opinión

Ciudades paralizadas, vidas perdidas

12 Diciembre, 2012

Por lo general, cuando tratamos el tema de la vialidad y el transporte (desde el punto de vista de la seguridad), lo abordamos en la perspectiva de las condiciones de la infraestructura vial, su señalización, estado de la capa asfáltica, la calidad de los sistemas de iluminación, la vigilancia y asistencia por parte de las autoridades, el tema de las condiciones mecánicas de los vehículos y por supuesto lo relativo a la conducta responsable de cada uno de los conductores, que en definitiva son los que llevan en sus manos (volante o manubrio) su propia vida, la de los que les acompañen y los que involuntariamente estén en los alrededores en caso de accidente.

opinan los foristas


Ahora bien, todas las consideraciones anteriores están vinculadas al desplazamiento, es decir a la movilidad en medios de transporte de personas por los distintos sistemas viales del país y la probabilidad cierta de que bajo condiciones desfavorables (inseguras), se puedan registrar accidentes que expongan a riesgo la integridad física de personas y bienes, llegando inclusive a la pérdida de la vida.

Pues bien hoy quiero traer a la reflexión de todos, la doble tragedia que estamos viviendo los venezolanos como consecuencia de la movilidad y también por la inmovilidad; que paradoja.

Por un lado, cada día son mayores y más cotidianos el número de accidentes y víctimas que a diario se registran alrededor del país relacionados con vehículos privados, de transporte público, vehículos de carga, motorizados, etc., cuando las condiciones permiten que se desplacen, y por otro lado cuanta vida se está perdiendo en nuestras calles, avenidas y autopistas por la inmovilidad que se ha apoderado de la vialidad urbana, interurbana y hasta rural del país.

Les pido por favor que pensemos en todos esos ciudadanos que requieren de asistencia de emergencia, o de ser trasladados de urgencia a un centro de salud y pierden la vida en la espera.

Cuantas horas de trabajo, de estudio y de recreación perdidas; cuanta vida se nos queda en las interminables trancas, cuantas horas útiles, cuanta pérdidas económicas, cuantos ratos sin poder compartir con seres queridos, cuanta angustia ante la posibilidad de ser víctimas del hampa o por no poder llegar a tiempo a un compromiso adquirido.

Es nuestro derecho y deber exigir una acción urgente de las autoridades nacionales, regionales y locales, por la calidad de vida, por nuestras vidas.

@Angelrangels

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