opinión

No nos dejemos usurpar el espíritu de La Navidad

8 Diciembre, 2012

Chavez acaba de regresar. Lo primero que declaró fue: “estoy feliz de estar aquí”. Lo que le faltó fue decir” de nuevo”, cual artista que recorre el mundo y repite lo mismo ante sus diferentes públicos y países que visita.

opinan los foristas

Ojalá, Dios mío Santo que este país acabe de darse cuenta de esta morbosidad, de esta utilización que este hombre hace del “pueblo” títere que maneja conciencias a su antojo, que manosea la personalidad de un país respetado por su historia, sus raíces, sus riquezas y sentimientos.

Llega a usurpar la fecha de amor que viene destruyendo paso a paso, entre mentiras y odios.

Los venezolanos estamos cerca de una de las épocas mas esperadas del año: ¡La Navidad! Y es que en tiempos pasados, esa era la época para renovar la esperanza, celebrar la vida… ¡un año más! La época para reciclar nuestros sueños y evaluar nuestros logros.

Era la época de los aguinaldos, del arbolito, de las inocentes y tiernas cartas al Niño Jesús, porque nuestros niños también se comprometían y pedían premios por sus buenas conductas. Todos éramos cómplices emocionados de la llegada de la Noche Buena y los Reyes Magos, de las hallacas en familia, de los regalos para el intercambio entre amistades cercanas o compañeros de trabajo, del dulce de lechoza, el Ponche crema y el pan de jamón. De los cohetes y triqui- traquis, los patines y las misas decembrinas.

Todo ello resumía en los venezolanos la esencia de un sentimiento: El espíritu de La Navidad.

¿Cuándo Lo perdimos? Cómo se fue debilitando, mutando, hasta convertirse en un sentimiento robótico, sin contenido emocional y carente de espiritualidad?

Durante mas de una década, pero en especial este año, nuestra psiquis se ha sentido invadida por sentimientos de incertidumbre, de manejos truculentos de la enfermedad del “gobernante”, de estimulación de conductas masoquistas, como si nuestro presente y aún mas, nuestro futuro, estuviera necesariamente ligado a la vida de ese otro ser. Necesario es reconocer que han logrado perturbar y enfermar las mentes de nuestra sociedad.

Suena patético, ¿no? Un gobierno que en lugar de estimular la felicidad, la paz, el progreso, la libertad y la justicia haya centrado su estrategia en un discurso y acciones involutivas (desde el punto de vista histórico) goce un puyero diciendo que “nos tiene locos” y se haya apropiado de los ingresos petroleros para confiscar conciencias, valores y nuestro legítimo derecho a soñar con un país mejor.

Démosle una lección: vamos a comprometernos a acabar con esa fijación enfermiza de que la Patria depende de su sobrevivencia.

Pensemos en lo que cada uno de nosotros puede hacer para empinarnos sobre esta telenovela cursi y melodramática.

Vamos a poner por delante nuestra autoestima y a buscar espacios de participación, donde podamos demostrar nuestra valía como ciudadanos que queremos una nación libre de corrupción, inmoralidad, delincuencia oficial y desaliento.

Recuperemos el espíritu navideño tradicional y que la Justicia Divina se encargue de quienes han intentado destruir nuestra capacidad de soñar. ¡De ser felices! ¡Amén!

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