opinión

No necesito de nadie

1 diciembre, 2012

A veces contemplamos, que la Opulencia, el Poder Político, Económico, Empresarial, Militar y hasta Educacional, conllevan a muchas personas, a sentirse más que los demás. Podría hacerse empatía, con lo que se dice, coloquialmente: “Fulano se cree, que es la última Pepsi cola, del Desierto.” Pero Algunos individuos van más allá. No les importa el daño, las lesiones morales o el ultraje a los sentimientos o creencias religiosas, de la Gente. Más aún, desconocen hasta Dios y se atreven a decir: no necesito de nadie.

opinan los foristas

Nuestras primeras enseñanzas de la vida socio-política, militar y educacional, quizás la obtuvimos, cuando cursamos primer año de bachillerato en el Liceo Guanipa de El Tigrito. Estado Anzoátegui, por intermedio de un Profesor -que si mal No recordamos- respondía al nombre de Aníbal Ramírez. El educador, era un profesional que vino de lo más recóndito del Hemisferio Sur. No sabemos si su presencia obedecía a un éxodo de tipo político o por procesos migratorios, en busca de nuevas oportunidades. Lo llamábamos el Argentino y otros le decían “venenito” por las exigencias en Física y Matemáticas; materias que dictaba.

Refería el argentino -que podría ser tambien, un uruguayo- que aparte de las características técnicas de los automóviles, siempre tuviésemos presente, que: Fuerza es igual a Masa por la Aceleración y ahí podría estar la diferencia en optar, por la vida o la muerte. Que también los conceptos Físicos, llevaban a veces, a distanciarnos de las creencias de Dios y se podían escuchar blasfemias, cuando se da preeminencia, a la relación Física-Materia, para cuestionar o pretender descalificar, la Teoría de la Creación Divina.

Pero no estamos aquí para predicar la religión Católica, sino para enseñar Física. Creemos en Dios y hemos combatido hasta aquellos que suben al Pico Bolivar aquí en Venezuela, con frazadas, chaquetas, ruanas, polleras, guantes y botas, mientras nosotros nos paseábamos por el Pico El Águila, en camisa manga corta; nos decía. Somos asi de sencillos e iguales a nuestros semejantes. NO tenemos que atropellar a nadie. Que mancillar a los otros por nuestra preparación. Ni mucho menos pretender avergonzar o trampear a otras personas, porque en contraste con nuestros “atributos.” Los consideramos: ilusos.

Refería que conoció o tuvo contacto, con una persona de mucho poder económico y político, que a fuerza del dinero conseguía el engaño de sus semejantes o la compra de sus conciencias. A ese individuo, No le importaba nada. Su vida era licenciosa, acaudalada, y ostentosa. Podría gastar todo el dinero del mundo -incluyendo fondos públicos- porque no necesitaba de nadie.

Hacía caso omiso a cualquier recomendación en torno a su conducta y a duras penas le oía algún comentario a sus familiares o parientes cercanos, incluyendo al nuestro profesor, que le indicaba: Que era peligroso conducir el automóvil en condiciones climáticas adversas, horas nocturnas o momentos de farra y NO había consejo que valiera.

No necesitaba de nadie. Pero una noche -entrada la madrugada- su amigo retornaba de una población cercana en tierras Australes. Venía desde la Provincia hasta la Capital. Asumimos que ese relato se refería a la ciudad de Buenos Aires y decía que el conductor perdió el control del auto, por su velocidad o se quedó dormido y volcó completamente.

De momento se vio colgado entre los amasijos de Hierro. Solo, herido, borracho y de cabeza al piso. Lo primero que hizo fue pensar en Dios, en el mismo Dios que antes negaba y haciéndose un examen de conciencia, manifestó: “Sabes que he tenido un creencia muy extrema con respecto a ti. Que no pienso sino es en mí. En mi poder, en mi superioridad y en mi condición por encima de mis semejantes. Pero hoy he advertido que si necesito de alguien que pueda contribuir a salvar mi maltrecha vida.” Luego invocando el Catecismo Católico, dijo: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que ofenden” y se resignó a morir, en lo que él consideró; la presencia de Dios.

No supo cuanto tiempo permaneció ahí. Lo cierto es que con las primeras luces del amanecer, paso un Mendigo. Una de esas personas que en común y en forma peyorativa, llamamos en Venezuela: “Locos de Carretera.” Éste lo tocó y advirtió que estaba vivo. Lo vio y le imploró: ayuda. Comprendió que necesitaba de ese alguien sin importarle quien fuese, sino lo único que valía era que aquel Señor agachado frente a la ventanilla viéndolo colgado, se dispusiera a auxiliarlo: ¡Ayúdame por favor! ¡Sácame de aquí!

Parecería haber comprendido que si necesitaba de alguien. Sintió que el Mendigo luchaba con los hierros retorcidos, la sangre y los restos de alcohol; pero lo sacó del carro. Después imploraba, agradecía, rogaba, prometía e invocaba al Padre Celestial y a la Virgen María. Fugazmente se sentía de nuevo en la presencia de Dios. Ahora: ¡salvado!

Pero ya no había tiempo. Su arrepentimiento circunstancial quizás fue de minutos, segundos, horas, días o meses. Poco tiempo después de estar en el Hospital, acudió varias veces a la Sala de Operaciones y pese a las dolencias; salía con muchas expectativas de vida. Pero después falleció, no sin antes exigir perdón, a sus parientes, amigos y conocidos, que eran el vivo reflejo de ofensas, trampas, atropellos y fraudes consumados, en perjuicio de los ciudadanos y solo logró frases frías: ¡Que te perdone Dios!

Pensamos que aún cuando nos estafen. Nos trampeen en la vida y en los procesos electorales pasados o futuros, debemos estar consientes que quizás el Señor no oye las prédicas de los moribundos, cuando difunden aceleradamente su adhesión a Dios, mientras antes lo ofendían y estamos seguros, que su perversidad, maldad y actitudes diabólicas, se le devuelve; en dardos de angustia, dolor y sufrimiento.

Que aún cuando muchos venezolanos nos sintamos golpeados o desilusionados, víctimas de la depresión colectiva, causada por el fraude o el ventajismo electoral. No podemos dejar de luchas y votar, por conseguir nuestros ideales de Patria. Entendemos que solo Dios sabe, por qué suceden las cosas y él sabrá mostrarle, a aquel que se cree Amo. Dueño. Señor y Todopoderoso; que llegó el momento para dejar de decir: no necesito de nadie. ¡Fuera el Comunismo de Venezuela!

“Una gran parte de los males de que adolece la sociedad proviene del abandono en que se crían muchos individuos por haber perdido en la infancia el apoyo de sus padres.” Simón Bolívar



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