opinión

Alexander Cambero

La conspiración del ataúd

19 Diciembre, 2012

La conspiración en las filas revolucionarias está en marcha. Un hombre visiblemente disminuido y con serios quebrantos de salud, aterrizó en Maiquetía con el firme propósito de poner en su sitio a todos aquellos que esperan que sus dificultades terminen de apartarlo de la primera magistratura. Escogió llegar de madrugada cuando la oscuridad le impide a la luz tomar aposento en aquellos lugares que ensancha con la claridad de sus dominios. Nocturnidad fría con la lejanía de muchos que se abrigan entre sueños inenarrables de querer estar en las mieles del poder. Soledad decembrina que describe una parábola donde los peores deseos se mascullan entre adhesiones fingidas o impuestas por el botín que disfrutan desde hace catorce años.

opinan los foristas

Horas después, una opaca cadena nacional para hablarnos acerca del drama de su enfermedad y elegir- tal como lo dijimos en un artículo de opinión- a Nicolás Maduro como su sucesor. Un trance difícil de asumir para alguien que se creyó miembro del selecto grupo de los inmortales. Es la triste realidad de aquellos que creen que su destino es convertirse en sustituto de Dios.

Las solidaridades terminan cuando se asoman los intereses como opíparo manjar en los mesones del rey. En medio de las interioridades del gobierno la lucha sucesoral es a muerte, son bandos que se odian y que apelan a los peores recursos que conozca el género humano. Ellos cuentan con los mecanismos para actuar a sus anchas. Hugo Chávez sabe lo que son capaces estos energúmenos que ya insinúan que el actual mandatario es un estorbo para sus intereses y que la contingencia de la enfermedad es un aliado que sirve de portaestandarte para conquistar el ansiado solio presidencial. No hay descanso para afilar los cuchillos que sueñan con rebanar adversarios que se visten con el mismo color y hasta gritan las mismas consignas. Las agallas se inflaron como mamut prehistórico para dar el golpe definitivo sin importar que un líder se debata entre el cáncer y la deslealtad tan mortífera como el persistente carcinoma. El presidente entiende que la más grande de las traiciones se fragua en sus entrañas. Que no es el imperialismo norteamericano y mucho menos la oposición quienes están reuniéndose para buscar el mejor momento para dar el zarpazo definitivo. Son sus propios compañeros desbocados en la búsqueda de la silla presidencial. Estos se han dejado de posiciones cómodas para iniciar una cruzada en pos de sus intereses. Esa felonía carcome más que un cáncer agresivo como el que padece el presidente, son las consecuencias que trae consigo el poder como instrumento para hacerse mayor corrupto cada día.

Más de uno piensa en pomposas exequias. Un acabado ataúd con graciosos ángeles revoloteando en la fina madera griega. Flores de diversas partes del mundo llenando el inmenso salón imaginario en donde cada personaje se muestra como el único heredero del ungido, en tránsito hasta las recalentadas pailas del infierno. Música sacra para inundar el ambiente en donde las lágrimas son de un cocodrilo de cuarenta metros de llantos de embuste. Envueltos en negro deslumbrante para ganar adeptos entre la masa que no les cree a ninguno. Los principales compañeros de Hugo Chávez sueñan con estas cosas. Un hombre batalla por su vida en territorio extranjero, en este mundo de trapisondas todos son sospechosos.

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