opinión


La Razón / ND

Maduro y Cabello en la hora de los hornos

30 Diciembre, 2012

Con tranquilidad -y pasmosa sangre fría- recibió Nicolás Maduro la primera ofensiva que liderada por Diosdado Cabello le lanzó un grupo de generales del Ejército (el “Grupo de los 8” lo llaman) contra el derecho a la sucesión que le donó el presidente Chávez en su última visita al país.

opinan los foristas

Estrategia que terminó por rendir sus frutos con la invitación que recibió el vicepresidente y canciller para visitar a Chávez en su lecho de enfermo en La Habana el viernes en la tarde, sin duda que para ratificar la sucesión y darle las instrucciones sobre la política a seguir en caso de que haya un rebrote de antimadurismo en la elección de la nueva directiva de la AN el próximo 5 de enero, o si se tratara de desconocer su derecho a sustituir al presidente una vez se vote su ausencia temporal o absoluta 5 días después.

Ante esta eventualidad es evidente que Cabello juega con una carta fuerte, como es aparecer como el más apasionado defensor de los derechos de Fernando VII, cuyo trono no podría ser usurpado, no solo en España sino en Venezuela, y Maduro con el mandato del propio rey que le ordena ocupar el trono, pero no como usurpador, sino sucesor legítimo.

Posturas que condicionan las fases y giros que han ido tomando las estrategias de uno y otro pretendiente, Cabello empeñado en que la toma de posesión del presidente Chávez se aplace indefinidamente para que de lugar a una vacatio legis presidencial que le permita al teniente coronel, y al generalato del Ejército, ocupar progresivamente el poder, y Maduro apresurado en que se declare cualquiera de las “ausencias” para empezar el proceso que lo convierta más temprano que tarde en el presidente constitucional de los venezolanos.

Era difícil que la alta oficialidad del Ejército (pero sobre todo los generales de origen, formación y vocación chavistas, como los del “Grupo de los 8”), aceptara a un presidente que no fueran Chávez o Cabello (el oficial que sirvió por años como bisagra entre Chávez y la FAN) y fue esta ventaja comparativa la que aprovecho el teniente coronel ® y presidente de Asamblea Nacional, para desafiar el “testamento oral” que lo desechaba para la sucesión y se la cedía a un civil.

Por eso, durante dos semanas habló fuerte, no acató las instrucciones que le dio Raúl Castro durante su primer viaje a La Habana para que bajara el tono, y continuó vociferando a su regreso, como si fuera el jefe de un grupo chavista opositor,

Pero todo hasta que Maduro recibió recientemente instrucciones de Cuba para empezar a dirigir sus discursos a la FAN, y en especial al Ejército, y dejar traslucir la idea de que no era el presidente de la AN quien podía eregirse en defensor de sus intereses, sino él, el vicepresidente, canciller y sucesor del presidente Chávez.

Y fue así cómo, la aun “no autenticada” carta de Chávez a la FAN con motivo de la salutación de fin de año, fue leída por Maduro y no por el ministro de la Defensa, Molero, y mucho menos por Cabello, pasando el vicepresidente y canciller a comportarse como el nuevo “comandante en jefe de las FAN”.

Pero hubo más: desde la lectura de la presunta carta de Chávez a la FAN, Maduro ha incorporado el tema de las FAN y el Ejército a su discurso, presentándose como el defensor de sus intereses por instrucciones del presidente, tal se vio en las palabras que pronunció en Margarita con motivo de la toma de posesión del general y exministro de la Defensa, Calos Mata Figueroa, a la gobernación.

Lo cual hace suponer que, no son solo discursos, sino que contactos y reuniones que se vienen realizando entre el representantes del “madurismo” y los militares del Ejército, a fin de limar asperezas y hacer digerible la transición que convertiría a Maduro en el nuevo presidente constitucional de la República.

En cuanto a Cabello, no hay dudas que lleva 48 horas asimilando lo que puede calificarse como la pérdida del primer rounds en su lucha por evitar que el sucesor de Chávez sea un civil y no un militar, un revolucionario imberbe el 4 de febrero del 92 que lo más seguro es que no supiera que existía un venezolano llamado, Hugo Chávez, mientras el teniente coronel, Cabello, salió a arriesgar el pellejo.

Lo que es más, cuya ascensión al trono fue promovida por el liderazgo cubano, los hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes mantienen a distancia a los militares de academia venezolanos y dicen que prefieren verlos fuera, que dentro del Ejército.

Que incluso le han recomendado a Chávez retirarlos progresivamente de la FAN, para darle oportunidad a oficiales de carrera más irregular e identificados con la reserva y la milicia.

Unas 48 horas amargas en las cuales Cabello se ha reducido a desplegarse como el gran defensor de los derechos de Fernando VII, diciendo que “acepta a Maduro por que sería el mejor defensor de la revolución” y que no pierde oportunidad para pedir mano dura contra la oposición que llama “la derecha”, o de oponerse a una Ley de Amnistía que libere a los presos políticos.

En otras palabras, que el propio duro, el mismísimo “más papista que el Papa”, el Stalin tropical que dice recoger el legado de Lenin como su más fiel, discípulo y seguidor, cuando lo que busca es construir el suyo.

Pensamientos, palabras y obras para poner nerviosos al chavismo blando, a la oposición, a todo el país, por cuanto, lo que anuncia es un chavismo sin Chávez desgarrado, fragmentado, en vías de desintegración y que no tendría empacho de recurrir a las armas so pretexto de que son los fundamentalistas de la revolución en lucha contra los infieles.

Y que facilitan, obligan a un diálogo entre Maduro y la oposición, entre los blandos de los dos lados, como ya se siente en declaraciones de factores opositores como Julio Borges, y el largo silencio que desde el comienzo de la crisis guarda, José Vicente Rangel.

Clima de incertidumbre entonces, de sorpresas, confusión, quiebres, ambigüedades y de signos indescifrables que no podrán leerse sino como dijo Maduro: “El próximo 10 de enero”.


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