opinión

¿Qué hacer? (parte II)

15 Febrero, 2013

“En tiempos de Pérez Jiménez éramos una pasión sin cuerpo, hoy somos un cuerpo sin pasión” Américo Martín

“Qué bendición cuando el amor por la patria es mayor que el amor por uno mismo” Isabel Carmona

“La estrategia política requiere al conocimiento complejo, porque la estrategia surge trabajando con y contra lo incierto, lo aleatorio, el juego múltiple de las interacciones y las retroacciones.” Edgar Morin

Querido Jim: En los años sesenta y setenta del siglo pasado sostenía, medio en serio, medio en broma, que en Venezuela no había Estado, pues era sustituido por los gobiernos (vendavales circunstanciales); en los noventa afirmé que los gobiernos desaparecieron bajo la acción hamponil de una caterva de bucaneros, para sentenciar –ahora con cara muy seria- que luego de 14 años de campaña electoral ininterrumpida, desapareció el país con la ida del ausente. Constituimos una masa que comparte un lugar común con la mínima cohesión social. Y esta última es el hilo conductor que hace posible cualquier congregación humana, desde una simple familia a unas Naciones Unidas que luchan por crear lazos de consenso, indispensables para la vida armónica en el planeta. Puesto que tal cohesión social es posible en la medida en que compartamos criterios, deseos y prácticas de respeto, aceptación, tolerancia, amor y solidaridad alrededor de un programa de desarrollo conjunto, dejamos claro de qué carecemos en esta larga historia de mayores desaciertos que de logros concretos hacia la felicidad humana.

opinan los foristas

Dos amagos de crear esa mínima acción coordinada conjunta que nos reestablezca la condición de patria se llevan a cabo en la actualidad: los intentos de los ungidos por dirigir el aluvión de masa que seguía ciegamente al farsante mayor, por un lado; y Ramón Guillermo Aveledo, por el otro, al realizar enormes esfuerzos reuniendo líderes (sic) de grupos que intentan caracterizarse como partidos políticos serios. Por supuesto, al hacer un análisis histórico del drama nacional nos tropezamos con una larga experiencia frustrante, la que arranca desde la misma época colonial (ya que no tenemos manera de saber que ocurrió antes de eso). Y las razones resultan muy sencillas: Nuestra peculiar manera de organizar los códigos de pensamientos, emociones, sentimientos y acciones en relación a la constitución del orden social resulta desastrosa. Una preponderancia de la soberbia, el egocentrismo, la desidia, la falta de visión lejana y la autoridad de voz abrupta nos llevan a aislarnos en los períodos difíciles, creando una corriente centrífuga que, incluso, avienta a muchos allende los mares o nos encierra en nuestras cuatro paredes. En los países de verdad, cuando los tiempos son buenos, hay amistad y disfrute compartido con moderación, ya que trabajan duro por conservar e incrementar lo ya logrado con gran esfuerzo; en los tiempos difíciles se aglutinan y apoyan para salvarse mutuamente. Parten del amor, del esfuerzo, la responsabilidad, el compromiso y la solidaridad con los otros.

El desaparecido, en algunas oportunidades, manifestó su profundo deseo de caminar libre y desenfadadamente por las calles del país, sin muchos aspavientos ni ademanes innecesarios. Hoy por hoy, Pepe Mujica lo está haciendo en la no tan lejana Uruguay, en compañía de su esposa y su linda perrita. Sin guardaespaldas, con gran moderación, humildad y discreción. Sólo la impertinente y pizpireta prensa internacional lo sorprendió “in fraganti” (claro, en Venezuela eso sería un delito). ¿Será que tenemos algo que aprender del veterano guerrillero? ¿Será que cuenta con unas fuerzas vivas que respetan la condición humana? ¿Y reconocen y respetan su bonhomía?

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