opinión

Indignachera con arregnación

2 Diciembre, 2012

TRES ACLARATORIAS PREVIAS; 1. Voté por Capriles y si estuviera inscrito en Miranda votaría por Capriles el próximo 16 de diciembre. HCR es un Demócrata y un hombre respetuoso, capaz y eficiente, todo lo contrario de Chávez (quien no pasa de ser presidente del PSUV) y de cualquiera de sus íncubos, como el ex encapuchado Jaua, a quien el prepotente dedo del megalómano al servicio del proyecto estalinista, designó como candidato a la Gobernación de Miranda. Como ejerzo mi derecho electoral en Lara votaré por Henry Falcón, por razones similares a las que respaldan mi apoyo a Capriles. Nunca he sido abstencionista y los principios en que baso esa conducta cívica, están hoy más justificados. La abstención ha sido y sigue siendo uno de los mecanismos que la extrema izquierda siempre ha intentado promover, hoy más que antes, y esa sola razón debería bastar para cumplir nuestros deberes, a pesar de los múltiples elementos de la colosal estafa que perpetran desde las Instituciones controladas por el régimen.

opinan los foristas

2. En dos anteriores artículos* argumenté profusamente en torno a los dos factores que más iban a pesar en el proceso electoral presidencial del 7 de octubre: Las evidencias de la gradual y sostenida disminución del respaldo al chavismo, que ha sido MINORÍA desde el 2007 (“Encuestas chimbas contra realidad conocida” 26/08/2012), y la perversa utilización de los recursos del Estado para reforzar el proyecto clientelista y populista, dirigido a captar engañosamente a los sectores más necesitados y con escaso grado de ciudadanía (“El target y el país paralelo de Chávez” 04/10/2012), siendo ambos escritos imprescindible complemento del presente artículo. En ellos argumento sobre lo tratado en este artículo. (*Portales: Noticiero Digital y Analítica).

3. Nunca he sido ni simpatizante ni militante en partido alguno, y fui opositor a los gobiernos de COPEI y de AD, en términos de adversario democrático, cuestionador de fallas y omisiones (sin incurrir en los extremismos bobos de quienes lanzan piedras, o queman cauchos y vehículos, ni mucho menos en los extremismos criminales de quienes organizan injustificadas guerrillas y luego pretenden que los consideren víctimas y héroes). De modo que no soy “viudo” del pasado, ni he sido favorecido por el presente régimen, al que adverso -democráticamente- desde sus inicios. Establezco esos parámetros, porque esta franquicia de la dictadura cubana produce al por mayor las descalificaciones superficiales, y la mitad de ellas se basan en los nexos que existieron entre quien cuestiona y los gobiernos, tanto los anteriores verdiblancos, como los anteriores, ya van tres, rojos rojitos (el mismo musiú y el mismo cachimbo, ¡ 14 años !).

No publico desde el 4 de octubre, he estado muy ocupado haciendo por fin las tareas que he venido posponiendo por meses y, lo confieso, tampoco me sentía con ganas de escribir luego de esos resultados que daban la victoria y la permanencia por seis años más, al peor gobierno que ha debido sufrir Venezuela desde la dictadura de Juan Vicente Gómez, afortunadamente muerto en diciembre de 1935 (desde entonces el país ha caminado como se solía llevar las urnas a la salida de los velorios, dos pasitos adelante y un pasito hacia atrás, aunque desde 1999 son dos para atrás y uno adelante, con estos primitivos del siglo 21 que nos desgobiernan). Una mezcla de Indignachera con Arregnación me aleja del teclado, desde que “descubrimos” que a ocho millones y medio de votantes les encanta que la Inseguridad asesine 19.000 personas cada año, que la Inflación se ubique por encima del 28% anual, que no tengamos poderes independientes y funcionemos más como una monarquía, en torno a los caprichos y ocurrencias del dogmático analfabeto funcional que nos enviaron desde La Habana. Compensa saber que no estamos solos, que somos seis millones y medio de venezolanos responsables, que se esmeran por recuperar la Democracia, que no andan a la espera de una lavadora, un pago en efectivo, o una promesa del Kino demagógico de quienes compran votos con los dineros que le niegan a los Hospitales y Escuelas, a los Gobernadores y Alcaldes opositores, a las Universidades autónomas, a los Servicios.

Por último, sobre ciertas reacciones por los rumores o denuncias de Fraude, me permito recordarles dos cositas; Nadie acusa de Fraude al candidato o los dirigentes de la Oposición, que en algunos casos la emprenden con demasiado ahínco en contra de los que perciben que algo raro ocurrió la noche del 7 de octubre, pues el peor candidato ganó, a pesar de que debía acarrear en cientos o miles de autobuses a sus presuntos “simpatizantes” a los actos de campaña (y el acarreo prosiguió a finales de la tarde del proceso electoral, transformando un acto cívico, que debe ser Voluntario, en un acto mafioso que hiede a extorsión, a chantaje, a prepotencia, a imposición). Tampoco se denuncia una estafa chimba, a la vista de todos, torpe y evidente. El Pentágono y algunas empresas muy poderosas han sido intervenidas en sus programas y sistemas, individuos o grupos del sector llamado de los Hackers han irrumpido ilegalmente en los cerebros computarizados donde esas entidades guardan su información más valiosa, generando alteraciones con el fin de causar daños al funcionamiento tanto de la Banca como del Pentágono (la casa matriz de la estructura militar de los EEUU, la primera potencia del planeta), o para lucrarse con los dineros ajenos, trasladándolos a otras cuentas y otros destinos. La mayor diferencia estriba en que para modificar programas informáticos del Pentágono o la Banca, deben vencer los obstáculos que el Gobierno y las respectivas Gerencias colocan en sus respectivos sistemas computarizados para impedir que sean intervenidos por terceros. En cambio en Venezuela lo que se sospecha es que las intervenciones y alteraciones de programas y resultados pueden estar ocurriendo con el conocimiento, la participación y el apoyo de las altas esferas del poder, beneficiarias de la adulteración invisible de los procesos electorales basados en máquinas, que funcionan por instrucciones muy precisas, que pueden incluir dos formas de realizar su tarea, la aparente y la subrepticia, ya que son programadas por personas comprometidas con un proyecto grupal, en un país sin poderes independientes, y con severa dependencia -en ideología y praxis- de la maquinaria castrista.

Los Nazis tuvieron a “Enigma”, un avanzado equipo para encriptar todas sus comunicaciones, y durante años los Aliados sufrieron la superioridad alemana en ese campo. Hasta que lograron descifrar el esquema esencial de Enigma, y a partir de allí se acabó la superioridad de los nazis, los aliados fueron dominando cada vez más todos los espacios de la guerra, y al final derrotaron el proyecto expansivo, criminal, alienante, inescrupuloso, intolerante y francamente retardatario, liderado por esa élite de orates conformada por Hitler, Himler, Goebbels, Goering, Hess. Es cuestión de perseverancia y de mantenerse dentro del marco de los principios, la ética, la norma democrática. Los aliados no dejaban de enfrentar a la poderosa maquinaria nazi, incluída Enigma, nunca pidieron una tregua hasta que descubrieran el secreto de su casi perfecta codificación. La Humanidad y la Civilización vencieron. Los demócratas somos parte de ese binomio.-

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