opinión

Carlos E. Aguilera A.

La salud del comandante

8 Enero, 2013

El estado de salud del presidente Hugo Chávez se ha convertido en estos casi dos últimos años en uno de los mayores secretos que guarda celosamente el gobierno venezolano y que ningún sistema de inteligencia lo ha podido descifrar. Consecuentemente, los diferentes análisis médicos que se han realizado en torno a la complejidad del mal que aqueja al comandante caen en el campo de la especulación o, en el mejor de los casos, de la aproximación científica, por lo menos así lo han hecho notar prestigiosos oncólogos, quienes debido a la falta de información no se atreven a presentar un diagnóstico respecto a la situación real del paciente. No cabe duda de que en este complejo tema siempre habrá más preguntas que respuestas, sobre todo si se tiene en cuenta la presencia de un formato de comunicación gubernamental encriptado.

opinan los foristas

Recordemos que hace pocos meses el propio coronel Chávez, durante la campaña de reelección fue quien proclamó estar libre del cáncer, como resultado del tratamiento recibido en Cuba. No obstante, hace pocas semanas el presidente venezolano, en una presentación impregnada de una enorme carga emotiva, comunicó a su pueblo y al mundo el aparecimiento de nuevas células malignas en el cuerpo, lo que deja entrever su malograda condición física.

El panorama venezolano se presenta confuso y propenso a la activación de mayores tensiones que amenazan con polarizar aún más a esa República que ha experimentado en estos 13 años de gobierno inclusión social pero también una grosera exclusión política.

Ciertamente, la noticia, como no podía ser de otra manera, generó conmoción entre los venezolanos, particularmente en sus fieles partidarios, así como en la oposición venezolana y la comunidad internacional. Y es que el lado humano, más allá de las diferencias ideológicas, despierta sentimientos de solidaridad para con un hombre a secas que libra su batalla contra una enfermedad implacable, caracterizada como la bestia apocalíptica de nuestros tiempos, que no discrimina entre niños o adultos; entre pobres o ricos; entre capitalistas o comunistas…

Pero también vale destacar que la última intervención pública del presidente Hugo Chávez levantó una gran polvareda en el ámbito político al promover a Nicolás Maduro, vicepresidente electo, como su delfín. De hecho, Henrique Capriles, la cabeza más visible de la oposición, si bien –hace poco– ha admitido la posibilidad de la postergación del juramento del coronel Chávez para su tercer periodo, en consideración a su precaria salud, ha sido claro al expresar ante una potencial ausencia definitiva del mandatario que: “Esto no es Cuba, ni una monarquía donde hay un rey y entonces sube al trono el designado por el rey. No, aquí en Venezuela cuando una persona se separa (…) la última palabra siempre la tendrá nuestro pueblo…”.

Como se advierte, el panorama venezolano se presenta confuso y propenso a la activación de mayores tensiones que amenazan con polarizar aún más a nuestro país que ha experimentado en estos catorce años de gobierno inclusión social, pero también una grosera exclusión política a partir de la instauración del pensamiento único.

Pocos analistas hoy proyectan la continuidad del chavismo sin Chávez, al haberse configurado un régimen estrictamente personalista, constituyendo uno de los errores de bulto de quienes lideran el socialismo del siglo XXI en Latinoamérica.

Dos décadas bajo un mismo Gobierno fue el límite para los egipcios. Cuando salieron a reclamar a la plaza Tahrir, tenían claro cuál era su objetivo: derrocar a Hosni Mubarak. No solo a la persona, su finalidad no era poner en su puesto a “alguien más”. La lucha era por un cambio radical que termine con la dictadura y construya en su lugar los cimientos de una república. O dicho con las palabras del protestante Ahmed Hussini: “Tuvimos una revolución para tener justicia y libertad”.

“El árbol de la libertad debe de vez en cuando ser regado con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural”. Cada vez me convenzo más de que Thomas Jefferson tenía razón. Es lamentable que el “de vez en cuando” se esté transformando en “constantemente”.

Miembro Fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

[email protected]

Twitter: @_toquedediana


Etiquetas:

Canal Noticiero Digital