opinión

Diosdado no cree en san Nicolás

21 Diciembre, 2012

En la guerra roja por el poder del señor Chávez, la procesión no va por dentro sino bastante a la vista. Y a pesar de algunos esfuerzos para reflejar lo contrario, es comprensible que la lucha sucesoral sea sin cuartel.

opinan los foristas

Y es que siendo el jefe máximo el único denominador común del ensamble oficialista, la perspectiva de su falta absoluta tiende a descoser el precario tejido de la unidad bolivarista.

Deben ser variadas sus corrientes, tendencias, grupos y tribus. Pero se suele señalar que a la hora de las chiquiticas estaría, por un lado, el sector más militarista y, por otro, el más “radicalista”, para no identificarlo impropiamente como civilista.

Ungido Maduro por Chávez, el otrora ungido, Diosdado Cabello, no se ha quedado en paz. No pierde ocasión para buscar protagonismo en los medios y para dar a entender que, además de Maduro, hay otra realidad no menos madura en la “revolución”: él, no faltaba más.

Desde su plataforma en la presidencia de la Asamblea, compite con la Vicepresidencia en la proyección del poder interinario, y hasta se presenta como oráculo constitucional para amoldar la carta magna al tratamiento del paciente cubano.

De allí que la esperada fecha del 10 de enero ya no esté siendo tan importante como la del 5 de enero. Aquélla es la fijada por el artículo 231 de la Constitución de 1999 para la toma de posesión presidencial; ésta es la acostumbrada para el inicio del período de sesiones de la Asamblea y para la elección de su directiva y en particular de su presidente.

En cuanto al 10 de enero, pasará lo que le convenga al señor Chávez, y “nuestra Sala Constitucional” –como dice Maduro—avalará lo que sea menester. Así se bate el cobre en la satrapía imperante, y ahora, con más razón, no van a cambiar de proceder.

Pero en cuanto al 5 de enero, existe cierta expectativa sobre el destino de Cabello. Se supone que Maduro preferiría a alguien que le inspire menos desconfianza, pero Cabello también tiene sus fichas, sobre todo verdeoliva, y tales factores deberán pesar en la decisión definitiva.

Un medio tan bien informado como el semanario Quinto Día acaba se señalar que, hasta ahora, Cabello repite. Y de ser así, no amainará sino recrudecerá el conflicto sucesorio. Y máxime si tienen que apelar a fórmulas sustitutivas después del 10-E.

Y es muy difícil que sea de otra manera, porque Cabello no querrá perder los 14 años que lleva “cerquita y esperando”, y menos ante un personaje que no le debe merecer mucho respeto que digamos.

Y el otro, Nicolás Maduro, no parece dejarse intimidar y menos ahora que anda subiendo los peldaños que le acercan a la silla miraflorina, y por mandato expreso del propio Chávez.

Lo que no debería ser es que la temática de una eventual sucesión o transición sea materia cuasi-exclusiva de la parcialidad oficial. La oposición política venezolana tiene una clara responsabilidad al respecto, por no hablar de oportunidad si se llegare al escenario de convocatoria comicial.

En todo caso, es obvio que Diosdado no cree en san Nicolás. Pero a éste no le importa mucho. Lo que le importa más es que en Cuba sí crean.

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