opinión

La transición en marcha a dos manos (I)

7 Diciembre, 2012

Realmente, la enfermedad de Chávez el Gobierno la ha convertido en un culebrón, y lo utiliza a su conveniencia, de acuerdo con las circunstancias, manteniendo un secretismo y desinformación propia de regímenes dictatoriales y autoritarios. Han hecho de la industria del rumor y del cuchicheo el deporte nacional. No hay nadie que no tenga información sobre lo que sucede. Twitter revienta cada vez que el Presidente se ausenta del país rumbo a Cuba a tratarse. Incluso muchos periodistas y médicos no especialistas en la materia dan partes casi diarios citando fuentes directas, de “altísima credibilidad”, que no pueden revelar, por razones obvias.

opinan los foristas

En mi columna de este diario (“Lula, Chávez y la sucesión”) del 26 de octubre pasado, me hice eco de unas declaraciones del ex presidente brasileño en Buenos Aires, que me llamaron profundamente la atención, en las cuales decía, textualmente, que Chávez debería empezar a preparar la sucesión. Esto sonaba muy raro a mis oídos, pues Chávez había sido reelegido apenas días atrás.

Ahora bien, con este repentino y oculto (sin fotografías ni videos) nuevo viaje a la isla de Fidel, para someterse a un tratamiento de “oxigenación hiperbárica”, amén de su largo silencio y escasísimas apariciones en cadena nacional, los rumores sobre el estado crítico de su salud ­así altos personeros oficialistas se hayan empeñado en minimizar­ se han acrecentado, con toda razón.

Y la verdad es que no es para menos.

Vistas las cosas así, el tema en cuestión, entonces, no es la grave enfermedad, sino el de su permanencia en el poder.

Ya parece una realidad que el relevo en el chavismo está en marcha. Y hasta se habla, con soltura y desparpajo, en los círculos mejor informados del PSUV.

Se barajan nombres, entre ellos, el que más está sonando (no se sabe si para descalificarlo de antemano) es el de Diosdado Cabello que, por cierto, no es, precisamente, del agrado del líder de la revolución.

Sus vínculos con los hermanos Castro no son del todo fuertes.

Es más, nunca ha ido a rendir culto y pleitesía a La Habana.

Pero si ocurriere algún desenlace antes de la toma de posesión, el venidero 10 de enero, le correspondería, como presidente de la Asamblea Nacional, asumir, transitoriamente, de acuerdo con lo pautado en la Constitución Nacional, la Presidencia de la República. Si algo ocurriere una vez juramentado el Presidente, entonces la responsabilidad recaería sobre el vicepresidente de la República. En ambos casos habría que realizar elecciones dentro de los siguientes 30 días.

En esta última circunstancia, entra en juego el nombre de Nicolás Maduro, actual vicepresidente. En estricto sensu, estos dos serían los llamados por el destino a jurar como presidente encargado, más nadie. En teoría no habría mayores obstáculos, ya que la carta magna es clara, no deja lugar a dudas. La complicación se presenta en razón al término constitucional establecido para realizar la nueva elección. Es demasiado corto y, por lo tanto, casi imposible de cumplir desde el punto de vista técnico y político.

Lo anterior obligaría a iniciar un ciclo de negociaciones (puentes) con los sectores opositores, a los efectos de lograr una transición sin violencia, ordenada y concertada, nada fácil. Ya se sabe que en la MUD varios partidos políticos tienen posiciones muy distintas en cuanto a cómo afrontar esta situación. Conversaciones van y vienen. Quizás por eso es que, entre otras cosas, el Gobierno deja colar la posibilidad de una amnistía para algunos presos y exiliados políticos. Una distensión en un país polarizado.

Veremos…

@freddyjlepage

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