opinión

Cobrando y raspando

1 Febrero, 2013

La espesa incertidumbre que surge de la acefalía en la jefatura del Estado, más las ominosas especulaciones sobre la salud presidencial –a pesar del encubrimiento y la desinformación, más las gravosas perspectivas de la crisis venezolana en lo económico-fiscal y en lo socio-político, están llevando a que los acreedores, socios, clientes y beneficiarios externos de la revolución bolivarista se pongan en alerta con sus acreencias, contratos y beneficios. Por si las moscas, como dicen en Beijing, Moscú o La Habana.

opinan los foristas

El gran prestamista de la satrapía, la República Popular China, ya está exigiendo cuentas claras antes de seguir aprobando más fondos chinos, así sean en términos cercanos a la usura. Y es que la deuda ya monta la cantidad de 50 mil millones de dólares, y como las autoridades chinas no están satisfechas de las cuentas criollas, y como los responsables de éstas quieren más dinero fresco, entonces los chinos están declarando –en impecable mandarín–, que si no muestran la lopa no hay más leal…

El caso de los rusos no es tan distinto. Acaba de venir por estos lares el vicepresidente de Putin, Igor Sechin, capo o cabeza del conglomerado energético Rosneft. En teoría vino a firmar nuevos acuerdos sobre negocios petroleros y eléctricos. Pero en la práctica vino a chequear cómo están los viejos, en especial los títulos sobre la Faja del Orinoco. Y de paso, no faltaba más, cómo van los pagos de las billonarias compras de armas rusas.

Los brasileños no se quedan atrás. En el siglo XXI, el Estado venezolano le ha extendido alfombra roja a las contrataciones directas y sin licitación con grandes empresas de Brasil. Lula da Silva se ha esmerado al respecto, durante y después de su presidencia. Pero hay inquietud entre los magnates brasileños: los pagos se retrasan, las obras se aguantan, y ante la parálisis gubernativa que atraviesa Venezuela, crece la preocupación por el futuro próximo. Será por eso que Lula luce tan activo en sus gestiones.

Pero no tanto como el poderoso ministro de la señora Kirchner, Julio de Vido, uno de los artífices de las imbricadas y maletineras relaciones entre la Casa Rosada y Miraflores. Muy viajero a Caracas en estas semanas. La espesa incertidumbre le debe caer particularmente mal, porque lo que ha venido montando con los padrinos venezolanos es una caja de Pandora, que cuando se abra…

Y claro, podríamos extendernos con los deudos del Alba, o los asociados iraníes, o los camaradas bielorrusos, o los armadores españoles, entre otros; pero los que más importan son los máximos usufructuarios de la renta venezolana, los hermanos Castro Ruz, quienes, encima, tienen las llaves de la caja fuerte, y también la última palabra sobre los pagos pendientes. Esos sí están cobrando completico y trabajan hábilmente para continuar haciéndolo.

Ahora bien, si los de afuera temen por el devenir de sus intereses en la Venezuela del régimen bolivarista, los jerarcas de adentro no se quedan atrás. Pero buscarán protegerse no tanto cobrando deudas sino raspando ollas. Y en eso deben andar con puntual dedicación, y no precisamente patriótica. Es probable que no haya presupuesto, ni fondo, ni reserva ni nada que pueda resistir a un embate tan masivo y encarnizado.

Si la satrapía era especialmente dañosa cuando parecía tener la autopista despejada, ahora que no es así, lo sigue siendo y con más apuro. Unos cobrando, otros raspando, y gran parte del país esperando y luchando para que Venezuela supere esta realidad.

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