opinión

La justicia del Chivo

4 Diciembre, 2012

Si algo sabe este gobierno es tragarse a la gente; como lo están haciendo con la jueza Afiuni en este momento. Desde que hizo su revelación, con respecto a su crimen, esta dama ha sido sometida al más vil escarnio público, que persona alguna haya podido sufrir, por la red de medios oficialistas. Aparte de la forma como se pelotean su caso una y otra funcionaria, que tienen que ver con el área penal venezolana, mientras se pican el ojo por detrás de los abogados de la jueza Afiuni.

opinan los foristas

Por lo demás, este nuevo escándalo que salpica en estos días en nuestra opinión pública, les ha caído como presa a los respondones, que tienen programas de carácter bufonesco en dichos medios oficialistas; pues ya la figura de Capriles se les había agotado. ¡Todo un programa dedicado a la jueza Afiuni por Venezolana de Televisión con un panel de personalidades de la mayor credibilidad del mundo! Allí se patentizaba con pruebas y testigos las condiciones de privilegio en las que, supuestamente, pagaba condena esta señora; cuando siempre se denunció las precarias condiciones a las que fue reducida, por obra y gracia del mandamás de este país; encolerizado como andaba por una cuenta pendiente con un sujeto de nombre Eligio Cedeño, que era de donde había derivado esta situación, relacionada con un familiar muy cercano a él: una desilusión amorosa, que es lo que se dice que hay detrás de todo esto.

No es una presa política, como el resto de las personas que Chávez ha mandado a la cárcel; se trata de una presa pasional: su reclusión es el desenlace de una venganza amorosa; aunque en el trasfondo subyace el caso de un delito cambiario, y que es lo que le da carácter de aberración al régimen que nos gobierna, si tomamos en cuenta que la justicia se vuelve tribal; asunto de una tribu; el mandamás está herido, porque le han apuñaleado el corazón a un familiar muy cercano, y esto porque el horizonte de Chávez no va más allá de Sabaneta de Barinas. Ya nosotros sabemos como se llamaba la abuela de Chávez, todo lo relativo a Mai Santa, sus famosas aventuras como vendedor de arañas de coco, que lo ponía a vender su abuela

Pero, además, detrás de la apelación a un caso de delito cambiario, que es por lo que va preso Eligio Cedeño, como lo aludía atrás, hay un gran cinismo, si se piensa en la circunstancia en la que se mueve hoy en día la política cambiaria de este gobierno, donde los actores que pululan en ese mundo no gozan de la mejor reputación, tanto que se habla de una mafia de especulación cambiaria, que corre por debajo del escritorio de Nelson Merentes, presidente del BCV. Cabe preguntarse: ¿por qué va preso Eligio Cedeño por un delito cambiario, y a esta gente, aun cuando llueven las denuncias sobre delitos del mismo calibre que se le atribuyen, ni se le investiga?

En su psicosis delirante, Chávez apela a la figura del Libertador:

-Esto que ha hecho la jueza Afiuni es delito de traición a la patria. Merece la pena capital. Bolívar una madrugada, que rondaba por el campamento, se encontró con un soldado que tenía encendida una fogata. Le preguntó que por qué hacía eso. El soldado le respondió que le escribía una carta a su madre. Pues bien, fue la respuesta de Bolívar, dígale ahí mismo que por tener una fogata encendida, escribiéndole a usted, hoy mismo me van a pasar por las armas.

¿No es en sí mismo un absurdo confundir la justicia en tiempos de guerra y la justicia en tiempos de paz? Además, no darle pena a este hombre que por esta vía se sepa que toda esta tragicomedia tiene su génesis en un despecho de un familiar cercano a él, y que ha tenido eco hasta en mensajes que a uno le llegan por Internet. La utilización de la justicia para el cobro de dicho despecho; un asunto personal, que sólo se resuelve entre familia, trasciende, y se vuelve un problema nacional, y por este hecho ruedan cabezas: el impostor, Eligio Cedeño; su cómplice, Gustavo Arráiz, y quien lo libera la jueza Afiuni. Pero nuestro teniente coronel lo vuelve un asunto metafísico, por aquello del culto a Bolívar, y así aparece la figura del “padre de la patria”, para justificar su proceder.

Aparte de que es dable preguntarse por la razón por la cual la jueza Afiuni inventa semejante patraña. ¿Qué gana una persona con denunciar que ha sido violada? ¿Provocar más lástima? Incluso, aquí va lo mismo con mi colega Olivares: ¿qué gana el periodista Olivares con hacerse eco de esta denuncia? Luego, hay una Defensora del Pueblo que ni la hipocresía, esto es, la forma, la guarda. Por el contrario, lo que ha hecho es caerle a palos en forma inmisericorde, como el resto de respondones de la red de medios oficiales; pues si de algo carece esta gente es de espíritu misericordioso, aun cuando se confiesan cristianos muy devotos: por poco Chávez, a propósito de su famosa sentencia, no formula, como se decía a comienzos del siglo XX en Venezuela, con respecto a la cárcel de la Rotunda, donde había un calabozo que llamaban “el tigrito”, que era donde metían a los enemigos más encarnizados del régimen:

-Y me la meten allí.

No es que estamos frente a la politización de la justicia, como se acostumbra decir, y el caso más patético de esta forma de manipulación del poder, lo constituiría el de Carlos Andrés Pérez, como ya comienza a ser reconocido, y el cual lo traemos a colación, puesto que con dicho caso se inicia ya la etapa de deterioro institucional, y cuya solución pensó en su momento la ciudadanía que estaba en manos de Chávez, con motivo de su verbo incendiario; etapa que estamos viendo hoy en día marcada por la chivatería de la justicia, como dirían nuestros abuelos por aquello de los chivatos. Significa, la justicia del mandamás de este país.

melendezo.enrique@yahoo.com

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