opinión


El Nacional / ND

El circo verde

2 Diciembre, 2012

Avanzan y retroceden una y otra vez el video del avión chino que se viene a tierra, en Caracas, en pleno desfile celebratorio del golpe de Estado del 27 de noviembre de 1992. Tratan de refrenar las carcajadas que les produce la impericia militar de unas fuerzas armadas supuestamente preparadas para derrotar a los marines que, de acuerdo con las alucinaciones del Jefe Único, un viernes por la tarde bajarán a impedir el avance de la gloriosa revolución bolivariana.

opinan los foristas

Es que los militares venezolanos de esta era chavista, más que a MacArthur o De Gaulle, recuerdan a Abbott y Costello.

O a Gaby, Fofó y Miliki. Porque son expertos en escenas cómicas. Es verdad que también en las trágicas, como aquella del asesinato a mansalva del portero de VTV que se le atribuye al jefe político Jesse Chacón.

Pero en las cómicas es donde son más talentosos.

Cómico, en medio de la tragedia que representaba, fue el incidente de la tanqueta que se les fue en retroceso después del intento frustrado de derribar las rejas de la entrada al Palacio de Miraflores. Cómica fue la actitud de los insurrectos que, luego de pedirles a los uniformados de la Disip de Los Chaguaramos que se rindieran, huyeron despavoridos una vez que estos les respondieron con ráfagas de ametralladoras.

Cómicas, inmensamente cómicas, son las escenas de los jefes militares que en los pomposos desfiles de Los Próceres tratan de agradar al comandante en jefe con discursos zalameros que parecen más loas de amor que palabras castrenses de una importante institución creada para la defensa de la nación entera y no para el culto a la personalidad de un hombre.

Cómico, o mejor tragicómico, fue el golpe de Estado del 27 de noviembre cuando los pilotos golpistas de la Fuerza Aérea protagonizaron juegos de guerra en el cielo de Caracas y bombardearon de manera miserable e innecesaria la misma escuela en donde habían sido formados. Y cómica, la más cómica de todas las escenas castrenses de la era roja, ha sido la caída de un avión chino ­y luego del helicóptero que fue a rescatarlo­ en pleno desfile de celebración a un mismo tiempo del Día de la Aviación y de los veinte años que han transcurrido desde el segundo, e igual fallido, golpe de Estado de 1992.

A veces el azar pone las cosas en su lugar. Las caídas del avión y del helicóptero son una gran metáfora de la degradación de la institución militar. Si el golpe del 4 de febrero fue nefasto, porque devolvió a Venezuela a una era en la que las armas y no los votos decidían quiénes serían nuestros gobernantes, el del 27 de noviembre fue vergonzoso, porque convirtió en ópera bufa, comiquita barata, juguete cruel, banalidad suprema, el papel de la Fuerza Armada en la vida de una nación democrática.

José Ignacio Cabrujas, nuestro dramaturgo mayor, ya los había descrito a propósito del golpe del 4 de febrero de 1992: “Un cuartelazo me parecerá siempre una mala noticia. No es lo que quiero para los míos.

Un golpe militar para un país donde cien años de historia han sido resueltos a cachuchazos, continúa siendo nuestra mayor amenaza”.

Pero luego, cuando ocurrió el golpe del 27-N, escribió un texto a propósito del gordo desaliñado de la franela rosada que apareció como guardaespaldas de los militares en televisión, en el cual, sin saberlo, nos estaba leyendo el libro del futuro venezolano. Cabrujas escribió: “El vestuario fue el antecesor de una retórica revolucionaria literalmente sacada del frigorífico donde por casualidad no se habla de zafra (sic), o `Patria o muerteTM’ (sic), o `Hasta la victoria siempre’ (sic), emblemas de uso de los años sesenta convertida, treinta años después, en visión idí lica e irresponsable de un pueblo al que se le convocaba a la muerte armado de botellas rotas”.

“El mundo ­concluía nuestro autor­ es una crueldad infranqueable, un pupú real y cada vez que alguien decide salvarlo, el asunto termina en un desastre o en un mono encaramado en el poder”. Transcurría el año 1992 y los militares todaví a estaban en los cuarteles, presos en Yare o protegidos por Montesinos en Perú. Todavía nos daban risa.

hernandezmontenegro@cantv.net

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