opinión


El Nacional / ND

La enfermedad como estrategia política

16 Diciembre, 2012

Que el Presidente no está enfermo. Que todo forma parte de una vil patraña electoral. Eso es lo que aún sostienen, ya sea en Twitter, ya en voz alta, muchos venezolanos obviamente de oposición. No les basta la evidencia de sus frecuentes desapariciones ni los dramáticos mensajes del nuevo equipo de alto gobierno. “Ya lo verán ­dicen­ aparecerá el domingo, curado por un milagro, llamando a votar por los suyos”.

opinan los foristas

Es exactamente lo mismo que, por razones inversas, sostuvieron durante largo tiempo muchos voceros oficiales. Que el Jefe no estaba enfermo. Que todo era una vil patraña del imperio. Un montaje mediático más de los tantos que suele hacer la canalla de la oposición. Que estaba más sano que nunca y que a Cuba viajaba con frecuencia sólo para escuchar consejos de Fidel.

Hasta que la avalancha de rumores, muchos de ellos documentados con precisión, se convirtió en noticia de agencias internacionales y clima de opinión que dificultaba la gobernabilidad. Entonces el Presidente se vio obligado a reconocer públicamente la enfermedad, a aceptar que era cáncer, y que lo trataba en Cuba.

Desautorizaba de esa manera y dejaba en evidencia de inocentes desinformados a los miembros de su equipo.

Entonces comenzó otra historia. Del secretismo, que tanta confusión ha generado en ambos frentes, se pasó a una nueva etapa en el manejo público de la enfermedad. Se acercaban las elecciones presidenciales y el Jefe y su proyecto tenían mucho que perder. Es cierto que para ese momento el hombre enfermo ya se había convertido en el segundo venezolano que por más tiempo continuo ha permanecido en el poder. Catorce años. Superado sólo por el dictador Gómez. Pero como lo previsto era permanecer en Miraflores hasta 2030, quedaba aún mucho camino por andar. Aun con la enfermedad a cuestas había que ganar las elecciones y sólo un candidato, él mismo, era garantía de triunfo. Y el Presidente asumió la inmolación.

Fue cuando se introdujo como estrategia de opinión la variable mágico-religiosa en clave de melodrama tan enraizada en el imaginario nacional. Por obra de la comunicación estratégica, de factor de debilidad, la enfermedad se hizo instrumento de fuerza electoral. Ya que era un hecho público, en vez de evadirla había que colocarla en el núcleo de la campaña, reforzando así la conexión afectiva del líder carismático con su base de apoyo.

La curación del Presidente se convirtió en cruzada nacional. Darle amor al líder fue la consigna sanadora. El proyecto político podía esperar. Cual peregrino místico, el enfermo se retrató arrodillado, rogándoles por su curación, con crucifijo en la mano y lágrimas en los ojos, a las más populares figuras del cielo venezolano: José Gregorio, el Santo Cristo de La Grita, la virgen de Coromoto. Y el plan fluyó con éxito. Comenzó a subir en las encuestas, el suyo se convirtió en el corazón de la campaña, y el propio candidato llegó a predicar que no se estaba votando por la calidad de una obra de gobierno sino por su persona. El milagro había ocurrido.

Pero no era cierto. Todo parece demostrar que en la noticia de la recaída y nueva intervención no hay teatro. Que el Presidente podría no estar en condiciones de asumir el nuevo período para el que fue elegido. Así, la mesa está servida para una nueva estrategia de opinión que ya se empieza a visibilizar. El ministro de Información le pide a la población que tratemos la enfermedad como “la de un padre enfermo”. No como la de un presidente democrático, como autoridad pública y jefe de Estado sometido a la saludable alternancia. No. Como a un padre, dice. ¿Un “padrecito” como Stalin o un padre de la patria como Bolívar? Todo huele a nueva religión y nos hace recordar aquella novela de Tomás Eloy Martínez sobre Eva Perón escrita en clave de santidad.

Si siembras desinformación cosechas suspicacias.

hernandezmontenegro@cantv.net

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