opinión

Enrique Viloria Vera

El mayúsculo allá, el minúsculo acá

16 Enero, 2013

En los tiempos de mi General Gómez los mamadores de gallo caraqueños, los sempiternos capitalinos jodedores del parque, acuñaron el término Minúsculo para referirse a los presidentes títeres – verdaderos testaferros del Caudillo andino de turno – que hacían, entre el calor y el polvo del camino, el pesado viaje que los llevaba de Caracas a Maracay para ejecutar el besamanos correspondiente y recibir las inequívocas e incuestionables órdenes que les daba en la Ciudad Jardín Juan Vicente Gómez , el Mayúsculo.

opinan los foristas

Caravanas de coches negros recorrían el agreste camino cargados de fieles seguidores del general, vestidos con palto levita y botines oscuros de ocasión. Sudorosos y perfumados llegaban a la verdadera Casa de Gobierno para esperar atentos y jubilosos las órdenes del Benemérito. En esos coches azabaches se trasladaron José Ramón Ayala, Victorino Márquez Bustillos, Juan Bautista Pérez, Víctor Rodríguez, Emilio Constantino Guerrero, José Gil Fortoul y muchos otros acólitos de El Bagre para testimoniarle su respeto y admiración, y recibir expectantes instrucciones y bendiciones. ¡Nada se movía si no lo había aprobado el Mayúsculo caudillo tachirense!

En pleno siglo XXI venezolano las cosas no han cambiado sino de formas y estilo, los viajes del actual Minúsculo designado – porque el otro está de reposo médico en casa del Mayúsculo – son cada vez más frecuentes. ¡Ni de vaina! el Minúsculo de zarzuela toma una decisión sin consultarla con el Binomio de Oro caribeño.

No viaja solo el Minúsculo – ahora lóbrego civil y no verdirojo milico – , lleva consigo a toda la familia golillera, a unos pocos voceros hábiles en no decir nada, a sus más inmediatos aduladores, a un ejército de cámaras y reporteros, y cinco Blackberrys en las manos. Allá lo espera, – acompañado de su hermanito menor – el barbudo Mayúsculo, frotándose las manos de codicia cada vez que el avión de su nuevo y manipulado Minúsculo aterriza en el aeropuerto de la Revolución, cargado de convenios y divisas.

El nuevo Minúsculo nuestro baja torpe y radiante las escaleras del avión presidencial, besa la Tierra Prometida, antes arrodillarse ante el barbudo Mayúsculo para que éste lo reconozca como su único y exclusivo Ungido.

¡Viva el Barbudo Mayúsculo Caribeño!

¡Larga vida al Minúsculo reelecto!

¡VENCEREMOS!

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