opinión

Navidad peorra

21 Diciembre, 2012

¿¡Qué comiste, terca mula¡?
¡porque aquí huele muy feo!
¡Has debido de ser tú,
que largaste un buen peo!

opinan los foristas

¡O acaso lo tiró el buey
con mayor desfachatez!
¡Este establo huelo a diablos!
¡No aguanto la fetidez!

–Grita arrecho San José
con gesto adusto y airado
al sentir en el ambiente
que se habían ventoseado–.

¡Yo no fui: ha sido el buey!
–dice la mula ahí mismo–,
porque ese pobre animal
sufre de meteorismo.

¡Yo no fui, Santo Patriarca
–alega el noble cornado–.
¡Esa mula es mentirosa
sin ser verdad, me ha acusado!

Podrían ser las ovejas
las de ese viento apestado:
¡Al ver al ángel radiante
de la impresión se han peado!

¡Ay, Señor, cuánta calumnia
en este mundo se ve!
¡No hemos sido las ovejas,
lo juramos, San José!

¿Y no sería el tal ángel
el que casi ha defecado?
–dice una oveja intrigante
con propósito malvado–.

¡Señores, no soy culpable!
–responde muy enojado
el ángel a quien la oveja
de improviso ha señalado–.

¡Yo soy un ente sagrado
incapaz de tales cosas!
Además, mis cuescos huelen
cual las perfumadas rosas.

¡Pueden ser los Reyes Magos
–dice el ángel con urgencia–:
llegaron en sus camellos
cargados de flatulencia!

¿Nosotros? –claman los Reyes–.
¡Cambie su mira, maestro:
no culpe a nuestros camellos
de ese pedo tan siniestro!

¡Creemos que fue el pastor
que al saber la Buena Nueva,
se ha tirado muchos flatos
en la puerta de la cueva!

Suponiéndolo el autor
del pestoso ventorrillo
San José le da al pastor
un palo por el tobillo.

Y es tan enorme el dolor
del infeliz pastorcillo,
que un crépito pestilente
le sale por el fondillo.

¡Ay, José: No lo soporto!
–dice la Vírgen María–.
Este olor es espantoso:
¡me tiene en una agonía!

Además, siento temor
de que este hedor inaudito
que se siente en el pesebre
contamine al carajito.

Unos señalan al buey:
“¡Este ha sido, él ha sido!”
Otros culpan a la mula:
“¡Es ella la que ha peído!”

Se ha formado un zaperoco,
un gran peo sin sentido:
todos acusan a todos
y nadie se presta oído.

San José esta en un dilema,
¡mas recuerda a Salomón!,
y con gran sabiduría,
pone fin a la cuestión.

Como la hediondez reinante
causa ahogos a María
y de la mula y del buey
el Patriarca desconfía;

y al ver que la pedorrera
al Niño le ha dado fiebre
San José corre a la mula
y al pobre buey del pesebre.

Musita el buey angustiado:
¡Nos ha corrido el judío
y en esta noche inclemente
nos moriremos de frío!

La artera mula comenta:
¿No es excesivo este lío
formado por don José
a partir de un peito mío?

Entonces rezonga el buey
en dolorido mugido:
¡La mula vil se ha peado
y yo he salido jodido!


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