opinión

Pablo Aure

El Carabobeño / ND

Pueblo humillado

14 Enero, 2013

Mentiras tras mentiras. Chávez y su enfermedad parecen ser el cuento de nunca acabar. Y no acabará mientras el pueblo siga embobado. Con festines celebran un nuevo periodo con Chávez desaparecido. Venezuela se ha convertido en una especie de circo, el hazme reír mundial. Con una Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que tuerce el contenido de la Constitución para adaptarla a los requerimientos del partido de gobierno, por más sorprendente que puedan ser. Para eso está Luisa Estela, la mujer con rostro de acero, que no se inmuta ni se sonroja a la hora de perpetrar cualquier transgresión al Derecho.

opinan los foristas


El diez de enero, mientras Maduro y Diosdado se confundían entre alegrías y sospechas, el paciente presidente seguía ausente. Varios representantes de gobiernos extranjeros se dieron cita en el jolgorio. Daniel Ortega, de reputación cuestionada por acoso sexual a infantes, sobresalió por sus insultos propios de individuos de la peor calaña. Pepe Mujica y Evo Morales vinieron por su mesada, junto a varios vividores del caribe.

Ya hemos llegado al final de la empalizada y Chávez sigue escondido. No es extraña esa actitud. Siempre se esconde o se rinde en momentos de apremio o de endurecerse los problemas. Veremos si sigue la fiesta cuando el pueblo pida comida y Maduro no la pueda dar.

Agonía o jugarreta

Aprieta la mano con fortaleza, se comunica y gira instrucciones, tiene complicaciones respiratorias, presenta un estado estacionario. El sábado nos dicen que está respondiendo al tratamiento, que no está conectado ni mucho menos en coma. Pero el viernes la prensa publica una foto de la presidenta de Argentina trajeada de negro y con lentes oscuros para encontrarse con los familiares de Chávez allá en Cuba. Dicen que no quiso ver el cuerpo de Chávez. La verdad es que todo es una verdadera treta y una permanente burla y desconsideración con la honestidad del pueblo venezolano.

En esta tragedia que hoy vivimos los venezolanos, lo cierto es que ya poco nos debe importar si Chávez está vivo o está muerto, pues, solo es un hombre que tarde o temprano dejará de existir. Lo que preocupa es la falta de respeto al país. Los venezolanos somos los que ante el mundo estamos en coma, como sociedad humillada y poco respetada por sus propios gobernantes.

Parranda de cómplices

Todos los organismos internacionales lamentablemente han sucumbido frente al inmenso poder del dinero puesto en escena por Hugo Chávez. Actúan como cómplices de nuestra destrucción. Es vergonzoso que el Secretario General de la OEA el Dr. José Miguel Insulza no eleve la voz para exigir que al menos sean los médicos quienes digan cómo está la salud del Presidente de Venezuela. Ya comprendemos la desesperación de los integrantes del ALBA que ven amenazadas sus fuentes de financiamiento.

La alcahuetería internacional es inmensa, aunque todo el mundo sabe que lo que ocurre con la desaparición del presidente Chávez es una afrenta al derecho que tenemos todos de estar informados y, desde luego, a ser gobernados por funcionarios electos democráticamente, los gobiernos extranjeros mantienen un silencio cómplice. Solo las voces reflejadas en muchos medios de comunicación, mantienen la llama viva del reclamo por saber la verdad. El País de España en su editorial del 10 de enero dijo entre otras cosas lo siguiente: “…Esconder la información sobre la situación médica de Chávez constituye una afrenta democrática, especialmente en estos tiempos de la comunicación en red. Todos los venezolanos tienen derecho a saber. La opacidad es una tomadura de pelo a los ciudadanos, sean o no chavistas….”

Horror al supremo

Hemos llegado al colmo de la desfachatez y de la sinvergüenzura. En Venezuela se votó por Hugo Chávez, pero debido a una “interpretación” que jamás se podrá entender, el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional, nos dijo que Hugo Chávez tiene permiso para estar ausente del país hasta que se cure o regrese a Venezuela, pero sigue estando en pleno ejercicio de sus funciones. La triste razón que esgrimió la Sala fue la siguiente: “No debe considerarse que la ausencia del territorio de la República configure automáticamente una falta temporal en los términos del artículo 234 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sin que así lo dispusiere expresamente el Jefe de Estado mediante decreto especialmente redactado para tal fin…”(sic) Es decir, que si Chávez muere o queda incapacitado para ejercer sus funciones seguirá mandando desde el más allá, o nos seguiremos calando a los usurpadores que el TSJ imponga.

Otro de los puntos interpretados por la Sala Constitucional fue el de la fulana continuidad administrativa, estableciendo que el vicepresidente y todo el tren ministerial seguirán ejerciendo sus cargos a pesar de que fueron nombrados para el periodo que finalizó el pasado 9 de enero. Ahora bien, la colectividad en general debe enterarse de que esa misma Sala del TSJ que la semana pasada cohonestó la usurpación presidencial, en fecha 6 de diciembre del año pasado (un mes atrás) dijo exactamente lo contrario, cuando decidió que no continuarán en sus cargos aquellos magistrados cuyos periodos ya estuvieran vencidos. “…esta Sala Constitucional dictamina que el lapso contenido en la referida disposición constitucional es improrrogable y, por tanto, una vez fenecido el mismo, se produce la falta absoluta del cargo de Magistrado la cual debe ser llenada de conformidad con lo establecido en el artículo 47 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia….” (http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Diciembre/1701-61212-2012-12-1259.html)

En palabras sencillas, la tesis esa de la continuidad administrativa sirve solo para satisfacer las necesidades políticas del PSUV, pero para más nada. Señores, lo que ha hecho la Sala Constitucional del TSJ en estas dos decisiones es exactamente lo contrario a lo que se debe hacer. En el caso del Presidente de la República ha debido poner en práctica lo que literalmente establece el artículo 231 e interpretar que de acuerdo al artículo 233 de la Constitución ordenar que el Presidente de la Asamblea Nacional asuma mientras el Presidente electo para este nuevo periodo reciba la investidura, pero en ningún momento concederle la facultad discrecional de hacerlo cuando le provoque.

La Sala Constitucional también debió ir más allá, para salvaguardar los intereses de la voluntad popular en este caso, convocar a la Sala Plena para que se nombre una junta médica que evalúe las condiciones en las que se encuentra el ciudadano Presidente, y de esa manera determinar el tiempo de curación, o en su defecto que diga si está incapacitado para ejercer las funciones activando los mecanismos que el mismo texto constitucional establece, esto es, que el presidente de la Asamblea Nacional siga encargado de la presidencia hasta que se elija a un nuevo Presidente de la República.

@pabloaure

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