opinión

Aclarando el género neutro…

20 Enero, 2013

Recientemente, se ha suscitado una polémica por el uso incorrecto de los géneros gramaticales (femenino y masculino) en lenguaje administrativo, “político” y periodístico. En este sentido, la Real Academia Española (RAE) ha señalado como ejemplo de esta incorrección, a la redacción de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

opinan los foristas

Más allá de toda esa discusión, debe explicarse lo que plantea la Academia al respecto. La RAE establece al masculino como el género gramatical no marcado (genérico) es decir, están incluidos los individuos de ese sexo, pero también el femenino, todo el conjunto, tanto en plural como en singular. Ejemplos: “Un estudiante debe esforzarse para obtener buenas calificaciones” o “Los hombres americanos” (seres animados racionales: varón o mujer. Grupo determinado del género humano). Los casos anteriores, se refieren al uso genérico del masculino. Sin embargo, por motivos de contexto, algunos podrían entender o interpretar que se trata solo de varones, lo cual no es cierto.

A pesar de lo anterior, se observa una insistente disposición a utilizar los dos géneros: “niños y niñas, ciudadanos y ciudadanas, usuarios y usuarias, todos y todas”, etc., y en tal sentido, la RAE expresa textualmente que: “El circunloquio es innecesario en estos casos, puesto que el empleo del género no marcado es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo”.
Sin embargo, es importante señalar que solamente se acepta “amigos y amigas” como sinónimo de “señoras y señores” o “damas y caballeros”, como tratamiento de cortesía, universalmente conocidos.

En el caso específico de Venezuela, no deja de sorprender que muchos ciudadanos no estén enterados de que ese lenguaje utilizado en nuestra Constitución, así como en muchas otras leyes y “de uso obligatorio” en algunas instancias oficiales, es redundante y no aceptado por la RAE, ya que son más de trece años escuchándolo, especialmente desde el oficialismo y actualmente parece “muy normal” esta errónea práctica. Sin embargo, cuando se enteran de la realidad, muchos inclusive “agradecen” que esto no sea así, ya que muchos rechazan contundentemente esta tediosa palabrería.

Desde que tenemos uso de razón, al decir “niños” (sustantivo de género no marcado) están incluidas las niñas también, así crecimos y ninguna se “traumatizó” por eso. Pero, en este mismo grupo, están comprendidas quienes ahora por razones meramente políticas, están a favor de que la Constitución y otras leyes, estén redactadas con este lenguaje no sexista, afirmando que “es uno de los principales logros de la revolución”, en el cual se “visibiliza” a la mujer.

No se trata de discriminación como algunos alegan, “ninguna mujer” debe sentirse excluida ni apartada por este motivo, ya que no hay razón. Considero que las conquistas sociales nada tienen que ver con el idioma, el cual, dicho sea de paso, por otras causas, ya está suficientemente deformado.

El problema no es de género ni tampoco de sexismo (discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro) sino de redundancia. “Las médicas y los médicos”, para referirse a un grupo de médicos, donde hay profesionales de uno y otro sexo, no es correcto, en el grupo “los médicos” están incluidas las “médicas” también.

En contradicción, ha sido tal el abuso y la arbitrariedad con este lenguaje en nuestro país, que se “rechaza” el uso de términos en femenino (títulos o profesiones) como: médica, abogada, arquitecta, ingeniera, concejala, presidenta, jueza, y similares, que sí son correctos y admitidos por la RAE. En tal sentido, sería conveniente entonces que ya las diferentes universidades o casas de estudio, comenzaran a imprimir los títulos académicos en femenino, al igual que lo hacen en masculino, si de contribuir con los derechos de la mujer se trata.

De lo anterior, se deduce que si entonces lo que quiere lograrse es “visibilizar a la mujer” y defender su posición en la sociedad, lo apropiado es utilizar los términos en femenino para referirse a ellas. No obstante, hay mucha “resistencia” y algunas, aún hoy en día, prefieren usar la forma masculina, quizá porque la ven más prestigiosa en unos sectores. Además, dichos vocablos son rechazados en nuestro entorno, debido a que diariamente, por toda clase de medios, constantemente someten hasta el hastío a la molesta repetición del recargado lenguaje “no sexista”: los diputados y las diputadas, los electores y las electoras, los usuarios y las usuarias…

En esta “anarquía del idioma”, también se emplea impropiamente la arroba (@) para “abarcar” a los dos géneros en una palabra, no siendo este un signo lingüístico. Tampoco “ahorran” caracteres (excusa para justificar este error). Entiéndase que “todos”, incluyen a “todas”, “todos y todas” no es correcto, por consiguiente, escribir tod@s, amig@s, niñ@s, etcétera, no es conveniente.

Tampoco es adecuado valerse de los artículos en femenino y en masculino: “las y los usuarios”, “las y los niños”, etc. Lo correcto es los usuarios, los niños, como ya se explicó anteriormente.

Actualmente, personas ajenas al Gobierno han tomado como usuales estas expresiones, por lo cual es frecuente oírlo de periodistas, comunicadores sociales, locutores, artistas del mundo del espectáculo y otros. Es más, se ha convertido en una “pandemia latinoamericana” y diría que hasta “hispanoamericana”, ya que de igual manera es muy utilizado por otros mandatarios, especialmente de las regiones vecinas, al dirigirse a sus ciudadanos como: “argentinos y argentinas”, “chilenos y chilenas”, “mexicanos y mexicanas”…

Por último, debo aclarar que a pesar de todo lo anteriormente expuesto, respeto profundamente a quienes opinan lo contrario y están de acuerdo con el uso del llamado “lenguaje no sexista”. La RAE no se muestra conforme en este sentido, pues se fundamenta en que destruye la economía del lenguaje y como indicamos anteriormente, es rechazado también por gran parte de los hispanohablantes. No pertenezco a la Academia, pero como en toda discusión, debe prevalecer la tolerancia, el consenso y el acuerdo entre las partes.

NOTA: El sentido último de que sea así como se maneja el idioma, se fundamenta en los criterios de economía lingüística y parsimonia, dos claves para podernos entender y evitar el alargamiento innecesario de las conversaciones… Tomen nota por favor, especialmente los que deberían ser cultos, pues no todo lo que dicen los políticos es cierto, incluso estamos viviendo una época en que son las habilidades de manipulación y no la preparación.


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