opinión

Carlos E. Aguilera A.

El país se cae a pedazos

8 Diciembre, 2012

La frase -que es una verdad- sintetiza la angustia, temor y desesperanza, ante la falta de honestidad, sabiduría, liderazgo y visión para conducir al país, al que es urgente apuntalarlo previo a la reconstrucción democrática que nos permita una renovación completa, para avanzar hacia el futuro en paz, con seguridad y justicia.

opinan los foristas

Si la paz es el respeto al derecho ajeno, la mejor respuesta a la actual crisis que afecta al país, que es de carácter estructural y se expresa en lo político, económico, ético y en su institucionalidad, sería una cruzada nacional para apoyar el diálogo, porque en las confrontaciones puede haber riqueza interna, diferencia de opiniones, pero hace falta escenarios de consenso que nos ayuden a encontrar un acuerdo de gobernabilidad, que garantice a nuestro pueblo una vida digna y el complemento integral de sus derechos.

Cuando los pueblos se domestican y callan, los mediocres alzan la voz para imponernos el estrecho horizonte de su experiencia que constituye el límite forzoso de su mente, desconociendo que en la escala de la inteligencia humana hay valores como la moral y la dignidad, que no aceptan tibiamente una mentira ajena, ni la razón a la fuerza, sino la fuerza de la razón.

Existen horas y momentos en que los ideales de un pueblo tienen que ser expuestos, reclamados, exigidos, no ahogados por su indiferencia. Por eso es necesario unirnos en una cruzada cívica nacional que apoye la capacidad de concertar, dialogar, consensuar, deponiendo actitudes, intereses, cediendo mutuamente y “enterrando las hachas de guerra”, porque se sabe que con la reflexión crece la valentía y gana la patria.

El país está estancado, lo sabemos todos, por eso no hay que echar llave a nuestra dignidad, ni renunciar a vivir antes que gritar la verdad frente al error, porque no tiene sentido una vida sin alma, sin valores, sin esperanza. Si la paz es un regalo divino para los que la aman, hagamos de la paz el puente que nos permita superar los conflictos por medio de métodos no violentos, como la protesta pacífica, el diálogo, la negociación, pero con calma, serenidad y firmeza.

Es entonces cuando pareciera necesario aplicar la teoría de Rawls, acerca de la desobediencia civil, la cual su autor describe en un escenario por el construido: “una sociedad casi justa, una sociedad bien ordenada en su mayor parte, pero en la que, no obstante, ocurren violaciones graves de la justicia”.

Rawls sostiene que un estado próximo a la justicia requiere un régimen democrático, en el que los ciudadanos que reconocen la legitimidad de la Constitución, confrontan un conflicto de deberes, entre la obligación de obedecer las leyes o actos ejecutivos programados o aceptados por una mayoría legislativa y el deber de oponerse a la injusticia. Por ello su autor define la desobediencia civil de la siguiente manera: “es un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno”.

La desobediencia civil expuesta por Rawls se mantiene dentro de los límites de la fidelidad a la ley, acepta las consecuencias de la acción y respeta el ordenamiento jurídico existente. Por esta razón, la desobediencia civil es un deber más que un derecho, ya que se actúa porque se considera violado un principio.

Una jornada cívica nacional como la del día 16 de diciembre, en la que los venezolanos elegiremos nuestros gobernadores, hará posible que podamos expresar el amor a sí mismo, a nuestros padres, hijos, y a la madre Patria, todo lo cual es preferible al silencio e inercia que hizo mella en estos últimos años en nuestra propia existencia.

Carlos Aguilera es periodista CNP-122

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