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista”.

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

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