opinión

El casi-casi

21 Enero, 2013

Le digo a Nicolás Maduro el casi-casi, porque casi casi es presidente. Desde qué Chávez lo designó como su sucesor, como el propio, como el elegido, como el siguiente, Maduro se ha tenido que reprogramar mental y políticamente para ejercer el vacío que deja el comandante, a quien no vemos desde hace más de cuarenta días, aunque la Sala Constitucional, en su sentencia, casi-casi dijo que Hugo estaba en Miraflores, sano y salvo, trabajando por la patria.

opinan los foristas

El casi-casi tuvo que imitar al verdadero, al que no está. Imagino que el casi-casi se vio en la obligación de ponerse a ver las últimas cuarenta y cinco cadenas presidenciales para copiar el estilo del comandante original. Y el casi-casi se puso un mono, empezó a contar sus cuentos y vivencias de cuanto era chiquito, inició amenazas contra el sector privado, ofreciendo dolores y no dólares, llamó a la unidad revolucionaria. No faltará mucho tiempo antes que el casi-casi hable de su abuela Rosines, de cuando vendía arañas en su Barinas natal, que le dio “lo suyo” a Marisabel, que empiece a cantar y a declamar. En cualquier momento, Maduro el casi-casi, nos contará de aquellos tiempos cuando ingresó a la Academia Militar, de cuando conspiraba pegando afiches del PCV por aquellos lejanos años de los ochenta, de cuando llenaba su oficina de fotos de su abuelo Maisanta, de sus conversaciones con Arias Cardenas, con Yoel Acosta (de Baduel y Urdaneta Hernández el casi-casi no se acordará), de su juramento en el samán de Güere, de cuando dio un golpe de Estado en 1992, de cuando falló y algún idiota lo dejó salir en televisión a decir su famoso “…por ahora…”.

Porque Maduro pretende hacer ver que él es Chávez. El intenta que el chavista de base crea que cuando dice “yo soy Chávez” en verdad diga y piense “Maduro es Chávez”. Y es que la ausencia de Hugo Rafael Chávez Frías, sin duda, golpea muchísimo al chavismo. Es evidente que la falta temporal del presidente (si, Luisa Estela, dije falta temporal) tiene al chavismo como perro sin amo, a la deriva, desvariando, lanzando golpes de ciego. Su ausencia ha puesto a Diosdado mas radical que nunca, tratando de hacer ver que quiere a Maduro y que es socialista convencido; a Iris Valera peleando con Willie Colón; a Cilia retratandose como si fuera doña Menca de Leóni o Alicia Pietri de Caldera; a precandidatos chavistas a alcaldes lanzandose antes de tiempo; a Aristóbulo interpretando la Constitución. El chavismo sin Chávez ha quedado vivo, pero no tanto. Casi-casi pues.

Por eso, Maduro se ha dedicado a imitar a Chávez hasta en sus más mínimos detalles. Ya hasta se le nota un leve acento cubano. Maduro el casi-casi, en cualquier momento, como dije antes, podría empezar a contar las historias de Chávez como propias, para que el chavista militante no se de cuenta que Chávez se ha ido, que Chávez no está, y que difícilmente vuelva.

La operación “yo soy Chávez” es necesaria para el chavismo. Hay que hacer ver que Chávez está aunque no esté. Por eso la Sala Constitucional, consultoría jurídica del PSUV, dictó esa hilarante y nefasta sentencia donde, absurda e incoherentemente, dijo que Chávez está sin estarlo. Es decir, que Chávez no estaba ahí cuando lo agarraron.

Supongo que está operación de tener presente Chávez, a pesar de su ausencia, es, también, para que el otro casi-casi, el militar Diosdado, se quede tranquilito, se deje de inventos y sienta qué, como Chávez si está, no se puede poner cómico ni alzado. Pareciera un meta mensaje: Diosdado, quien está aquí es Chávez, no Maduro.

Sin embargo esta imitación del casi-casi es mala. Tan mala que uno no deja de pensar que es apenas un casi-casi, que el original, no está. Y que ninguno de los dos casi-casi son Chávez, por mas que lo intenten.

Twitter: @rojasperezm


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