opinión

Réquiem y memorándum

22 Enero, 2013

Nos enteramos de la existencia de Guillermo Cochez, gracias al consabido y corajudo discurso pronunciado en defensa de la democracia, respondido fastidiosa y lastimosamente por Roy Chaderton. Éste, no sólo quedó en evidencia por su ya acostumbrada misa de difuntos, la que siempre ha deseado grácil e ingeniosa, sino por las declaraciones posteriormente emitidas por aquél, despedido inmediata e injustamente por el presidente panameño.

opinan los foristas

Refirió el ahora ex – embajador del istmo, en una entrevista televisada, la relación de varias décadas que tuvo con el alto funcionario venezolano, rindiéndole a la vez un merecido y contrastante tributo a Arístides Calvani. Demócrata-cristiano, aunque aparentemente desvinculado de la dirigencia copeyana, por la precisa mención que hizo de la amistad sostenida con líderes de una diferente procedencia ideológica, Cochez se hizo parte de un pretérito e inmenso esfuerzo de democratización continental, criminalmente olvidado, que condujo a la paciente y larga formación de especialistas comprometidos en América Latina.

Formación de varias décadas que generó una viva y fundada solidaridad ante las distintas vicisitudes dictatoriales de la extensa región, ejemplificada por los gobiernos venezolanos que no abandonaron a su suerte a quienes lucharon por reivindicar la libertad más allá de las fronteras. Varias veces, neutralizando e impidiendo las guerras civiles con diligencias concretas y la habilidad diplomática necesaria; sorteando inmensas dificultades y – también – contradicciones para llevar la paz donde reinaba la pólvora, cuando el autoritarismo y el totalitarismo abrían sus grandes hocicos; o prestando refugio y protección a los perseguidos, deseosos de volver a sus países para continuar la faena cívica.

Además, encontrándose el partido en la oposición democrática, fueron muchas las ocasiones en las que condenó y rechazó la dictadura entronizada en Panamá. Y, aún cuando parecía políticamente inconveniente hacerlo con Omar Torrijos, confundido su prestigio con la propia reivindicación del Canal, la Juventud Revolucionaria Copeyana – a mediados de los setenta – protagonizó tales jornadas de denuncia contra la dictadura, la que finalmente degeneró con Manuel Noriega, que al general no le quedaba más remedio que responderle para intentar sorprendente indiferencia, por decir lo menos, apaciguar las consecuencias.

Revelando asimismo el calado de un converso como Chaderton, quien se inventa un pasado que sus coetáneos desmienten, navegando las mismas feas aguas del apostador político que todavía es, Cochez ha asumido una posición responsable ante la historia que no concluye. Y, yendo al grano, rinde testimonio de una conducta que contrasta con la de muchos que ayer fueron recibidos fraternalmente, haciéndonos parte de sus tristezas y urgencias, y – hogaño – nos responden con indiferencia, por decir lo menos.

Hubo escuela de lucha por la libertad y la democracia, necesitada hoy de reivindicar. Ocurre que, frecuentemente, la oposición compra la satanización que ha hecho el régimen del pasado ofreciendo ese otro … chavismo sin Chávez.


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